El truco del faquir

Viajo, a veces, con las manos vacías,

queriendo coger turno en la rebusca,

de todos los objetos imposibles.

 

Creo que existe alguno para mí,

la línea de mundo,

que visibilizará mis partículas,

en el corta y pega de los tiempos

y así,  transito, a veces,

sin tener destino,

nómada que busca

su primer asiento en la Academia

de hacedores del destino.

 

Confieso que prefiero el ácido a la tarta,

la pasión de las letras capitales,

capitulares, también, de este principio.

 

Amo a todos los pies que se descalzan

sobre la rugosidad del esparto,

los que se mecen sobre el mayor número de clavos,

aquellos que persisten,

nadadores,

de la desembocadura de las páginas.

 

Soy aprendiz de faquir,

buscando el truco,

para no dolerme.

 

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Millas

Hace falta más que un aliento,

para proseguir millas,

romperse a jirones tras el asfalto,

conociendo que no llegarás a tiempo a la meta

porque ninguna meta está prevista para ti.

 

Correr tras el tiempo,

en rebeldía,

a todo destino impuesto,

a todo lo previsible,

para hacer imposible

la derrota.

 

Sí, correr

correr salvajemente,

pegado a la tierra, arañando arena,

masticando,

los sinsabores de las aceras.

 

Hay quien dijo que ya no hay tregua

para los malvados.

 

 

Primeras piedras

Gentes

que dicen que hay que confiar en el destino,

como si existiera un hilo conductor de las cosas,

y pudieras esperar sentado,

tomándote esa taza de café,

más tarde o más temprano,

la partida tomaría sus cartas,

arrebatadoramente:

Un as de oros

sobre la temperatura de tu taza.

Gentes

que dicen que el destino se piensa,

basta imaginar que es posible,

y verse reflejado,

con el globo terráqueo.

De algún modo, todos somos polvo de estrellas

acariciando los laureles

en la frente del éxito.

Gentes,

que dicen.

desconecta,

descansa,

lo verás más claro,

cuando lleguen los primeros frios

y la escarcha cubra parte de la ventana.

No te engañes,

si tu no pones las primeras piedras,

las segundas, terceras, cuartas, quintas…

bajo el sol arrebatador de agosto

sudando tu camiseta,

por mucho que lo esperes

no habrá hilo que te lleve

un as bajo la manga,

por mucho que lo imagines

no portará tu sien

ni el más minúsculo laurel

ni siquiera el viejo boleto

para un pase de los miércoles

!Pon, de una maldita vez,

esas piedras!

Me estoy cansando,

de esperarte

al otro lado.

Posdata: Tu otro yo