Entre mis propios dedos

reside la palabra olvidada

Hay veces que estamos perdidos ante los propios ojos,

transeúntes anónimos en un tiempo extraño,

cuando los vestidos del olvido arañan nuestra piel,

sus colores forman vetas sinuosas

y se sobresaltan cada vez que despertamos.

Hay veces que dormimos para no dormir

y el exilio se produce a la mañana,

la desmemoria de las manos,

la rigidez que impide juntar sus dedos

para concretar una nueva primavera.

Por enésima vez, o mil doscientas veces,

los senderos se agrietan

y todos los caminos son desconocidos.

Hay solo una palabra

que puede despertarme y despertarnos,

pero quizá no sea posible pronunciarla.

Sexto sentido

Le llamas y no responde,

tal vez, quizá lo hace,

pero no es quien dice,

miente,

ella no existe,

ella es tu idea,

esa maldita idea

rondándote la cabeza

Una voz,

las voces

que te aturden cuando suena,

cada noche

la celda.