Paisaje

El agua desciende suave, reposada.

La fuente de tus ojos

me susurra tu nombre en mis oídos.

Hay viento del este.

En el jardín los lirios y amaranto

se transforman en cisnes.

La mirada se queda detenida,

se hace lago el paisaje.

Iridiscente la luz se refleja.

Cuánto color para pintar tu rostro…

Y cuánto anhelo de hacerlo

tan ajeno como mío.

¿Sabes de lo que hablo?

No hay nada sensorial. Nada emocional.

Y por eso lo hay todo.

Paseo

Pasos,

dijo el poeta que al andar se hace el camino,

el camino como huella,

la permanencia del avance

y la aceptación del recorrido.

Yo, que soy poeta a medias

me gusta olvidar el camino,

no dejar migas de pan para un fácil retroceso.

No siento necesario guardar la ruta.

El regreso es avance hacia el origen.

En este transito que empieza

la luz se detiene, anochecida

revelando la importancia del paseo.

Pasear contigo sin saber a dónde,

las estrechas calles,

las amplias avenidas,

y las gotas de lluvia que caen delicadas

bajo el abrigo de los soportales.

La tierra que revela su verde en primavera

y el amarillo paisaje de agosto.

Pasear contigo sin importar a dónde,

deshaciendo pasos,

renombrando el camino,

porque tú eres la meta,

tú eres el recorrido,

el avance, el sentido,

el sonido de la luna

musicando al sol.

Un universo sobre tu mano

sobre mi mano

danzando

en un giro sincrónico

para revelar

la inexistencia del tiempo

cuando todo lo es

contigo.

Conexión

El viento es la palabra de tus ojos,

tus manos, sinrazón de mi cintura,

aliento, la pasión, la descordura

y los frutos los besos que recojo.

Y es que este amor anida en mi mirada,

la ocupa, la transgrede, la arrebata,

la torna verso, metáfora, poema,

una semilla que al polvo de la tierra

eleva al cielo abriendo una ventana

detenida en tus labios del mañana.

Viajo por tu cuerpo como errante

y me hago fundamento en tu sonrisa,

ese destello de luz que trae la brisa

y es letra entre tu nombre al completarme.

Y ya no temo decírtelo al oído,

tu cuerpo se hace templo,

yo tu espejo

y la semilla flor de primavera.

La luna se despeina entre las aguas

vistiéndose de mar. Y es tierra fértil

mientras el sol la habita

en el fuego prendido de tu rostro

Amor ilusorio

Es el amor ilusorio, amor platónico

ese que no se prueba ni se entiende,

un domino del ego, que pletórico

cree encontrar un trono siempre indemne

y el otro, otra, su imagen duplicada

que le corone en espacios infinitos

sin duda, ni arrebato, ella entregada

pues sin mí todo parece no ser nada

Mas no hay nada tan contrario al amor

que el espejo de un yo que desmedido

busca en la hipérbole su premio y su testigo.

Qué es el amor sin comprender sino

que nadie es rey ni reina ni destino

solo un humilde servidor de sus designios.

El árbol de la ciencia

              

             Para recorrer tu cintura y alcanzar los frutos,

             no preciso comprender los precipicios

             de las bifurcaciones de tus ramas.

             Solo necesito saber que tus raíces

             no dejan de ser las mismas que las mías

              Por eso, tu abrazo es más infinito

             que cualquier cosa que percibo

             y lo que pueda acontecer no importa

             cuando tus besos son uno con mis labios.

Teatro

Será el amor un sueño en un teatro,

donde el guion se escribe a trompicones,

y sin hallar traspunte de emociones

nos requiere aplomo en cada acto.

Y alguna desmesura entre las letras

que ya nacen rebeldes a la prosa,

con las cartas de amor sobre la mesa

para la complacencia de las rosas.

Tus manos son festejo sigiloso,

para sentirte cerca desde lejos,

entre los bastidores no hay reflejo

de ese beso que se impone ansioso

en todas las fronteras de mi cuerpo.

