Eres, sin duda, bella

         Porque para querer, hay que quererse y para odiar, hay que odiarse. Empecemos desde lo nuestro para lo vuestro.

 

 

Eres, sin duda, bella

Cualquiera que sea tu edad

Cualquiera que sea tu peso

Cualquiera que sea el color de tus ojos o tu piel

Por eso yo, te admiro

desde la ventana de mi propio rostro

Por eso yo, te amo

Y amo la serenidad del agua sobre tu pelo

Amo la  cadencia armónica de tus movimientos

en pausa sobre el cuerpo

Amo las velas que te encienden esta tarde

y la luz de tus caricias

Cualquiera que sea tu nombre

Eres, sin duda, bella.

El beso

Brota el verso sobre el agua calma

para que te veas tal y como eres

un tesoro escondido

mi diamante perfecto o imperfecto.

Al fin y al cabo eso no es lo importante

Lo importante es besarte hasta que el nuevo día

disipe las nubes de tu pensamiento

 

Reflexión:

La pureza de una acción es la medida de su adecuación al orden universal

Cuanto más pura es una acción no busca una causa final externa. La causa y fin es ella misma.No es teleológica en este sentido.

Se ama sin un fin. Si hay finalidad no es amor.

Sin embargo, se puede odiar por un fin. Por ello el odio no se adecua al orden universal, lo perturba.

Cuanto más realizamos acciones más puras, mayor energía conservamos.

Cuanta más finalidad buscamos, mayor energía desgastamos.

Uno de los males de esta sociedad es la demanda de atención. El yo no se reafirma sino es en consonancia con lo externo. Eso causa inquietud, no da serenidad y es causa de ansiedad.

 Actuemos, pues.