11 de abril: Soltamos. Sentirse suave

 

Siéntete,

suave,

siente

una brisa ligera sobre tu nuca,

llamándote,

a soñar.

 

Siempre has querido imaginarte

flotando sobre un gran algodón,

una  nube terrenal

en la que recostarse y arroparse

y sentir su tacto,

esponjoso,

sobre la piel.

Su tacto

amortiguando el peso,

la carga, el oleaje

de la marea de estos días.

 

Imagina como flotas,

sobre un cielo cálido,

sin gravedad,

sin pensar, solo estando,

en el palco suave de los sentidos.

Imagina

transitando los cielos,

mientras abrazas un instante

y el tiempo te devuelve la sonrisa.

 

Nada es pesado,

inhalando

exhalando,

momentos.

Suave.

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Imagina que puedes trasladarte entre un bosque de nubes; que eres ligero, ligera, porque has soltado todo aquello que te oprimía. Cuando abras la ventana de tu mente y puedas alcanzar aquel castillo, ya no estará encadenado. Flotará, sin gravedad, ligero. Tú lo habrás liberado y te habrás liberado. No hay cargas. El futuro no pide cuentas ni reproches. Desata las cadenas. Tu fantasía se hará en ti, libre, suave…sin peso…soltando…

     Constrúyete.

      Y construiremos un mundo mejor.

      Cuidaros mucho.

9 de abril. Miedo

 

Por mucho que sea impredecible,

el miedo sobrecoge nuestros pies,

la cercanía del abismo

y el salto,

hacia ese impreciso infinito,

que no reconoce nuestras huellas.

 

Por eso,

quién tuviera,

los pies alados de Aquiles,

la fuerza de un semidiós,

el viento huracanado,

para sepultar bajo tierra,

todo el temor

que sobrecoge

las entrañas de esta tierra.

 

Pero,

aunque no tenga esa fuerza

si tengo los versos,

la palabra,

para formar trincheras de esperanza

y contarte,

que volverá la luz a tu ventana.

 

 

 

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Mañana será un nuevo día. Abandona esta noche tu miedo. Todo cambiará en un mañana repleto de esperanzas y de sueños.

El tránsito: 7/8 de abril

 

 

Vendrá mayo

y será mes de las flores

iluminadas calles, primavera

los niños jugarán en los jardines,

habrá besos de amantes,

y caricias,

volverá el bullicio, la esperanza,

y las puertas abiertas de la casa.

 

No seremos iguales,

estaremos más vivos,

agradeciendo la luz cuando atardece

y la palabra amigo en los balcones.

Ya sabremos,

que todo es mejor si es compartido.

 

 

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Como todos los días, te pido, solo dos segundos más. Observa la fotografía. Es tremendamente bella. La naturaleza lo es. También puede ser salvajemente devastadora y furibunda. Somos como un recipiente y hemos engullido en estos días demasiados pensamientos negros. Respiremos. Retomamos lo bello, nos llenamos de lo bello, nos sanamos. Siente los colores de tu cuarto, los espacios favoritos de tu casa, aquella fotografía que tanta gracia te hace y recuerda las manos amigas que te esperan cuando esto termine. Llenáte de luz.  Tómate este espacio como un tránsito hacia nuestro renacimiento.

6 de abril. Regreso

 

 

Recorro el pasillo solitario,

la puerta de la alcoba,

tras las escaleras de la conciencia.

El recuerdo huele a lavanda.

 

La infancia se hace ovillo,

sobre la noche ausente

y vuelven a mí, sus ojos,

las palabras de viejo,

y todos aquellos consejos olvidados.

 

La ropa blanca oreándose en la hierba,

el tono de la gaita,

las paredes de piedra,

y las ventanas

regaladas al mar.

Todo parecía tan predecible.

 

Y ahora que me sacude la nostalgia

el recuerdo huele a lavanda,

y ya me voy reconociendo en sus arrugas,

su piel de nácar,

la conversación pausada

y en esa sonrisa de su fotografía

que tanto me gusta.

