Cuarto oscuro

Regresando,
al cuarto oscuro,
al lugar del miedo,
a la caja de bombas de la inseguridad.

Maldiciendo,
los pasos negros,
los habitantes oscuros
del moho de las paredes
y la humedad sudando las ventanas.

Conteniendo.
las manos pequeñas, las manos grandes,
la frontera de las pesadillas,
las noches de vigilia
en los barrotes de la sinrazón.

Oyes, lo oyes, una sirena
ruido,
estallido,
miedo,
más sirenas.

Oscuro.
Silencio,
nada.

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Dos noches( y tres días)

Tres días y dos noches,

pudiera ser el inicio de cualquier oferta publicitaria,

de una escapada a los infiernos.

Tres días en tu ausencia desgarrada,

tras el coraje del desánimo,

sobrepasando la espera,

amordazando todos los miedos

 

Tres días y dos noches,

dos noches como dos siglos,

clavándose los segundos,

desesperados

pegados al teléfono.

 

Es duro el silencio,

y la duda,

tras la sombra postrada

en tu fotografía

 

No me llores

2 noches y tres días

mintiéndome,

porque no te puedo llorar,

se me han secado las lágrimas.

Pequeño

Sentirse pequeño,

sufriendo en las aceras de la impotencia,

cultivando las flores del miedo,

sin poder cambiar

el camino.

Sentirse pequeño.

temiendo serlo,

pensando

que el pie es demasiado grande para no aplastarte

 

¿y sí todos gritásemos?

voz al viento,

para que nos devuelvas el eco,

El pie es simplemente un sueño de madera

No hay nada más pequeño,

que creérselo.

Miedo

En el círculo giratorio de tu ombligo

te carcome la impotencia

te paraliza el miedo

ese miedo/ deseo, anhelo/ miedo, miedo/ angustia

roturando el inicio de tus intestinos,

colmándote de bardas

sobre las ruinas de tus fotografías

Es cómodo impedirse la salida

Ahogarse con las propias manos.

atraparse, enmarañarse, olvidarse, renegarse

La impotencia siempre claudicante

Idealizando la resignación,

alabando la mediocridad del conformismo

en falsa humildad decolorada

La impotencia como gran muralla de los días que nunca comienzan

del  futuro que nunca viene

La palabra no dicha

Sé fuerte, por una vez, maldita sea, sé  fuerte

Y no renuncies a tu vida

 

Cuestióname

                Vivimos en una sociedad que teme a la cuestión, tiene miedo que se pongan en duda sus premisas y por ello califica negativamente lo que resulta contestatario o rebelde. Esta misma sociedad, paradójicamente, parece no importarle que se justifique la imposición por la fuerza de lo que ha asumido como premisa. Todos comprendemos que la sociedad ha de regirse por unas normas y tener unos límites básicos. No me refiero a esto, me refiero a las presiones, las imposiciones sociales, de grupo, el odio a lo diferente. Recordemos que bajo la afirmación de hacer un bien se han cometido grandes males.

        Cuestióname

No sigas mis pasos

Sin hacerlo

Cuestióname, discrepa

Transmíteme argumentos

Interrógame, pregunta

Se vehemente en la defensa de lo que piensas

Exprésate, no te limites

No te creas las conclusiones que ofrezco

Y cuando alcances el convencimiento

Entonces simplemente acompáñame

Pero nunca trates  de imponerme ni imponerte

Pues es el miedo el que se impone

Pero la autoridad se gana.