Siempre he tenido la idea de que necesitamos que cada vez más gente sueñe con cosas buenas. Pensar que es posible, quizá nos las acerca. Vendrán caminos oscuros, piedras, traiciones, lugares desérticos, pero una mirada es capaz de cambiar los corazones de todos. Puede parecer infantil, pero a la vez es profundo. Cuando miramos todo con buenos ojos, la realidad cambia. Es más brillante. Diferente.
Un día oí hablar de un maravilloso personaje, capaz de cobrar múltiples formas. Tiene unas manos grandes y un cuerpo muy pequeño. Dicen te visita cuando sueñas despierto para hacer que tu sueño se haga realidad. Muchos piensan que no existe, otros que es un duende, otros un enano y algunos dicen que es un ángel. Yo creo simplemente que es una proyección de nosotros mismos. Esa sabiduría, nuestro anclaje primordial, que llevamos dentro. Sueña, y yo te lo confirmo.
Las ciudades de asfalto son un desierto extraño,
ajeno a las promesas de eternos buenos frutos.
Todo se simplifica, como en una línea ausente
que cuando invade todo distorsiona la imagen
y no nos deja ver la fuente de la plaza,
la sonrisa de un niño jugando en los portales,
ni la palabra amor entre labios amantes.
Pero una vez, os cuento, conocí un personaje
capaz de iluminar las más oscuras cosas.
Confía, me decía, existe una palabra
que abre los palacios y nos conserva libres.
No te quejes de las piedras que haya en tus zapatos,
ni envidies los senderos que le sirven a otros.
Si quieres algo suéñalo, que yo te lo confirmo.
La verdadera magia reside en nuestro interior. Sueña.
Muchas veces hablamos de las reglas del juego de la vida, si se pueden llamar así. Quizá una importante regla es no superponer imágenes. Imaginaros una fotografía que la superponemos y mezclamos con otra, no vemos nada claro. Pues todo funciona igual. La proyección psicológica puede ser negativa (proyectamos nuestros defectos o miedos) o positiva (proyectamos nuestros deseos o las cualidades que buscamos). Que esa proyección sea positiva tampoco quiere decir sea buena, pues si proyectamos en otro cualidades que esperamos y no las que tiene no le miramos tal cual es. Quizá no le estemos amando a él o a ella, sino a una ilusión. Si deseamos algo, tenemos una meta, y añadimos a esa meta imágenes de miedo o nuestras inseguridades, lo que veremos será confuso. Y así resultará complicado encontrar el camino para lograr nuestro propósito. Enfoca. Mira, observa. Vive, simplemente.
Cae la tarde y cierro el ordenador. No se crean que para hacer un gran cambio. Media hora mirando el móvil, las novedades de las redes. Me asaltan anuncios por doquier de nuevos libros. Muchos prometen lo mismo, su lectura me llevará a un universo desconocido, un paquete místico para aprender a vivir y otro fantástico para sumergirme en historias de puertas dimensionales. Entre tanta oferta no sé cuál elegir, cuál sería ese libro esencial para que mi vida se transformase en armonía perpetua. Pero ¿existe? Dejémoslo ahí, en ese objetivo inalcanzable. Su publicidad me cuenta que todos ayudarme a conseguirlo. Confusa por tanta duda, hago “zapping” en YouTube. Me dejo guiar por su publicidad. Ay, amiga, eras tú aquella a la que la vida no le arrollaba. En fin, todos tenemos contradicciones. Abro el primer video que ofrece la plataforma. Es un hombre que asevera contactar con el propio Dios. Su mensaje es claro: Dios dice que seamos buenas personas. No profundiza más, sigue dando vueltas a la misma frase. Buenas personas ya somos casi todos, ¿no?, con algunas equivocaciones, pero, claro, hay que verse en las circunstancias de cada uno. Cierto que algunos de aquellos que no llegan al “casi” son bien detestables. Paso al siguiente video. Ya entramos en algo más complejo, es una clase de Kabbalah, con meditaciones de letras. Intento meditar. Tengo que luchar conmigo misma para no recordar a aquel hombre repitiendo que hay que ser buenas personas. Al fin me centro y cierro los ojos. Irrumpen en mi mente unos rostros con la cruz de San Andrés. Esto es raro, pienso, abro los ojos y cambio de tercio, no se me vaya a ir demasiado la olla. El tercer intento me lleva a algo realmente inquietante. Un individuo está relatando todos los tipos de reptilianos que existen. Les confieso que no tengo ni idea de ese tema. ¿Pero no tenemos todos un ADN similar? Este hombre lo tiene todo muy claro. Comienza a hablar de Egipto. Según dice allí se conocían algunos individuos de dicha maldita genética. Mi cabeza vuelve a irse. Pienso en las pirámides. Una estructura magnífica pero demasiado pesada para volar. Me las imagino de otro modo, capaces de crear una energía que torne su material en flexible y se queden planas, unidimensionales, en un papiro. El hombre explica cómo reconocer a un reptiliano…quizá todos podamos ser reptilianos, solo hace falta una mera composición en nuestra fotografía. Me inquieta ese tema, de verdad, no molaría tener piel de serpiente. La serpiente ¿es prudente o astuta? Madre mía, qué lío tengo en la cabeza. Cierro el móvil, recuerdo que es hora de cenar. Me voy al frigorífico cojo una Estrella Galicia y unas buenas aceitunas. Esto sí es una autoayuda del mejor nivel.