Las manos del diablo

Las manos del diablo

tejen fuertes

las enredaderas del silencio,

los rincones del miedo,

los olvidos,

las amargas cadenas de los cuerpos

Hace tiempo que medito sola,

encabalgando los versos

que visitan huidizos

las terribles cábalas,

la güija visionaria

que desentierra

las ánimas ausentes.

Prometeo ya no trae el fuego,

ni hay démones en los banquetes,

La sombra, acostumbrada,

a la sinrazón del devenir constante

de la superviviencia.

No es firme el suelo que pisamos,

porque la mano del diablo teje

las enredaderas más obtusas,

quebrando la materia de los hombres,

trastocándolas

en patéticas marionetas de un carnaval hambriento

de un carnaval saciado

por la sumisión a la mentira

en la publicidad del autoengaño.

Si el camino es la muerte

y he aquí la muerte en vida,

postrada en la suerte de un telediario

y las golosinas de una tarde de invierno.

La única forma de salir de este miserable giro

es comprender que el diablo

es fuerte

porque nos creemos débiles

e ignorantes.

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Mala noticia para los instagramers

Tú,  no eres la flor de la vida

ni el astro del comienzo,

ni siquiera un átomo

de una intensa identidad de entrega,

expandiendose,

por todas nuestras finitudes

por muy irreversibles que parezcan.

 

Estas prendido de una telaraña

en una irrealidad opaca.

Nunca estarás lo suficientemente arriba

para no caer

en picado

sobre las colinas de tus miserias.

 

No hay más pobreza que la del alma,

entregada a la putrefacta mentira

de creerse distinto.

 

Rompe el cartel publicitario,

todos somos lo mismo,

mientras gima el mundo

alaridos de desgracia,

guerra,

hambre,

tu nunca serás perfecto.

 

Siento darte esa infeliz noticia

sobre el papel de tus vanidades.

 

La verdad

La verdad

rota sobre el yeso impreso

La creta de unos ojos

Injuriosos

frente a la indomable presencia del abismo

Nadie crece mintiéndose

 

 

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Cedida gratuitamente por Geralt. Banco de imágenes Pixabay