El vaso medio lleno

Hay días que son

acantilado,

recipiente del mar,

de ese de dentro,

y pirotecnia

de todos los sentidos.

Cascada sobre dunas,

turbulencia,

esculpiendo la luz.

 

Cuando la luna que habita

tu noche o tu desencuentro,

vista de negro tus alas,

y el tic tac del reloj

torture todos los motivos,

retoma sus aires,

pues esos días son mapa,

amaneceres,

coronándote,

en el gobierno de los vientos.

 

 

 

 

 

23 días

23 días,

penitentes,

por un golpe de quimio,

cabalgando

como una pena sin ley,

en el código de todas las sonrisas.

Cuántas veces

se hacía mudo el silencio,

retándonos,

impotentes,

sobre la extrema luz de esos ojos

hacia el infinito.

Cuántas veces,  campeona,

frente a las cédulas de la ira…

 

23 dias,

cuántas veces,

sobrepasando los decibelios de todas ordenanzas,

enredamos la música hasta los cielos,

mientras bailábamos

para saciarnos de angustia,

tacónes sobre el suelo,

desatando

los timbales del miedo,

arrebatándonos,

los minutos que restan.

 

23 días.

cosiéndonos los hilos,

para no perdernos

y no dejar de verte.

Miedo

En el círculo giratorio de tu ombligo

te carcome la impotencia

te paraliza el miedo

ese miedo/ deseo, anhelo/ miedo, miedo/ angustia

roturando el inicio de tus intestinos,

colmándote de bardas

sobre las ruinas de tus fotografías

Es cómodo impedirse la salida

Ahogarse con las propias manos.

atraparse, enmarañarse, olvidarse, renegarse

La impotencia siempre claudicante

Idealizando la resignación,

alabando la mediocridad del conformismo

en falsa humildad decolorada

La impotencia como gran muralla de los días que nunca comienzan

del  futuro que nunca viene

La palabra no dicha

Sé fuerte, por una vez, maldita sea, sé  fuerte

Y no renuncies a tu vida

 

He aquí de nuevo, tú

Podríamos afirmar que cada libro es un reto, una puerta abierta a un mundo diferente.Pero hoy curiosamente en lugar de realizar alabanzas a la magia de la lectura como sería propio, me sumerjo en las augas de la inquietud, para recuperar un poema escrito hace un año sobre la “belleza” de la superación del fracaso. Porque todo resurge, tú también lo harás.  He aquí de nuevo, tú.

 

Ruptura, desesperación, salto, vacío, noche

Digerir el sinsabor sin tener edulcorante

Destronarme y destronarte.

Ya no hay espacio en este papel

ni tinta para rellenar otro capítulo.

 

Es curioso,

en estos momentos de desolación

también hay quietud,

la observación serena del movimiento impropio,

queda reflejada en la fotografía de mi historia.

Y no es resignación ni abandono,

es confianza

en que la fuerza de la vida irá retomando mis pasos por segundos

en mis propias manos dibujando

una nueva cabecera a este tiempo

transformándolo en arco iris de sonidos

 

Dicen que el recuerdo es selectivo

aún así conservo

el retrato de una herida sobre mi cuerpo

para decirme y para decirte

que no hay ruptura, ni desesperación, ni salto, ni vacío ni noche

que no pueda recomponer el universo,

en trompo, rotación y precesión constante

luna de mis soles trasmutada

 

Y he aquí, de nuevo, tú,

sobre los polos,

majestuosamente humano y poderoso

 

Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que… Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.

 

Reinvento mi grito, hoy

no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

ni siquiera el alcohol más puro,

aunque se mezcle con miel y aguacate.

En esta historia, me he perdido algo

y no soy ya capaz de seguir el hilo

Todo me suena a teleserie,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

demasiado drama  para una comedia.

Pero, es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate de esta vuelta

sin billete de ida a mi particular infierno.

Es latoso tener que resurgir,

aunque todos lo hacemos,

pero hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos.

 

 

He aquí de nuevo, tú

Ruptura, desesperación, salto, vacío, noche

Digerir el sinsabor sin tener edulcorante

Destronarme y destronarte.

Ya no hay espacio en este papel

ni tinta para rellenar otro capítulo.

 

Es curioso

sin embargo, y tú lo sabes

en estos momentos de desolación

también hay quietud,

la observación serena del movimiento impropio,

queda reflejada en la fotografía de mi historia.

 

 

Y no es resignación ni abandono,

es confianza

en que la fuerza de la vida irá retomando mis pasos por segundos

Fe, sin duda, consciente

de mis propias manos dibujando

una nueva cabecera a este tiempo

y transformándolo en arco iris de sonidos

 

Dicen que el recuerdo es selectivo

aún así conservo

el retrato de una herida sobre mi cuerpo

para decirme y para decirte

que no hay ruptura, ni desesperación, ni salto, ni vacío ni noche

que no pueda recomponer el universo,

en trompo, rotación y precesión constante

luna de mis soles trasmutada

 

Y he aquí, de nuevo, tú,

sobre los polos,

majestuosamente humano y poderoso