 

 

No tendré suficientes días,

para poder contarte,

las miles de razones

para seguir amándote

 

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                         Ahora te pido dos segundos. Obseva la fotografía. Recuérdate.  Visualiza,  Tú, de niño, de niña. Tus sueños, las ilusiones, qué era lo que más te alegraba, lo que temías. Y miráte hacia el futuro, tú de viejo, de vieja, qué te dirías a ti mismo de niño, qué te gustaría contarte que has vivido,  has logrado o has sentido. Y ahora, regresa al presente. Creo que ya conoces el camino ¡Buen viaje!

 

5 de abril: Tú eres el mejor paisaje

Invernando,

las alas del infierno,

encontraron hospedaje

en el invierno,

y rompieron los faustos

terrenales

desbocando al viento,

cada vez más negro.

 

La cueva se hizo más fría

y fue el albergue

de un ejército mutante,

que se confabuló contra las nubes

y dinamitó todos los puentes

de nuestras posverdades.

 

El mar gritó,

luego gritó la tierra,

gritó la savia entera

y la montaña

la carcoma de los bosques,

el avance de las sombras,

la contaminación.

 

Hubo muchos,

que se taparon los oídos,

mientras comentaban

desde su móvil

su mejor selfie posmoderno,

de sus múltiples realidades

tan imaginarias como relativas.

 

Y ahora se preguntan,

por qué no son indemnes

al vampiro que acecha la puerta de su casa.

 

Super-hombres,

tropezando

en el universo de los zombies.

Super-hombres

tropezando,

frente a la duda,

y he ahí la pregunta,

quizá yo también fuera

un muerto en vida,

tan ausente,

de ti y de mí mismo.

 

Cuando nuestros antepasados

precisaban purificarse,

se descalzaban sintiendo el tacto de la tierra,

el peldaño de ascenso,

la mejora,

ese saberse parte,

solo una pequeña parte de todo.

Nadie es inmune a lo que construya

o a lo que destruya.

La naturaleza impone

el orden de las cosas.

Nuestra primera obligación es conservarla

para conservarnos.

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Ahora te pido dos segundos. Observa la belleza del paisaje, los cálidos colores que te arropan. Respira. Siéntete dentro, siente el calor de los rayos del sol, recuéstate sobre la hierba de forma imaginaria. Vuelve la vista a la imagen ¿Ves algo entre las piedras? ¿En el árbol? ¿En algún extremo del bosque? Es tu mirada la que sana y retoma la luz de un nuevo día.

Tú eres el mejor paisaje. Cuídate.

 

 

 

 

 

 

4 de abril

Me gustaría prometerte un arco iris,

que ilumine tus días,

apalabrarte la esperanza,

en un contrato de versos musicados.

Sin embargo,

yo no puedo negar la oscuridad que nos visita,

y sucumbo, cada tarde, en el pánico

la ausencia de respiradores,

enfermos y un triaje

anunciado por la partida de nacimiento.

 

Me gustaría decirte que resistas,

que vendrán lunas y soles, y mañanas,

y volverá la cotidianidad de las caricias.

 

Sin embargo,

mis manos,

se sienten impotentes,

tropezando con el cristal de la mampara,

la protección que nos separa,

la máscara del miedo.

Y me desangro,

por no encontrar cordura en cada tarde.

No tengo el medicamento,

ni la vacuna,

que permita resucitar a nuestros muertos,

solo me queda rezar,

pedir clemencia

y que la diosa naturaleza nos ampare.

 

Te podría decir que este verano,

volverás a reír, tendrás amores,

desvestirás el alma y serás fuego,

en las hogueras de junio, en el solsticio.

 

Y ello será así,

sin duda.

Después de la tormenta, siempre amaina,

pero tendremos pérdidas,

demasiadas,

y todavía no puedo quitarme las lágrimas

que ya anidan de forma permanente

en la ventana.

 

Pudiera pedirte que te unas

al alarido de mis gritos,

las inclemencias de los inocentes

y que cuando esto termine,

no cierres tu ventana y  vuelvas a irte al bar,

como lo hacías ordinariamente,

te pido tengas presente,

que habrá alguien caído,

al que dar la mano,

alguien al que levantar,

alguien que sanar,

alguien que cuidar,

y ese es el lenguaje en que se imprime

la verdadera resistencia.

