Olvidada

                Ser minúscula

por imperativo,

                 que te olviden y que les olvides,

esconderse,

tras la bobina de hilo y los retales,

aquellos que te hablaban en la infancia

cuando había paisajes,

lienzo en blanco,

y todo era posible en los escritos.

Dicen que tu vida dejó de ser tuya,

tras la guerra,

y fuiste caballera ausente,

silenciada,

en un mundo de hombres para el hombre,

anecdótica pose de mujer,

de quien es más por lo que no se sabe,

que por lo que está dicho.

Dicen, que tu vida dejó de ser tuya,

pero yo no lo creo,

es imposible acallar este talento,

porque la poesía que nace de los ojos,

no se muere con la vida,

ni sin ella,

y por eso,

es todavía hoy,

en ese hilo fino que tejen los tiempos,

cuando te veo recitar mientras caminas,

y te detienes en los escaparates.

Entonces sonrío,

porque tú como yo sabemos

que el poema que brota de tus labios,

no se silencia ni con la luz del día,

por muchos que sean los retales,

 por mucho hormigón que te lapide.

Hay ablaciones que no son de clítoris,

y son de vida

Hay verdaderas lapidaciones de la historia,

pero esa implacable ejecución

no sabe,

que todavía no se dictó Sentencia

y que estamos aquí para traeros,

en todas las antologías

y en todos los versos.

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Sobrevivir al poema

Sobrevivir al poema

y ser poeta,

ya sea por descuido o ignorancia,

las palabras se pierden en las manos

y tiembla la llanura de sus ojos,

más cerrados que antaño,

más cansados.

 

Sobrevivir al poema

y ser mujer,

que quiere transcenderse entre las puertas,

que aguardan entre versos

nuevas alas,

y quizá, la pregunta más guardada,

la que tarda la vida en olvidarse

de ser siempre trinchera en retaguardia.

 

 

Cuántas flores esperan en la huerta,

la sonrisa que ayer encabalgada

a sus pétalos rojos su mirada.

 

Lo que estuvo fue ayer,

nunca se puede

rebobinar el hilo,

y recoser,

las puntadas, en tela ya gastada.

 

Nunca es lo que ha sido

pero cuánto se es,

cuando nada has sido.