Me duelen las manos
atadas,
en los cordeles de la paciencia.
deteniendo mi ahora,
en reloj durmiente,
y, ya voy,
contando todas las horas,
que me restan,
para conocerte.
Me duelen las manos
atadas,
en los cordeles de la paciencia.
deteniendo mi ahora,
en reloj durmiente,
y, ya voy,
contando todas las horas,
que me restan,
para conocerte.
Trocar el arco iris
reponiendo, sus reflejos
para que llegue a la puerta de tu casa
con la imprimación de una sonrisa
Virar alas, rumbo, noche abierta
para comprenderte,
regesando ventanas,
llamando,
a las lágrimas del sol
en el diagrama de tus brazos.
¿Por qué no recorremos las esquinas?
y quitamos la mugre de los marcos
en todas nuestras puertas,
para reconocernos en las vetas,
siempre fantasiosas navegantes,
de la profundidad de los destinos.
¿Por qué no salpicamos agua clara
sobre los ventanales de la rima?
Y así nos tropezamos,
adjetivos,en la resurgencia de los nombres.
¿Por qué no retomamos la escalera?
destino a nuestro techo
clamando buena nueva
sobre el techo de sal que, bendecido
recorre nuestra espalda,
sobre esta tarde siempre entre las horas
Volver a ser principio, nube, lienzo,
en el retrato de nuestros momentos.
No preciso mil bastidores
para tensar el lienzo
en la imprimación de tus paisajes,
en esa textura del acrílico,
deshojando las aristas de mi literatura,
con la belleza impresiva de tu Venus.
Siempre me gustó el toque del aceite de nuez,
versatilizando los colores,
en ese aroma renacentista,
entre soportales y abanicos,
buscándote en las puertas,
para conjurarte
en la rebelión de los condenados,
“sol entre las estrellas”,
en el último cielo de tus ojos.
Retumba,
el aullido magnético del ruido,
sobre la cima de la tierra.
Retumba,
sobre su cráter,
en la ebullición de sus conversos,
hay demasiado metano
sobre el silencio.
Las leyes de la naturaleza,
exponen las razones,
para quebrar el camino
columpiándonos,
sobre la noria incesante de los tiempos.
Muchas veces las relaciones duelen, sean de amor con la pareja, los hijos, los padres, los amigos. Queremos ser un ovillo, escondido en un rincón de cualquier parte, porque es curioso, duele tanto, que no podemos hacer daño, amamos tanto, que no queremos herir.
Siempre he sido una hacedora de ungüentos,
La providencia del linimento sobre los ojos,
construyendo castillos de arena cada vez que la marea
turbulenta,
deshojaba las conchas sobre las palabras,
Pero, me he equivocado
Nunca es suficiente,
En los caminos de la deslealtad,
la ciénaga de mi fuerza.
nada basta,
y estoy cada vez más cansada,
de persistir en el empeño.
Replegar las alas.
anidarse.
acurrucarse en el rincón más infinito,
como un ovillo,
indefensa
No te das cuenta,
quien calla no otorga,
estoy indefensa.
por no querer herirte.
Entrelazar los ojos,
sin que la distancia nos comprometa,
sin mayúsculas,
ni minúsculas.
Sentir sin pretensiones,
sin condiciones,
sin retos.
Sentir, simplemente, eso.
El amor transforma todos tus parajes,
tatuando flores,
sobre las paredes.
Una puerta abierta hacia la aurora,
deshojando luces,
espiga en candelaria
terciopelo en piel, cicatrizando heridas
desde la intensidad de la palabra.
Extraño pensamiento maquetado
en la revista de las irrealidades
anhelo juvenil en cuerpo trasnochado
todavía pegado a vanidades,
anuncios de perfume y bagatelas,
impersonal, ausente, a la deriva
en ese blanco vacío de diseño,
que es como el gris privado de la vida,
aun no sabes que todo tiempo vuela
por mucho Botox que cuelgues en la espuela.
Pequeña humanidad idiotizada
en pasquines de miel y sin hojuelas
La arena, deslizándose,
sobre tus manos
en su inquebrantable volteo
con el machacón sonido de un despertador antiguo
tic tac tic tac , sobre tus dedos
respondiendo a la llamada de las arrugas.
Tic tac tic tac
La arena, siempre movediza
guillotinando las horas…
Los días son una apuesta contra-reloj
en el deseo de no llegar nunca a la meta
No estás permanentemente en la casilla de salida,
por mucho que curvemos el espacio
derrotándonos en una maratón de alegorías.
Y tú me miras y asientes, carpe diem, carpe diem,
yo no sé si desmentirte o arroparte,
en realidad fue ayer cuando nos vimos,
y nunca se vive lo suficiente
cuando la enredadera de tus besos
se pega al horizonte de sucesos