Regresaba

Soñé que era guerrera,

mujer pájaro,

con alas extendidas y ampliadas.

Soñé que visitaba tus infiernos,

para borrar el hilo que nos ata,

y las cadenas del fuego que nos dejan

todas las batallas innombradas.

 

La herida era grieta, lanza hiriente.

el silencio era plomo, innecesario

y no había sutura ni sustento

que pudiera ser aire de poniente,

en corazón extinto y desarmado.

 

Y cuando abrí los ojos

aún soñando,

el cráter del averno supuraba,

de su propio dolor cerró su herida

y para su conversión se hizo paisaje,

una llanura de pastos y zarzales.

 

Y volví a abrir  los ojos,

aún soñando,

todo era cielo abierto y estrellado,

y en un giro suave de astrolabio,

67 pasos hacia el carro,

de una sola lágrima, asomaron

tres estrellas brillantes

y en mi mano

dibujó su cintura el universo

mensajero de viento esperanzado

en esta cálida noche de verano.

 

Bajo el imperio de la luna

soñé que

regresaba.

 

Melancolía

La melancolía es la felicidad de estar triste. Víctor Hugo. 

 

 

Nunca me ha gustado

la palabra melancolía,

esa tristeza lánguida,

un disfraz de debilidad,

casi buscado,

una pose,

que nos condena a la insustancia.

 

La atracción misteriosa

por mostrarse triste,

excita la tiranía de la mente,

percutiendo los sinsabores

hacia un perpetuo retorno,

olvidando,

mirarnos en el presente.

 

Lo que has tenido

no cierra

la puerta

a lo que pueda venir.

 

Dependencia

Nadie debe complicarse

en buscar claroscuros

permanentes,

cuando el bosque es abierto

y la retina,

nos trae un verde intenso a nuestros ojos.

Respira.

 

Hay un árbol cerca de tu casa,

El día es soleado.

 

 

Comienza a pensarte

desde dentro.

 

Resucita,

tú existías

antes de su gesto manchado

y de sus gritos.

Él, en cambio,

solo existe en ti

porque tú sufres.

 

Si has llegado a leer hasta aquí, te invito, tras este poema mío, a leer uno de Bukowski, pues no puede decirse más sencillo y más claro.

Oh sí

Hay peores cosas que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

 

 

 

 

Piedras

Tropezar con la piedra

y masticarla,

como en un ritual liberatorio.

Volver a ver la piedra,

digerirla,

maldiciendo la caida reiterada,

destronándote de lides,

pues es humano ser rey de auto-reproches.

Repetir el camino,

y no ver piedras..

Tu cerebro memorizó el abismo

que te abraza, al futuro de sus ojos

Estar arriba y querer volver abajo,

añorar las piedras,

y bañarse

en el sabor agridulce del fracaso.


Visitar las lagunas traicioneras,

el viento de levante,

el acantilado del oeste,

las brumas y las nieblas.

Descender,

 para subir contra-corriente,

nadando en mar abierto y en tormentas

ser torbellino en luz,

tornado sin arena,

remolino,

porque no hay mejor victoria

que saberse sin miedos.

Hubo un tiempo,

en el que se apilaban piedras

para recordar cuán transitoria

es esa imagen

serena de los pastos

y cuán inestimable

es la sabiduría, que nos deja

cada tropiezo,

en la piel de nuestros versos.

Voy a poner una piedra sobre tus hombros

para que puedas ascender montañas,

saltar sobre su cima

y descubirme

en la carta de navegación de tu mirada.