Fortaleza

Después de una gran batalla interior, siempre habrá un amanecer en la mirada.

Cuando la noche comienza  

                                                 desasida

de toda barandilla que recubra

                                                    su silencio,

 el insomnio es ajeno al claro de la luna,

y tú,

ese ser desnudo,

sin estampa que lo proteja

                                          inexorablemente

del insistente periplo entre las sombras,

Los argumentos se nos entrecruzan

para disimular sus desaciertos,

                                              es el delirio,

de la mente traicionera que te ofrece

las rebajas del sol para calmarte.

Cuando las bocas están llenas de palabras

se pegan a la ropa,

 se llevan a rastras,

carcomidas,

en la gangrena de la esperanza,

No te digas, no te llores,

no te pienses , no reclames

toparte en las esquinas

con un salvador de baratijas.

Respira hondo, pues,

entierra los desechos de tu porte,

sobrevolándote,

levitándote,

abrazándote,

en la comprensión de que desde ese momento,

el cielo ya no callará para tenerte,

pero tampoco el infierno querrá arrebatarte tu vestido.

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El rayo que me alcanza

Después de unos días de obligada actividad en otros ámbitos e inactividad del blog, ahí va mi primera recuperación:

 

EL RAYO QUE ME ALCANZA.

 

Yo me erijo entre las noches,

anestesiando el dolor entre la ropa,

pues el rayo que me alcanza

sobre la descordura de mis manos,

se erige en la sombra de los parias.

 

Cuando la condena es no poder confesarse,

es un insulto recibir castigo,

y no hay alimento que deslumbre

la lealtad del pasado,

el nuevo desconcierto

y el retablo de sueños de futuro.

 

El rayo que me alcanza

no tiene muesca ni número de serie

sino una decimal aproximación,

un maremoto,

de pulsiones que vienen y que van,

que a veces ni me escuchan

y que claman libertad cuando son yugo,

ese tan propio,

que eleva al victimario a tan alto poder

que incluso mendiga la indulgencia.

 

El rayo que me alcanza

tiene un poco de cielo entre su risa,

un segundo de luz,

ese que empuja,

con la fuerza titánica de un Dios

a los desamparados de la vida

 

Y aquí estoy, o estamos

para decir sin trampas

que la verdad perdura

y siempre en la baraja

hay un angélico comodín para el que sufre.

 

La cuestión es no perderse deslumbrado

ante el repóquer de quien aprisiona

en celdas de versiones la palabra.

 

 

 

Cuatro tesoros

   Como regalo de esta Navidad me gustaría que penséis en un bosque, frondoso en roble, luz, aterrizando sobre el acantilado.  Hay cuatro árboles y  en cada árbol hay un tesoro

    LUZ. El primer regalo es el árbol de la luz. Os trae la lanza, llamadle lanza de Lug, de Trium, o el oriental y magnífico puente flotante entre los cielos. Cuando no tengas fuerzas, piensa en tu lanza, aquí la tienes, para traerte el sol y la montaña. La pureza del bien.

   PLATA-El segundo árbol te regala la espada. Es una espada de plata, llámale espada de Nuada, Excalibur, o la espada torneada en esmeraldas. Es el poder alquímico de la plata. El proceso inverso. Plata, hojalata, lo menos, siempre lo menos. Las manos siempre abiertas al día.

      La lanza y la espada convergen en la misma fuerza. Por eso ambos árboles están unidos formando un puente. Para un buen gobierno siempre es preciso el equilibrio de valores. No debe perturbarte el deseo de que la plata que se vuelva oro, lo esencial es el proceso inverso, el oro que torna la plata, pues hallarás en el camino hacia lo menos, el reencuentro con el hombre. No queremos transformar el oro en plata, sino enriquecer nuestro proceso interior.

  ABUNDANCIA- El tercer árbol trae el caldero, llámale de Dagda, de Thor, o un caldero, en el sendero del viento. La abundancia de la cosecha. Los panes y los peces. Los recursos limitados en ilimitados. Ningún hombre tiene poder sobre la tierra y los recursos son dados para todos. El compromiso.

TODO Y NADA- El cuarto árbol os regala la piedra del destino, llámale de fal ¿El grial?, más que eso, el origen de la vida. El principio y el fin. La conexión telúrica con el universo.

           Los cuatro tesoros son alegorías. No son objetos reales. Sabiduría, valentía y fuerza.  La lanza más poderosa, la fuente del movimiento, el nudo gordiano de la espiral. Actúa por el bien. Cuando unimos nuestra espada y nuestra lanza encontramos la piedra del destino y en ese momento somos plenos, nada nos envilece. Fuerza para emprender el camino, valentía para seguirlo, sabiduría para usar el conocimiento.

         Deseo que en vuestras vidas estén presentes estos tesoros cada día.

Torno mi lanza en luz

Iluminando

el sendero del aire

ese puente flotante entre los cielos

el camino no me parece agreste

torneando la planta en esmeralda

oteando al sol

contaminando los ojos

de la bendición de loto

y del suave aroma de los nardos

FELIZ NAVIDAD.

Mujer Sirena. Reina de las mareas

Para amarte

Visité las nubes de tus ojos

Compartí cicatrices, desencuentros

revolviendo tiempos, asumiendo asertos

amurallando el viento del despojo

Para amarte,

Pretendí respirar en superficie

Y me jugué todos los créditos

todos los comodines del silencio

por no decir aquello no que no dije

Para amarte,

Devolví las notificaciones de despecho

apostando en todos los recuentos

e intenté dar cobijo a las baldosas

de tu viejo cuarto de dinteles grises

Y ahora que

tú decides impasible

que no hay nada que hablar

que es tal vez el destino o  la marea

la que al final nos lleva

y no hay timón para guiar

No lamento la batalla ni la suerte

ni el desamor, ni el destiempo, ni la herida

Me siento poderosa

en el fondo,

todo ese esfuerzo

me ha hecho fuerte

Guerrera

Estratega

Libre.

 

 

Resilencia

Resilencia

Saqueando el miedo, obviando…

Duele recoger las partes de un último quiebro

Todos somos un poco débiles

Flaquea la fuerza al recomponerse

Pero es esencial comprender

aceptar el fracaso como primera piedra del futuro

 

Otra noche más perturba mis pensamientos

Lo reconozco, muchas veces dudo

Pero ello no evita que al nacer el día

Deba seguir siendo

 

Batallas cotidianas, quizás, las más complicadas