Principio

 Son las diez de la mañana,

el sol, desafiante, inunda el dormitorio,

pero ella se enroca, se hace ovillo y esponja

 entre todos los restos de la noche.

Ella busca perderse, para no retomarse.

Ella no está viva,

aunque esté viva…

El sueño no es profundo,

su mente ya se inquieta,

removiendo recuerdos, espejos, sentimientos.

No quiere despertar,

aunque ya esté despierta.

Es como un hada triste…

un personaje atado.

Aquella que levita

sobre sus identidades prisioneras.

Hay dolor, flashback, retroceso…

Un estanque. Donde el agua es oscura

demasiado densa.

Pero algo se revela,

sobre estos mis dominios,

ya casi visualizo su cuerpo indefinido.

Mi teclado en disgusto. Se hace ausente, rebelde.

Y bloquea sus teclas,

se hacen fuego los números,

se pierden los contornos. Mi débil personaje.

Las letras ya son sombras retorcidas, endebles.

La cera derretida en los infiernos propios.

No se cambia el pasado.

No se cambia.

Así que vive sin él.

Y entonces mi hada triste

otrora marioneta,

se hizo mujer, naciente, como la luna nueva.

Sus lados más oscuros

son ahora brillantes.

Ya defino su cuerpo, su porte, su figura.

Sus labios son suaves, tan tersos y valientes,

Su boca la bandera ardiente de deseo.

Se mueve con soltura, me habla. También baila,

conoce la palabra que crea nuestro origen.

Y es acción, es proyecto, es nube y torbellino.

Ya se ama.

El fuego se atenúa

y el teclado es hermoso.

Su poema no es fin

sino principio.

En ti. Cuídate

En tu mano veo un paisaje,

que sabe a madera y a raíces,

un mar de besos, oleaje,

y esa brisa

que descubre

un universo sobre tus ojos.

 

Tu piel me invita a navegarte,

en el perfecto diseño de tu rostro,

imaginando

mil maneras de amarte,

en cada segundo que me ofrezcas.

 

 

En tus ojos veo la tierra,

el hogar, la casa, la paciencia,

esa tierra,

que suena a sinfonía cada tarde,

cuando la luz refleja

la naturaleza sobre los pies.

 

En ti

reside el árbol más hermoso

y mi mejor primavera.

 

 

Cuídate,

eres mi mejor apuesta.

 

Amarse: El reto de los 21 días

En estos siguientes 21 días, publicaré cada día un poema que nos enseñe a querernos a nosotros mismos. Que sea amarse y cuidarse el reto de estos 21 días. Si nos cuidamos, cuidaremos también de los demás.

 

 

Vigésimo primer día de confinamiento

y quizá demasiado tiempo

en regresión.

 

Cada tramo del pasillo proyecta los pasos,

aquellos no vividos, los perdidos,

cuestionando las bifurcaciones,

cada elección de la vida, cada espacio,

dando vueltas al yo.

 

Es hora de parar. Darse permiso,

para amarse, simplemente.

 

La luz traspasa la ventana

iluminando el suelo de madera,

quiérete,

ten esperanza.

 

Hallaremos una puerta abierta

que nos devolverá la primavera.

 

 

 

El instante preciso

Demando tus manos,

para que dibujemos un mapa

de la alegoría de la vida.

No siempre nos tenemos

en el instante preciso,

cuando la lluvia escampa

las aceras mojadas

y puedes observar la correntía

del agua en manantial

de la palabra.

No siempre nos tenemos

con acierto,

en ese asentimiento

cómplice

de la aceleración de las miradas.

Pero cuando nos tenemos

en instante preciso

y con acierto,

el tiempo no es constante

ni paisaje,

sino pulso,

que impone la lírica

sobre la gravedad del mundo.

Levitamos,

en ese espacio,

donde los amantes se confunden

en la sola identidad de su materia.