 

La verdadera resistencia…

ya lo veo,

nos daremos la mano y,

ese sí puede ser nuestro arco iris.

 

 

 

 

En ti. Cuídate

En tu mano veo un paisaje,

que sabe a madera y a raíces,

un mar de besos, oleaje,

y esa brisa

que descubre

un universo sobre tus ojos.

 

Tu piel me invita a navegarte,

en el perfecto diseño de tu rostro,

imaginando

mil maneras de amarte,

en cada segundo que me ofrezcas.

 

 

En tus ojos veo la tierra,

el hogar, la casa, la paciencia,

esa tierra,

que suena a sinfonía cada tarde,

cuando la luz refleja

la naturaleza sobre los pies.

 

En ti

reside el árbol más hermoso

y mi mejor primavera.

 

 

Cuídate,

eres mi mejor apuesta.

 

Amarse: El reto de los 21 días

En estos siguientes 21 días, publicaré cada día un poema que nos enseñe a querernos a nosotros mismos. Que sea amarse y cuidarse el reto de estos 21 días. Si nos cuidamos, cuidaremos también de los demás.

 

 

Vigésimo primer día de confinamiento

y quizá demasiado tiempo

en regresión.

 

Cada tramo del pasillo proyecta los pasos,

aquellos no vividos, los perdidos,

cuestionando las bifurcaciones,

cada elección de la vida, cada espacio,

dando vueltas al yo.

 

Es hora de parar. Darse permiso,

para amarse, simplemente.

 

La luz traspasa la ventana

iluminando el suelo de madera,

quiérete,

ten esperanza.

 

Hallaremos una puerta abierta

que nos devolverá la primavera.

 

 

 

En ritmo pop, un poema- reflexión,  que escribí hace tiempo, sobre el estado de confusión en el que muchas veces nos sentimos:

 

ATRAPADOS.

Cuando la luz no resplandece, alzándose.

cuando la sombra no es lo que parece, retándose

Yo…te siento tan lejos…

Quizás al otro lado del universo,

en el otro extremo del tiempo

somos seres diversos.

 

Y es que estamos atrapados, desviados,

sin sentido ni razonamiento,

desterrados, apagados,

en el umbral de los sentimientos.

 

Alienados:

Envite en un juego que no tiene premio,

Condenados

entre pantallas de pensamientos.

 

Buscando el origen entre mil destinos

sin saber qué hacer,

una sola flecha sobre mis pies.

Ya nada es,

Todo se fue.

Solo nos queda

Retroceder

En definitiva, volver a ser

 

Y es que estamos, atrapados, desviados

sin sentido ni razonamiento,

desterrados, apagados

en el umbral de los sentimientos,

sin saber qué hacer…

Buscando el origen en mil universos,

siendo seres diversos

Fuerza

Rompe la luz y es grito desgarrado,

las ventanas cerradas de la noche,

y el aplauso temeroso de la tarde.

Paseo por el pasillo, cual fantasma,

buscando un linimento que me lleve,

a alguna dimensión desconocida.

Algo, una pócima, que no me haga sentir impotente,

que me torne en disidente y alistada

a los carruseles de la esperanza.

 

Pero no encuentro acomodo

me revuelvo, me rasgo, me impetro, me ignoro.

recorro las escaleras vacías,

me imagino,

la recta sin peldaños,

y pregunto,

¿dónde se halla el universo de cien lunas?,

¿dónde encontrar la cinta para reclamarte,

en esta primavera?.

Y dónde encontrar el duende que me escoja,

unos zapatos para recorrerte,

en la anchura generosa de tu nombre.

 

Nuestro círculo de fuego se torna en lágrimas

desgarradas en la suerte de sus hijos,

y maldigo mis manos vacías ante el techo del abismo.

 

Pero, un sonido inexplicable surge

desde dentro del bosque,

el aroma del arpa, columpiándose,

sobre nuestros ojos.

 

Y he ahí, el roble,

árbol herido que nos muestra su mejor verde,

nos está esperando para descubrirnos,

la fuerza de sus ramas.