Dependencia

Nadie debe complicarse

en buscar claroscuros

permanentes,

cuando el bosque es abierto

y la retina,

nos trae un verde intenso a nuestros ojos.

Respira.

 

Hay un árbol cerca de tu casa,

El día es soleado.

 

 

Comienza a pensarte

desde dentro.

 

Resucita,

tú existías

antes de su gesto manchado

y de sus gritos.

Él, en cambio,

solo existe en ti

porque tú sufres.

 

Si has llegado a leer hasta aquí, te invito, tras este poema mío, a leer uno de Bukowski, pues no puede decirse más sencillo y más claro.

Oh sí

Hay peores cosas que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

 

 

 

 

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Piedras

Tropezar con la piedra

y masticarla,

como en un ritual liberatorio.

Volver a ver la piedra,

digerirla,

maldiciendo la caida reiterada,

destronándote de lides,

pues es humano ser rey de auto-reproches.

Repetir el camino,

y no ver piedras..

Tu cerebro memorizó el abismo

que te abraza, al futuro de sus ojos

Estar arriba y querer volver abajo,

añorar las piedras,

y bañarse

en el sabor agridulce del fracaso.


Visitar las lagunas traicioneras,

el viento de levante,

el acantilado del oeste,

las brumas y las nieblas.

Descender,

 para subir contra-corriente,

nadando en mar abierto y en tormentas

ser torbellino en luz,

tornado sin arena,

remolino,

porque no hay mejor victoria

que saberse sin miedos.

Hubo un tiempo,

en el que se apilaban piedras

para recordar cuán transitoria

es esa imagen

serena de los pastos

y cuán inestimable

es la sabiduría, que nos deja

cada tropiezo,

en la piel de nuestros versos.

Voy a poner una piedra sobre tus hombros

para que puedas ascender montañas,

saltar sobre su cima

y descubirme

en la carta de navegación de tu mirada.