Los árboles creen en ti

      ¿Quién no ama los árboles?

 Los árboles son las metáforas que abrazan los conceptos, aquellos que se forjan con el entendimiento. La madera implica un proceso lento. No podemos tallarla con prisas. El fruto de la anticipación puede ser un fracaso. La madera/ concepto si nos apresuramos no nos dará el fruto buscado sino una proyección defectuosa.

      El entendimiento implica funciones racionales e intuitivas. Nunca como esferas estancas. En realidad, son como las vetas del tronco, una parte de la misma parte. Por eso, si la razón se lleva al límite no da espacio a la intuición, y si la intuición se lleva al límite no da espacio a la razón.

     Para aprender a tallar despacio la madera, la intuición debe acostumbrarse a lo material. Cultivar el trigo, amasar el pan y hornearlo. Los panes son así el tributo de la sabiduría. La integración del entendimiento. Si lo logramos, claro que se multiplicarán.

   Si tenemos en mente miles de formas de crear atractivos panecillos, pero no establecemos una mínima organización, caeremos en dos escenarios que pueden ser ruinosos. Uno, el más común, la procrastinación, y la idea se queda en eso, en una idea. El segundo que intentamos hacerlo y la falta de previsión hace que nos sobre el agua o la harina.

     Para que la razón pueda tallar despacio la madera debe aprender a pescar. Los peces son los talentos, aquellas ideas que nos vienen de golpe. Si las sometemos al estricto sentido de la razón, el pez no abrazará el anzuelo. Si creemos en la idea, tendremos peces de colores y claro que se multiplicarán.

     Si tuviéramos que realizar todas las tareas preguntándonos sin cesar cómo, acabaríamos no haciéndolas. Conocéis la historia del Ciempiés y el sapo burlón. Cuando el sapo le preguntó en qué orden se movían sus patas, el ciempiés empezó a dudar y acabó sin poder andar.

    Con un cesto de panes y de peces estamos listos para empezar a preparar el banquete. Nos faltan las uvas. Ahora sí es tiempo de ir a recolectarlas. Y dejar que se fermente el mosto en su justo equilibrio.

   El secreto no consiste en la proyección, sino en lo que ocurre después de proyectarla. No hay realización sin acción y no hay acción sin superar los miedos. Para proyectar necesitamos la razón y la intuición, saber lo que queremos y lo que necesitamos para lograrlo. Una vez que tenemos en nuestras manos esa copa de vino necesitamos la acción.

Por eso la última letra siempre llama a la confianza.

Proyección

Cuanto más me imaginas,

más me alejas,

proyectándote entre mis densidades,

y todo es más opaco,

ilusorio,

el alea sin rumbo,

la bienvenida al caos,

entre la confusión de tus abrazos.

Cuanto más te imagino,

más te alejo,

proyectándote en mis oscuridades,

y todo es más difuso,

mi tierra se hace yerma,

y todas las rosas se marchitan

a la entrada de mi puerta.

Solo hace falta mirarse.

Las manos amantes

se moldean

para unificar sus nombres

en la primavera de los besos.

Muchas veces hablamos de las reglas del juego de la vida, si se pueden llamar así. Quizá una importante regla es no superponer imágenes. Imaginaros una fotografía que la superponemos y mezclamos con otra, no vemos nada claro. Pues todo funciona igual. La proyección psicológica puede ser negativa (proyectamos nuestros defectos o miedos) o positiva (proyectamos nuestros deseos o las cualidades que buscamos). Que esa proyección sea positiva tampoco quiere decir sea buena, pues si proyectamos en otro cualidades que esperamos y no las que tiene no le miramos tal cual es. Quizá no le estemos amando a él o a ella, sino a una ilusión. Si deseamos algo, tenemos una meta, y añadimos a esa meta imágenes de miedo o nuestras inseguridades, lo que veremos será confuso. Y así resultará complicado encontrar el camino para lograr nuestro propósito. Enfoca. Mira, observa. Vive, simplemente.

Babel

    Escuchar,

       ser como un junco

obviando la rigidez del tronco

y la descompostura de la máxima

que siempre cuenta la historia a su manera.

         La puerta de los dioses,

el adobe cromado,

el ágora,

la recurrencia métrica que expresa

el templo de las aguas,

                  quién dice que tu caos no es tan humano,

como el desafío de tu torre,

el diluvio, la noche, y las contiendas.

  Quizá es hora de reconocer que la soberbia

se da en todos los bandos entre lides,

y que el entendimiento no es una torre en ruinas,

sino un propósito de buena voluntad.

Convergentes

Si pudiera,

revertir el viento,

y traerte,

galopando,

si pudiera,

alistarte,

en ocho puntos cardinales

a las coordenadas de la paz.

Si yo pudiera…

traerte,

no sería dificil

expresarte

que no hay tanta diferencia

entre la compostura de tu corcel,

y la sagacidad del unicornio,

la elegante figura de pegaso,

y los pies ligeros de Aquiles.

Si pudiéramos

apostarnos,

entre las manos tendidas,

manos abiertas,

en las trincheras de la vida

con la sola palabra de la Paz

Solo pido( y tanto…)

 Siempre he pensado- y sé que es difícil- que las relaciones sanas tienen que tener un espacio de tregua. Incluso que es bueno que sea un espacio físico, en donde poderse purgar y hablar sobre los conflictos, dejando fuera de su puerta al orgullo.

 

Un espacio pequeño.

un cajón de comienzos

en un rincón de invierno,

iluminado, abrigado

de sol intenso,

de fumata blanca,

de basta ya,

de estoy contigo,

de te comprendo.

Una terraza para avistar estrellas

y un telescopio hacia tus paredes,

un micrófono de viento,

las ondas de la luna,

navegándote

y navegándome.

Conectándonos.

Solo pido

un espacio pequeño,

un rincón para la tregua

sin trincheras,

la caja de resistencia,

la caución,

la garantía,

poder abrazar tus olas,

un espacio entre las dunas,

un dique hacia tu mirada,

una escalera de hojas,

la chimenea encendida,

otro punto de partida,

por turbulenta que sea

la fuerza de la marea.