Porque el amor suma las miradas hacia un destino común

Hace tiempo

Hace tiempo que no te escribo

con todas letras del abecedario

Hace tiempo

que no te digo

que anhelo tu tacto

tus ojos

asombrados

y esa forma de decirme que me quieres.

Hace tiempo.

No te olvides

Dice la leyenda que cada primavera regresa un trozo de nosotros mismos.

Pensarte

y navegarte en tu mirada,

descansando los soles,

equinoccio,

de la primavera en mis sentidos

Épica

A todas las mujeres que hacen, día a día, un mundo mejor.

HEROINAS DE SÁLVORA

El mar bateando su fiereza

anunciando el año,

el canto de sirena

la noche tan cerrada,

en el sonido angustioso del auxilio.


Eran cuatro,

solo cuatro mujeres,

un mar fiero

y una dorna.

La fuerza descansa en la nobleza del alma,

esa ingenuidad que rompe muros

para hacer normal lo extraordinario,

y que regala cincuenta y seis vidas

en los cuatro viajes

de rescate del “Santa Isabel”

Porque Sálvora

lleva nombre de heroina

lleva nombre de mujer.

Fortaleza

Después de una gran batalla interior, siempre habrá un amanecer en la mirada.

Cuando la noche comienza  

                                                 desasida

de toda barandilla que recubra

                                                    su silencio,

 el insomnio es ajeno al claro de la luna,

y tú,

ese ser desnudo,

sin estampa que lo proteja

                                          inexorablemente

del insistente periplo entre las sombras,

Los argumentos se nos entrecruzan

para disimular sus desaciertos,

                                              es el delirio,

de la mente traicionera que te ofrece

las rebajas del sol para calmarte.

Cuando las bocas están llenas de palabras

se pegan a la ropa,

 se llevan a rastras,

carcomidas,

en la gangrena de la esperanza,

No te digas, no te llores,

no te pienses , no reclames

toparte en las esquinas

con un salvador de baratijas.

Respira hondo, pues,

entierra los desechos de tu porte,

sobrevolándote,

levitándote,

abrazándote,

en la comprensión de que desde ese momento,

el cielo ya no callará para tenerte,

pero tampoco el infierno querrá arrebatarte tu vestido.

A veces el amor

A veces el amor

Se hace jirones,

Impresencia constante

Quemarropa,

Un final advertido y previsible.

A veces,

Pero otras,

Esas otras,

Tan benditas,

Te abrazan a una piel

Con nuevos ojos,

Y te devuelven la vida

En un instante.

Es la danza del cortejo

Sobre un balcón de nuevas golondrinas.

Decadencia

             Si hubiera en realidad un árbol de la vida,

            tendría hoy las raíces bien marchitas,

            y desparramadas cual onda expansiva,

             sobre las aceras donde pisan los demonios

               y sufren miedo los ángeles.

              Quizá,

              sí contásemos con anteojos de misericordia

              podríamos ver un verdecino brote,

            entre los escalones que llevan a la periferia

               del incesante tránsito de las almas,

 negociadas,

               sobre la inocencia del fracaso.

                Y es que entender que no existe

                 ni fracaso, ni prueba, ni pálpito, ni nube,

                    es dejarnos desnudos

                   en las fábricas de manos vacías.

                Despierta,

                  esta tierra,

                   de raíces marchitas,

                    no te promete atributos,

                 no hay dones regalados

                 ni penas merecidas.

                Solo hay ganancia

                 de quien marca las cartas

                 antes de que empiece partida,

                 repóquer de ases,

                 jaque mate

                    a toda vuestra satisfactoria indolencia.

                  La ausencia de dolor se parece mucho

                      a un pacto satánico

                      para nuestra bien llevada ceguera,

                por no querer ver, no vemos

                ni siquiera nuestras propias miserias.

                   Aunque yo te pido,

                    de forma persistente,

                        que mires.

                   Sé feliz, mientras puedas.

Las manos del diablo

Las manos del diablo

tejen fuertes

las enredaderas del silencio,

los rincones del miedo,

los olvidos,

las amargas cadenas de los cuerpos

Hace tiempo que medito sola,

encabalgando los versos

que visitan huidizos

las terribles cábalas,

la güija visionaria

que desentierra

las ánimas ausentes.

Prometeo ya no trae el fuego,

ni hay démones en los banquetes,

La sombra, acostumbrada,

a la sinrazón del devenir constante

de la superviviencia.

No es firme el suelo que pisamos,

porque la mano del diablo teje

las enredaderas más obtusas,

quebrando la materia de los hombres,

trastocándolas

en patéticas marionetas de un carnaval hambriento

de un carnaval saciado

por la sumisión a la mentira

en la publicidad del autoengaño.

Si el camino es la muerte

y he aquí la muerte en vida,

postrada en la suerte de un telediario

y las golosinas de una tarde de invierno.

La única forma de salir de este miserable giro

es comprender que el diablo

es fuerte

porque nos creemos débiles

e ignorantes.

Reinventarse

Reinventarse,

como un código de desbloqueo,

de los acantilados de minutos,

 cuajar las horas,

desplegar las rutas,

siendo timón en mar

de turbulencias.

Sea, pues, la pirotecnia entre su ropa

y mapamundi los amaneceres.

Reinventarse,

entre los soportales de las rúas,

porque Compostela es una isla,

en los mares de su boca,

y yo la convergencia de sus tronos.

Atlántico en imperio,

mar de dentro,

vestido en marejada.

Regresarse

en esos atardeceres,

susurrantes,

cascada sobre dunas,

claroscuro,

esculpiendo la luz.

El poniente siempre barniza las miradas,

formateando la memoria de los versos,

en la floración de los sentidos,

el desgobierno de los vientos,

los venideros días, peregrinos,

del sol que desnuda tu cintura.

en el remanso de todas las auroras

Te amaré

En infinitivo

sobre la ortografía de tus besos.