Ritual ( poema atípico)

 Las vanguardias no saben de corsés, dije un día. Mejor dicho, digo hoy, el arte no debe saberlo. Hay quien dice que no cabe en un mismo poema estrofas con rima y otras sin ella¿Por qué no? Lo importante no es la regla. Las reglas no hacen poesía.

Ahí va un poema atípico

 

RITUAL

 

Tal vez no existe ritual que te asegure,

la eternidad de todos los abrazos.

ni orilla para que repose

el sarcófago de nuestros desencuentros.

 

El desamor clava alto su estandarte

sobre el papiro de los sentimientos

y no es preciso un Set destructor

para derrumbar el arco iris.

 

No siempre hay hilo suficiente

para coser nuestros zapatos.

 

Aún así, amor, cuando eso ocurra

recuerda los conjuros sobre el fuego

ascensión  y escalada sobre el humo

espíritu ascendente entre verdades,

un bajo relieve sobre estas crudas notas,

que agarran al alma en celda ignota.

 

Quiero clamar a Isis, dibujarla,

yo puedo realizar la travesía

que me lleve hasta el Nilo de tu ropa:

Mi ser perfecto.

Mi, ser, perfecto.

 

Puedo pisar todas las vides

para emborracharte de mis versos.

Un jeroglífico de mis imprecisiones

diciendo adiós, me miento

diciéndome adiós, te mientes

 

Y eso es la puerta NOR,

la disyuntiva opuesta,

que confabula todas las miradas

cuando nada se exige ni reprocha

girar la luz y mientras das el giro,

ver resurgir el pájaro del nido,

para volver a colgar las emociones

entre los altos vuelos de su trino.

 

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Un cesto de flores

           Adornar la vida puede parecernos, a veces, un acto de inconsciencia, pero yo no lo creo así. Adornar es un acto de amor. Adornando cada día nuestros segundos, los hacemos mejores, pues todo mejora con la belleza de una flor.Por eso, hoy, te regalo un cesto de flores.

 

       TE REGALO UN CESTO DE FLORES

          Te regalo un cesto, un cesto de flores, para adornar los segundos que bailamos, en cuerpo aproximado, el cielo que compartimos, los suspiros, en la constelación de los abrazos. Te regalo un cesto de flores, noche en pluma, para abrir las ventanas, airear la ropa, poner sábanas al sol, en marejada, esa salvaje marea de los versos, de los versos besos, de los besos agua y de los besos tiempos. Te regalo un cesto, aunque a veces no parezca creer en tu sonrisa, siempre soy silente pasajera de tus ojos.  Un cesto de flores, adornando barandillas, la escalinata, escalera de caracol, subida a tramo, hacia la torre de todas las esperas. Te regalo un cesto, alambre repujado en forja de centauros, la esmeralda incrustada en profecía y esa fuente donde repostarnos cada  día

 

Alma de vendaval

Tu alma es vendaval, ventana abierta,

mapamundi, despliegue a mil cometas,

la llamarada en verso, el aguacero

en norte omnipresente en mis escritos.

 

Tu alma es suave fuego, luz en grito,

araña de astrolabio, dorso y limbo,

timoneando al sur de mis abrigos

en cada densidad de mis delirios.

 

Ese  infinito camino hacia tu piel,

desde la estrella de nuestro algoritmo,

Alma de vendaval, y yo, de lirio.

 

Ella, Poesía

 

No la culpes si, a la mañana,

ella,

ausenta la montaña de sus ojos

y revoca el silencio,

retornando rutinas,

desconociendo el vuelo de las ropas,

la vaguedad de tus fronteras,

y el infinito océano de la luna.

 

No la culpes,

tú ya sabes

que, cuando la noche traiga

ese instante,

su cabello ensortijado

deslizándose

sobre su espalda,

habrá poesía.

 

Nada es igual que ayer

Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido

 

Nada es igual que ayer,

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Y la luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

la que tu cuerpo perfila

entre tonos violetas,

se tropieza en tu cintura

y tus brazos ya no dudan,

es el amor el que augura

y destierra la amargura

por aquello que se fue,

porque nada,

nada es igual que ayer.

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

                          Esta noche viene pensativa. Diciembre ataca, con sus luces, mercadillos, rojo, verde y amor, mucho amor. Enredada entre las bolsas de adornos navideños, me pregunto,  es el amor una emoción o una acción.

                            Podemos sufrir por amor, morir de amor, sentirse feliz por amor, emocionarse, amarse, re-amarse y re-emocionarse. No me rallo, el amor es una emoción que desencadena su acción la de amar, o amando recibimos una emoción satisfactoria. El amor lo que no es una omisión, ni tampoco sabe de agravantes. ¿Por qué?, porque no puede existir amor alevoso. Si uno pretende amar a otro, utilizando medios o métodos que reduzcan la capacidad de defensa, sin peligro propio, cuando menos ha hecho…!un amarre!! – y eso está mal- Todo lo que no sepa contar con la plenitud de facultades del otro, mal pero que muy mal. Quien no quiere peligro propio, no ama, simplemente.

                      El amor puede ser diurno y nocturno, pero nunca con nocturnidad, aprovechando la confusión de la noche. Eso es aprovecharse (y está mal, pero que fatal) de un ligue de discoteca. Ya no digamos que el amor no puede tener disfraz- aunque muchos pongan su mejor careta- ni acometerse con abuso de confianza o superioridad. El amor pues, no sabe de agravantes.

                    Pero cuidado, el amor tampoco sabe de atenuantes. No cabe un amor embriagado. Eso es un cebollón en toda regla por el que sientes “ que quieres a todo el mundo”. Menos la legítima defensa, porque amar no es atacar, ni el estado de necesidad.

                   Concluyo, si el amor es una acción, sin capacidad de ser omisión, sin agravantes y sin atenuantes. El amor es, sin duda, la emoción más pura.

                       Que sí, que sí, que me voy a dormir ya…