Coróname

Coróname, me dices

como si fuese un hada de cuento

portase una varita mágica

que te tornase en princesa.

Coróname, tú ansías,

para tener un reino de juguetes

y trocito de mar.

Primero, niña mía, has de ser mujer

hija entre tus soles

aprender a naufragar entre oscuridades

y saber que la corona terrenal

no tiene ningún valor

si no la fabrican las estrellas.

Pocas cosas hay aquí que no sean prescindibles

salvo tu esencia propia.

Y esa es la gran corona

la invisible

que se posa sobre tu pelo

cuando abandonas el peso de la tierra

para volver a ella renaciente.

Cuando ello ocurra

niña de tus soles

tu pequeño rostro será el más bello

y tus ojos las rosas más bonitas.

El árbol de tu corazón

será frondoso, y las mariposas

reposarán sobre la fuente

mientras el agua discurre suavemente.

Y entonces no me pedirás que te corone

porque tú sola lo habrás hecho.

La varita mágica la tienes tú.

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