Viaje

 

No existe mejor viaje

que aquel que hacemos sin fecha de regreso.

Por eso he lanzado al abismo los boletos de vuelta,

y he trucado los días de mi calendario.

 

Llevo en mi mochila

una anotación de marca-páginas,

una fotografía de hace años

y un mapa de carreteras ilegible.

 

 

Cuando tus besos se pegan a mis labios,

no son necesarias las barreras,

ni las barandillas de silencio,

 

Un campo de girasoles

difumina la lluvia,

agua,

correntía,

sobre todo desierto

que no sepa

de tu nombre.

 

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Solsticio

Entre las manos,

las cuatro hojas del trébol,

las cuatro puertas,

hacia mayores dimensiones,

el tacto de tu sonrisa

y el aire revelando,

el aliento próximo,

el transito

del fuego.

Hijo de la tierra,

rueda,

sobre el arco iris de los nombres

desatando

la fuerza de los elementos

porque cuando el sol se detiene

tus ojos,

iluminan mi mundo.


Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

Déjame

Déjame,

         que te descubra en silencio,

           cuando no hay orillas,

              donde esconder los sonidos

Y las caracolas,

            huelen a mar y a frutos del invierno.

Déjame,

         que siendo duna, comprenda tus mareas,

            que siendo luna, relate tus detalles

              y cuente tus besos uno a uno,

           para formar un árbol de nuestras densidades.

Déjame,

          que te ame,

             soplando viento,

                 sin brújula ni meta

                desatando candados,

atravesando,

              los aludes que lastró tu primavera

                y las correntías del otoño.

Déjame,

             simplemente

                     que te ame.

Dos botellas y un día

En algún lugar de mi paisaje,

habrán quedado instaladas,

aquellas botellas que nos bebimos

en la borrachera de tu ausencia.

En algún lugar,

tal vez muy próximo,

a la nube donde depositamos

los jadeos de mayo

y la brisa,

en la espalda de abril.

Imagino rescatar su envase,

elevarlas en altar

descolorido,

la pose otros tiempos,

en palabras,

que quedaban impresas al oído.

Y beber de nuevo

sus brebajes,

indómita en tu piel

y sedentaria,

en la laguna de tus pensamientos.

Dos botellas de alcohol

que derrocaron,

tu noche,

y mi cordura,

dos botellas, y un día

en penitencia,

 descosidas

sobre la ropa,

como un emblema viejo,

como el mantra

oxidado

e incrédulo que no quiere desasirse,

de tu nombre

A veces el amor

A veces el amor

Se hace jirones,

Impresencia constante

Quemarropa,

Un final advertido y previsible.

A veces,

Pero otras,

Esas otras,

Tan benditas,

Te abrazan a una piel

Con nuevos ojos,

Y te devuelven la vida

En un instante.

Es la danza del cortejo

Sobre un balcón de nuevas golondrinas.

Reinventarse

Reinventarse,

como un código de desbloqueo,

de los acantilados de minutos,

 cuajar las horas,

desplegar las rutas,

siendo timón en mar

de turbulencias.

Sea, pues, la pirotecnia entre su ropa

y mapamundi los amaneceres.

Reinventarse,

entre los soportales de las rúas,

porque Compostela es una isla,

en los mares de su boca,

y yo la convergencia de sus tronos.

Atlántico en imperio,

mar de dentro,

vestido en marejada.

Regresarse

en esos atardeceres,

susurrantes,

cascada sobre dunas,

claroscuro,

esculpiendo la luz.

El poniente siempre barniza las miradas,

formateando la memoria de los versos,

en la floración de los sentidos,

el desgobierno de los vientos,

los venideros días, peregrinos,

del sol que desnuda tu cintura.

en el remanso de todas las auroras