El rayo que me alcanza

Después de unos días de obligada actividad en otros ámbitos e inactividad del blog, ahí va mi primera recuperación:

 

EL RAYO QUE ME ALCANZA.

 

Yo me erijo entre las noches,

anestesiando el dolor entre la ropa,

pues el rayo que me alcanza

sobre la descordura de mis manos,

se erige en la sombra de los parias.

 

Cuando la condena es no poder confesarse,

es un insulto recibir castigo,

y no hay alimento que deslumbre

la lealtad del pasado,

el nuevo desconcierto

y el retablo de sueños de futuro.

 

El rayo que me alcanza

no tiene muesca ni número de serie

sino una decimal aproximación,

un maremoto,

de pulsiones que vienen y que van,

que a veces ni me escuchan

y que claman libertad cuando son yugo,

ese tan propio,

que eleva al victimario a tan alto poder

que incluso mendiga la indulgencia.

 

El rayo que me alcanza

tiene un poco de cielo entre su risa,

un segundo de luz,

ese que empuja,

con la fuerza titánica de un Dios

a los desamparados de la vida

 

Y aquí estoy, o estamos

para decir sin trampas

que la verdad perdura

y siempre en la baraja

hay un angélico comodín para el que sufre.

 

La cuestión es no perderse deslumbrado

ante el repóquer de quien aprisiona

en celdas de versiones la palabra.

 

 

 

Pensar a más

Pensar a más, descuento, partir en doble fase,

ni acomodo ni aliento, un reto en una frase,

quebrándome en mil trozos, cuando el silencio calle

y los ojos abiertos acierten a enturbiarte

 

Pensar a más, intento, de lejos, desterrarte

inundarse, surgir, retornar, retomarte,

irrigado en añil, en extremo aceptable

desigual infinito en reto descartable

 

Pensar a más, pensando, viviendo cada instante

pensamiento guarida de impuesto inacabable

siempre siguiendo aquí, rotando en cada parte

dibujándote en gris, sin embargo anhelarte

que fácil es sentir, qué difícil amarte.