Encrucijada

Encrucijada en tres, ramas perdidas

no sé por cual seguir, ni qué ruta es la mía

si existe algún sentido para esta partida

si es neutro el devenir o el viento que me guía

 

Al vuelo suenan runas, destino y profecía

espero una señal, la luz de una baliza,

en fin una respuesta aunque sea tardía,

pero ya nada suena como antes solía,

ya no hay notas en re, ni sol en poesía

 

 

Encrucijada en tres, caprichos de la vida

No sé a dónde llegar y anhelo la salida

Abajo. Navegar el fracaso

Techo y suelo. Abajo y arriba.

         A veces nos preguntamos por qué a algunos todo les resulta facil y por qué a otros les resulta tan difícil conseguir hasta lo mínimo.  El tiempo no debe servir para martirizarnos. Hay que persistir. Digo esto, claro está, dejando al lado situaciones de precariedad. Soslayadas dichas necesidades básicas, ¿Qué hay de malo en estar abajo, en algunas ocasiones? Es lo propio de la naturaleza humana. Lo que nos hace grandes es justamente eso, saber estar arriba y abajo. Disfrutar del éxito, pero también navegar el fracaso.

 

No lamento la piedra que  lleva  mi nombre

ni que el destino se antoje  laberinto

encontrado en bucle, desafiante.

Lamento cuando las botas se resisten a enfundar mis pies

y no  me permiten salpicar los charcos

Sobrepasemos este límite

y las ventanas de mañana encontrarán el sol en este invierno.