Viaje interior

             Admiro lo sencillo. Pero, no confundamos, la sencillez, la simplicidad, no la superficialidad. Y cuidado, que muchas veces lo superficial se disfraza de complejo, y sigue siendo un mensaje intrascendente. Las poses, las modas, los desafiantes perfiles, a modo de ritos de iniciación de eternos adolescentes, no nos traen realmente bienestar alguno. No eres tú contra…no eres tú por…Eres tú, y lo que quieras ser a partir de este momento.  Nuestra vida, duela lo que duela, puede llegar a ser más llevadera si aprendemos a admirar lo sencillo. El caliz de la flor, la piedra de la vida…Os invito a un viaje interior.

                    Cierro los ojos y me observo

recostada sobre la arena sin rozarla

en una pequeña levitación de mis sentidos

Siento que mi cuerpo se recoge

entrelazándose en aire

Un ovillo, el círculo de la vida

bendiciendo el calor de mis manos

el espiral de los movimientos

Un  remolino de corriente

en el viaje hacia uno mismo

Respirar, ahuecar las alas, sacudiéndolas

atrapando el oxígeno

Abrir los ojos, serenamente,

sobre un papel en blanco

sellando nuestro nombre

Arropar el  pasado

acunando los sueños de los ancianos

y agradeciendo poder compartir la vida.

 

 

 

Descálzate

Cuando pesa el barro sobre las botas,

descálzate,

siente la rugosidad de la arena,

la humedad de la hierba,

el tacto de la tierra,

sobre tus pies.

Si te aferras a tus viejo calzado,

los lodos acabaran sumergiendo tus alas

impidiéndote volar.

 

Abajo. Navegar el fracaso

Techo y suelo. Abajo y arriba.

         A veces nos preguntamos por qué a algunos todo les resulta facil y por qué a otros les resulta tan difícil conseguir hasta lo mínimo.  El tiempo no debe servir para martirizarnos. Hay que persistir. Digo esto, claro está, dejando al lado situaciones de precariedad. Soslayadas dichas necesidades básicas, ¿Qué hay de malo en estar abajo, en algunas ocasiones? Es lo propio de la naturaleza humana. Lo que nos hace grandes es justamente eso, saber estar arriba y abajo. Disfrutar del éxito, pero también navegar el fracaso.

 

No lamento la piedra que  lleva  mi nombre

ni que el destino se antoje  laberinto

encontrado en bucle, desafiante.

Lamento cuando las botas se resisten a enfundar mis pies

y no  me permiten salpicar los charcos

Sobrepasemos este límite

y las ventanas de mañana encontrarán el sol en este invierno.