Cimientos

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No puedo pensar en renacer sin árboles, por eso quiero raíces, cimientos, porque el cemento solo enluce la fragilidad de la estructura.

 

Hay veces que el silencio

arremete

fronteras de fuego

y teje muros que rompen,

la tersura del viento,

esos muros,

que se encalan,

en la mirada de la derrota.

 

Por eso dame raíces,

cimientos,

el cemento solo enluce

la fragilidad de la estructura.

 

Mírame

A veces todo es un bucle.

un periplo

sin cauce,

la pantalla en negro,

de bloqueo,

la falta de las guías, la membrana,

en la que asirte a mis sonrisas.

 

Hubo un tiempo que el suelo,

tenía estrellas brillantes

y saltábamos,

dándoles bienvenida.

 

No sé en qué momento perdí la cuenta

de las lecciones desaprendidas,

ni cuándo perdimos el ángel

que velaba tus sueños,

pero por lo que más quieras,

mírame,

mírame ahora, desde lo más dentro,

y tal vez, así, pudiéramos

construir una fuente

para recibir el arco iris.

 

 

Viaje

 

No existe mejor viaje

que aquel que hacemos sin fecha de regreso.

Por eso he lanzado al abismo los boletos de vuelta,

y he trucado los días de mi calendario.

 

Llevo en mi mochila

una anotación de marca-páginas,

una fotografía de hace años

y un mapa de carreteras ilegible.

 

 

Cuando tus besos se pegan a mis labios,

no son necesarias las barreras,

ni las barandillas de silencio,

 

Un campo de girasoles

difumina la lluvia,

agua,

correntía,

sobre todo desierto

que no sepa

de tu nombre.

 

Solsticio

Entre las manos,

las cuatro hojas del trébol,

las cuatro puertas,

hacia mayores dimensiones,

el tacto de tu sonrisa

y el aire revelando,

el aliento próximo,

el transito

del fuego.

Hijo de la tierra,

rueda,

sobre el arco iris de los nombres

desatando

la fuerza de los elementos

porque cuando el sol se detiene

tus ojos,

iluminan mi mundo.


Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

Déjame

Déjame,

         que te descubra en silencio,

           cuando no hay orillas,

              donde esconder los sonidos

Y las caracolas,

            huelen a mar y a frutos del invierno.

Déjame,

         que siendo duna, comprenda tus mareas,

            que siendo luna, relate tus detalles

              y cuente tus besos uno a uno,

           para formar un árbol de nuestras densidades.

Déjame,

          que te ame,

             soplando viento,

                 sin brújula ni meta

                desatando candados,

atravesando,

              los aludes que lastró tu primavera

                y las correntías del otoño.

Déjame,

             simplemente

                     que te ame.

Dos botellas y un día

En algún lugar de mi paisaje,

habrán quedado instaladas,

aquellas botellas que nos bebimos

en la borrachera de tu ausencia.

En algún lugar,

tal vez muy próximo,

a la nube donde depositamos

los jadeos de mayo

y la brisa,

en la espalda de abril.

Imagino rescatar su envase,

elevarlas en altar

descolorido,

la pose otros tiempos,

en palabras,

que quedaban impresas al oído.

Y beber de nuevo

sus brebajes,

indómita en tu piel

y sedentaria,

en la laguna de tus pensamientos.

Dos botellas de alcohol

que derrocaron,

tu noche,

y mi cordura,

dos botellas, y un día

en penitencia,

 descosidas

sobre la ropa,

como un emblema viejo,

como el mantra

oxidado

e incrédulo que no quiere desasirse,

de tu nombre