Reflexiones al borde del pijama

  El paracetamol no está en la lista de sustancias prohibidas. Lógico, me diréis, si es un medicamento de común uso, cómo va a estar prohibido. Pues eso, no lo está, y, sí,  es de uso común y generalizado como analgésico, pero hoy he leido que existe una relación- no sé su grado de  comprobación científica- entre el consumo prolongado paracetamol y la falta de empatía, tanto o más como el  tener una situación de poder. No es que el paracetamol nos haga poderosos, no confundamos, es que ambas cosas, el estar demasiado tiempo en un cargo o tomar paracetamol, al parecer, disminuyen la empatía. Lo primero es comprensible. El ego siempre se va alimentando. Lo segundo verdaderamente sorprendente.

    Una noche cualquiera en Madrid, conocí un personaje extraño, en un momento, que ahora, me parece revelador. Yo. como siempre, empeñada en realizar largas caminatas, sin bajar ni un centímetro mis zapatos de tacón, precisé de urgente descanso en medio de una calle. Me apoyé sobre la pared para descansar un poco, mientras mi amiga, pacientemente,  esperaba mi recuperación. Y apareció el, un hombre de unos setenta años de edad, que se dirigió a nosotras, ofreciéndonos  “paracetamol “del bueno, sí, aspirina, paracetamol, quizás un ibuprofeno. Pues he ahí aquel hombre del que pensábamos era un chalado, ahora parece un adelantado a su tiempo.

      “Nene, si quieres ser malo, toma paracetamol”

      Bueno, como a mi me disgustan los malvados, solo me queda pensar que quizás dicho estudio científico no sea tan solvente. Y, de verás, no se que haré si un día me duele la cabeza…Ya miro con desconfianza la caja de paracetamol que hay en mi botiquín. En fin, no sé si pasará de esta noche sin ser arrojado-” sin empatía” a la basura.

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