Belleza

Ella camina sobre las densidades,

con sencillo atuendo.

 

Muchas le envidian,

retorciéndose en sal.

Y se sonríen,

altivas,

comparando lo lujoso de sus ropas

frente a su modesto vestido,

los anillos que las engalanan

frente a su sonrisa.

 

Cuán  torpe es la comparación

y  cuán triste

 

Nunca podrán entender

que la belleza

reside

naturalmente salvaje

entre su pelo,

cada vez que ensortija pensamientos.

 

La belleza

es dinámica

Música

Espacio

luz sobre las flores amarillas

que te he de traer cada noche

 

Ni el peso de la ropa,

ni metales sobre la muñeca,

pueden clarear la mirada.

La verdad

La verdad

rota sobre el yeso impreso

La creta de unos ojos

Injuriosos

frente a la indomable presencia del abismo

Nadie crece mintiéndose

 

 

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Cedida gratuitamente por Geralt. Banco de imágenes Pixabay

En positivo

 

Quien bien te quiere,

profesa la libertad de tus caderas,

roturando viento,

es devoto de tus senos

apalabrando dunas

de tus caricias, de tus noches,

del arrebato de tus ojos clavados en los suyos.

 

Quien bien te quiere,

disfruta los días que recoges margaritas,

colocándolas con mimo,

en el jarrón que pintaste con su nombre.

Quien bien te quiere, te ama,

sin importarle el largo de tu falda

pero sí la longitud de tus sentidos.

Quien bien te quiere, te ama

en tus ausencias, tus complejos, tus me gustas,

todas esas veces que tú llegas tarde

y aquellas que él llega pronto.

 

Quien bien te quiere, te ama

sin cadenas

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen. Banco de imágenes Pixabay. Cedida gratuitamente por Ben Kerckx

Videopoesía por mundos flotantes

Si quieres un videopoema dirigido profesionalmente, no lo dudes, decídete por mundos flotantes.

Este es el trabajo realizado para presentar del Premio Leopoldo de Luis 2017 concedido a Gloria Fernández Sánchez

 

 

 

 

 

El sol de primavera

         Un viejo poema oriental recrea ese sentimiento mixto de preocupación y agradecimiento hacia una madre, preguntándose ,algo así cómo la pequeña hierba o, el cesped diminuto, puede pagar al sol la plena primavera. Crecemos gracias a ellas. Son el sol de la primavera. Madres.

              En su memoria, este poema

 

La madre,

al vuelo de los sentimientos,

ordena la ropa

colocando cada prenda,

queriendo retener,

aroma y cuerpo,

un poco de su hijo.

 

Él tiene que partir.

Ella teme

todos los abismos

y ,suspira,

mientras graba en su memoria,

costura a costura,

las mangas de su jersey

y aquella bufanda que le tejió en invierno.

 

La madre,

ese rincón confortable de nosotros,

aurora en la nada,

esa puerta

que siempre se nos abre.

 

Mientras su hijo,

pensativo,

llora en silencio

No teme el hijo al abismo

ni a la crudeza del destino.

Su mayor temor

es no poder un día compensarla

por tanto que le ha dado

 

Quién pudiera arreglar cada primavera

las flores de sus maceteros,

quién pudiera cada noche,

arroparle en silencio,

coronando de nubes,

su pelo,

quién pudiera

abarrotarla de besos,

inundando tus manos de colores.

 

Quién pudiera.

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón.

Imagen. Banco de imágenes Pixabay. Cedida gratuitamente por congerdesing.

Paranoia

Las luces de mi memoria

son cadenas

sobre tu sombra

Fragmentos que   me persiguen,

para desclasificarme.

Ellos   dicen que el DSM- IV

no tiene mi rostro,

que   las caretas

no son intercambiables.

Sin embargo, ahí están

en cada mancha

tus ojos,

siempre tus ojos,

psicoanalizándome

retratándose,

sobre mi espalda.

Silencio,

no puedo contarte,

que te siento

lejos .

 

Momentos

Me gusta cuando,

tanteas mis curvas

sonriendo mis sensaciones,

cuando,

hay claridad en tus ojos

arrebatados en luz,

dulcificados,

peso y aplomo

en la instantánea cuerda de los besos.

Momentos,

esos momentos,

que se quedan pegados,

tan pegados,

como corchea improvisada

en el pentagrama de la vida.

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Pixabay. Cedida gratuitamente por Ljcor

 

Un latido más

 

Para comprender qué esconde la vida

Un latido más es la Poesía

Golpe en el recuerdo, apretando el día

sobre el flanco hiriente de cualquier partida,

rechinar de dientes en melancolía,

todo se retorna, cuando detenida

ves que vuelve todo lo que no vendría

pensando en traer lo que ya tenías

y crees sentir lo que ya sentías

buscando en las olas el rostro del día

un paso al oeste, el sol en cuadrícula

brújula convexa en punto y deriva

un latido más, es la poesía.

No es tiempo del amor

Se marchitan las rosas en tu cuarto,

están siempre cerradas las persianas,

no te levantas porque no tienes ganas,

tus manos ya no esperan,

y una bombilla mortecina parpadea,

no hay luz en el salón.

 

Nada que retratar en la memoria,

retazos de una historia,

desvencijados ojos acallados,

en la mediocridad adoctrinados,

sobre lágrimas presas

de aquel logo que apenas se refleja

en  un pasado mejor.

 

Soplos de instantes, apenas acabados

tiempo en derrota, perdido retirado,

entre la soledad apelmazado

de ese dolor que recibiste a plazos

con pérdida del sol.

 

Se marchitan las rosas de tu cuarto,

no hay flores que comprendan sobresaltos.

No es tiempo del amor.

 

Fotografía. Banco de imágenes Pixabay

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón.

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

  El paracetamol no está en la lista de sustancias prohibidas. Lógico, me diréis, si es un medicamento de común uso, cómo va a estar prohibido. Pues eso, no lo está, y, sí,  es de uso común y generalizado como analgésico, pero hoy he leido que existe una relación- no sé su grado de  comprobación científica- entre el consumo prolongado paracetamol y la falta de empatía, tanto o más como el  tener una situación de poder. No es que el paracetamol nos haga poderosos, no confundamos, es que ambas cosas, el estar demasiado tiempo en un cargo o tomar paracetamol, al parecer, disminuyen la empatía. Lo primero es comprensible. El ego siempre se va alimentando. Lo segundo verdaderamente sorprendente.

    Una noche cualquiera en Madrid, conocí un personaje extraño, en un momento, que ahora, me parece revelador. Yo. como siempre, empeñada en realizar largas caminatas, sin bajar ni un centímetro mis zapatos de tacón, precisé de urgente descanso en medio de una calle. Me apoyé sobre la pared para descansar un poco, mientras mi amiga, pacientemente,  esperaba mi recuperación. Y apareció el, un hombre de unos setenta años de edad, que se dirigió a nosotras, ofreciéndonos  «paracetamol «del bueno, sí, aspirina, paracetamol, quizás un ibuprofeno. Pues he ahí aquel hombre del que pensábamos era un chalado, ahora parece un adelantado a su tiempo.

      «Nene, si quieres ser malo, toma paracetamol»

      Bueno, como a mi me disgustan los malvados, solo me queda pensar que quizás dicho estudio científico no sea tan solvente. Y, de verás, no se que haré si un día me duele la cabeza…Ya miro con desconfianza la caja de paracetamol que hay en mi botiquín. En fin, no sé si pasará de esta noche sin ser arrojado-» sin empatía» a la basura.