Desatando el ovillo

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Cuando nos replegamos ante algo negativo, la mente, a veces, convierte nuestras hebras ordenadas en nudos. En ocasiones nosotros mismos somos nuestro peor adversario.

Ahogarse en el propio charco,

y amarrarse las venas,

para gritar hacia dentro,

conteniendo,

la sangre en las arterias.

Siempre es complicado

detenerse,

ante el ir y venir de las olas,

apresarse

en la propia cárcel

mientras la mente

hace su trabajo,

sin herramientas

ni hilo de sutura.

Cuando la mente trabaja

y el corazón se desespera,

ningún lugar es bueno

para esconderse

hasta que escampe la tormenta.

Encrucijada

En todos los caminos,

hay una encrucijada,

la decisión,

la dirección,

la nota,

que pone tensión a todos nuestros pasos.

Sin embargo,

olvidamos,

que quizá esté más cuerdo el bufón que el rey,

que da igual la ruta,

si sabemos mirar sinceramente.

No te inquietes,

no siempre la balanza,

va más allá del resultado emocional.

Para caminar sobre el agua,

solo hace falta liberarse,

de la presión de alcanzar un buen destino.

Ese oasis, el equilibrio,

reside solo en ti,

aunque no camines.

 

 

 

Saco de boxeo

Un saco de boxeo

desencajándose,

a los golpes.

 

Muchas veces me siento

el propio saco,

desterrando,

mis contornos,

concentrando el impacto,

el saco golpeado, inanimado,

en su vaivén,

retorciéndose…

El ambiente es plomo sudoroso

escasea la luz,

y tal vez el oxígeno…

 

Hay veces

que también soy el púgil

hiriente en sombra,

en la rebusca,

de las emociones derrotadas.

 

No me gusta este combate

ni las cuerdas del ring,

esta batalla

no es más que una huida.

 

Hay veces que me siento

un saco de boxeo.