En un roce de amor vertiginoso

suena la música ardiente como el fuego,

y son mis lunas tus ojos encendidos

cuando el telón se abre sorprendido,

a la pasión oculta en bambalinas.

Y reclama el proscenio indisciplina

los tambores, el beso, torbellino

las miradas, el viento, remolino

revolviendo las ropas y las hojas

hasta poner el mundo boca arriba

y tu nombre en las letras poderosas.

La pasión atraganta, sobrecoge,

enardece y desboca en correntía

hace herida, escuece y también calma,

y es suave, y abrupta, y mediodía.

Imprevisible y franca, como la propia vida.

Por eso dame teatro, dame escena

caballeros, espadas, damiselas,

huracanes, conciertos, mariposas,

cataratas, misterios y escaleras,

ese ritmo trepidante de la acción

hasta que caiga el telón …

Amor de Hollywood

Hay veces que el amor poético

es como un amor de Hollywood,

las palabras dentellean el papel

para pronunciarse en tu oído

con el afán intenso de habitarlo

todas las noches y todos los días.

Y los versos se hacen parte de tu risa

con la claridad de quien confía

que siempre hay algo de eternidad

en todas las miradas que regalas.

Esos versos que piensan que tus ojos

son ventanas abiertas a mis sueños.

y mi deseo se colma con tus pasos

en todos los paisajes que conozco.

Que tus manos son ocultas escribas

del alfabeto secreto de mi piel

y cada vez que me rozan, tan ligeras,

desatan una fiesta de rosas rojas

en un jardín color de la esmeralda.

Tus labios amantes ya no encuentran

ninguna frontera entre los míos.

Tu aroma sabe a noche y espejismo

de una piel de luna aguamarina.

El amor poético es, sin duda,

tan de cine como el amor de Hollywood.

Y, sin embargo, quién se resistiría a no vivirlo.

Una mujer deshila los versos de un poema

                    Una mujer deshila palabras en las redes,

mirando, ausente, triste, al mar que, malherido,

                    golpea sus sentidos con viento desatado.

                   Y ese aire de olvido, esa ausencia que hiede

                    parece no sostiene su mundo en un suspiro.

                    Sus ventanas de invierno no saben de deshielo

                    ni esas noches de antaño de brazos extendidos,

                    ni de aquellos poemas que adornaban su oído,

                    como tallos de rosas, como valles de lirio,

                    y que ahora, lejanos, se le antojan perdidos.

                    Más se alza una nube sobre el cielo estrellado.

                   Su forma le recuerda el porte de su amado

                    y añora aquellos pétalos que un día deshojaron,

                    todos aquellos besos de madera de ámbar.

                    Quién pudiera ser agua sobre un cabo arriado

                    y cruzar el abismo en un fondo de algar,

                     Quién pudiera ser ave y volar a su lado

                     hacia sus pies de luna y sus ojos de sal.

                     Una mujer deshila los versos en poema

                     y los guarda, escondidos, en un trozo de mar.

Imaginarte

Imaginarte atento y silencioso

ante la inmensidad de los océanos,

reescribiendo un poema como historia

bajo el viento del norte, encaramado

al faro narrador y refulgente.

Imaginarte. Sí imaginarte,

enraizado a la tierra, sosegado,

permutando el viento

hacia el sur infinito de la calma.

Y mirar a poniente, entre tus ojos,

comprensivos del tiempo del otoño,

en tus manos el grano de mostaza,

en las mías el viento del oeste,

Ese soplo, a veces, torbellino

que agazapa la oliva y la conmina

a rebrotar invisible en un invierno

que ya no teme a los vientos de levante

 y sacude los arbustos y los peces.

Imaginarte, sí, entre los frutos,

los aromas del huerto y las estelas

de las hojas caídas de los árboles.

Imaginarte en la carne de los labios,

la materia del beso que revela

una caricia en la piel que persistente

se hace huella y sentido, la simiente

que torna al viento brisa, renovando

la fragancia y las rosas de los valles.

Imaginarte.