Aislamiento

Barrer hasta la puerta de la casa,

poner la escoba vieja boca abajo,

una ristra de ajos,

para ahuyentar el verso y la palabra.

 

Instalar un candado al sentimiento,

clausurar la mirilla, taladrar los ojos,

dejando que las hojas agolpen el invierno,

abarrotando escaleras,

en clave de abandono y desconcierto.

 

Barrer hasta la puerta de la casa,

cerrando la mirada, aplastando la cera

sobre los mapas, las luces y las velas,

no querer verte aunque te encuentres fuera.

 

No despertar porque no estás dormido

no despertar porque ya estás huido

sin fecha de caducidad, sin linimento

que barra el hematoma del silencio.

 

Ni pata de conejo, ni pócima en la taza

abandonar el dorsal de la carerra

no hay mayor pérdida que abandonar la espera.

 

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Un molesto inquilino

        Ayer encontré un libro  en el trastero. En el enjambre, de Byul Chul Han, ni siquiera me sonaba. No recordaba haberlo comprado, siquiera tenido, y menos relegarlo a un lugar recóndito, debajo de una caja y una almohada, que tampoco, en honor a la verdad, me sonaba mucho. Lo hojeé un poco y lo volví a dejar en su lugar, con la intención de preguntar a mis amigos si era posible que hubieran dejado este libro cuando me ayudaron a guardar unos muebles viejos.

       No todos los amigos son igual de importantes. En mi caso era curioso que mi amigo más especial, aquel que siempre tenía algo que decir, fuera un amigo virtual. Nos seguíamos en todas las redes. Él era ingenioso, divertido. Me encantaba leerle. Además, era culto, listo y físicamente estaba fenomenal. Ya, ya, cierto, me tenía enganchadita.

       Cuál fue mi sorpresa que mi amigo Reten21 había puesto una entrada comentando ese libro, sí, ese, el que estaba en mi trastero. Será casualidad…Me quedé alucinada, y pese a que eran las tres de la mañana,  me vino a la cabeza la posibilidad de rescatarlo. Ahora sí que iba a impresionar a mi amigo Reten21, le copiaría unas frases del libro y quedaría como una experta en filosofía

        Accioné la linterna de mi teléfono y subí en el ascensor a la planta de trasteros. Me dirigí hacia el mío con determinación y cuál fue mi sorpresa: Tenía un inquilino, un sorprendente inquilino.

     Ya estaba claro, por eso había encontrado el libro. Ahí estaba Reten21 durmiendo sobre mis cajas. Me miró sorprendido, con cara de susto, como suplicándome. Dijo que me lo podía explicar, que se había quedado sin trabajo, sin vivienda, que tomó prestado el trastero para dormir unos días hasta encontrar nuevo empleo, que no sabía que era el mío, que le ayudase…

       Me dejó atónita, no sabía qué decirle. Ya no me parecía tan genial. Estaba despeinado, era más bajo de lo que pensaba y encima parecía menos interesante. Así que no le dije nada. Llamé a la policía sin dirigirle palabra y fue desahuciado amablemente por los agentes.

      La pena es que me bloqueó en las redes y no puedo darle al me gusta a esa entrada sobre el libro.

     ¿Y de qué iba? Pues, bueno, una rayada de esas, sobre que la era digital y el mundo virtual nos están alejando de los otros,  que no hay unión para cambiar las cosas.

     ¡Qué sabrá ese Coreano! Qué lástima de filósofos, seguro que no salen de su mesa de estudio y no tienen “mundología”, que no, que no, hazme caso a lo que te digo, que esa gente no está en la vida. No se fijan en la cantidad de amigos y relaciones que se “hacen” en la redes ni en lo que puede hacer twitter cuando “arde”.