Nesta lingua, catedral dos sons,
resúltame sinxelo ser sirena,
abandonandome
no mar do teus sentidos,
e percorrer o teu corpo
navegante,
amodo, sentindo, desvestindo a noite
na complicidade das túas caricias
Nesta lingua, catedral dos sons,
resúltame sinxelo ser sirena,
abandonandome
no mar do teus sentidos,
e percorrer o teu corpo
navegante,
amodo, sentindo, desvestindo a noite
na complicidade das túas caricias
No sin poesía,
pudiéramos amarnos al atardecer,
cuando la hierba encuentra su verde insuperable,
y contar las piedras del camino,
buscando cualquier lugar al que llamar casa.
Pudiéramos conversar transformando,
la palabra curiosa, la palabra confusa,
la palabra enredada entre las rosas,
y tal vez, pudiéramos seguir amando,
cuando la noche alcanzase las cortinas,
desmorando los naipes en apuesta
sobre el gris neón de nuestros pasos.
Pudiéramos, sí, pudiéramos amarnos…
pero no sin poesía.
Me duelen las manos
atadas,
en los cordeles de la paciencia.
deteniendo mi ahora,
en reloj durmiente,
y, ya voy,
contando todas las horas,
que me restan,
para conocerte.
¿Por qué no recorremos las esquinas?
y quitamos la mugre de los marcos
en todas nuestras puertas,
para reconocernos en las vetas,
siempre fantasiosas navegantes,
de la profundidad de los destinos.
¿Por qué no salpicamos agua clara
sobre los ventanales de la rima?
Y así nos tropezamos,
adjetivos,en la resurgencia de los nombres.
¿Por qué no retomamos la escalera?
destino a nuestro techo
clamando buena nueva
sobre el techo de sal que, bendecido
recorre nuestra espalda,
sobre esta tarde siempre entre las horas
Volver a ser principio, nube, lienzo,
en el retrato de nuestros momentos.
El amor anuncia tu piel
sanando eczemas,
agua en regadera
sobre las flores de tu cuerpo,
un patio de promesas
sobre el jardín de tu naturaleza.
Me gustaría amarte, en un solo momento
como ama la tarde curiosamente al viento,
suave sobre el rostro en tenue movimiento,
detenidas mis manos, tropezando tus besos.
Dice Victor Hugo que » el remordimiento es la nube roja donde el sol se pone»
Nada es eterno y fue,
toda la vida
desde destierro en sombra pasajera,
errante en los misterios de las lunas
en la pasión callada de la ausencia
imaginante en noches de papel.
Nada es eterno fue,
furia pausada,
en sus brazos amantes,
en las rosas
sedientas de su caliz,
abrazando
la inmensidad del pájaro
y la palabra
invasora de su ropa.
Nada es eterno y fue,
una mañana
que eclipsó su mirada. Ella partió
y todo se hizo noche ensangrentada
¿Puede quizás el fango perdonar la luz?
Puede el agua lavarse en nuestras manos
germinar las montañas, resurgir
cuando nada es eterno, pero fue
toda la vida
Rastrear tu sonrisa,
rebuscando,
la redondeada trufa que se asienta,
entre las raíces ocultas de tu boca
Resulta complicado no mirarte
desde la complicidad de todo anonimato,
levitante, ausente, omnipresente
en la superficie imantada del deseo.
Hay un subsuelo
Indescifrable,
que amarra las ramas
que enraíza
el aire más preciado de este invierno
un detenido aroma que principia
cada mañana
destapando
todos nuestros amaneceres.
Resulta complicado no quererte
mar abierto, oleaje y catarata
sobre el frondoso paisaje de tus ojos.
Cuando me arropas
la luz de tu sonrisa
ilumina el verbo de las horas
conjugando todas mis esperas
una sensación placentera que acompaña
el tránsito del sueño
hacia el universo de tus besos.
Porque no existe ninguna razón,
ni mandato que imponga los motivos,
porque no existe techo a los sonidos
ni firma, ni cláusula, ni pacto,
que me impulse a rodear tus manos
abarcando infinitos.
Porque no te necesito,
Te amo