ORÁCULO

El cántaro a la fuente,

ese sendero,

entre el barranco de rocas , los abismos

con su promesa de frutos venideros,

ofreciendo el futuro entre su mesa.

La piedra en el camino,

el cántaro en pedazos,

que se clavan

como cuchillos encendidos

infartando el desacierto.

No hay oráculo,

entre los laureles.

Mis manos ya no se sienten

agitadas,

sobre la cerámica quebrada.

Las musas y las ninfas se entretienen

entre las aguas bulliciosas.

Si tu padre es un río,

es complicado,

no ser cascada en tormento,

correntía,

colapsando la geometría de sus ritmos.

Una voz me detiene

y me responde:

No busques la razón,

donde el dolor asienta

ni en el escenario del invierno.

Búscate entre los diez fragmentos,

de 122 estrellas

cuando cada aurora

muestre sus pétalos

para el regocijo.

de 153 rosas.

Hay una puerta abierta,

tras el laberinto de cometas.

Yo soy quien trae

el cesto de manzanas,

quien grita

que poder parir no es un castigo,

que mis curvas son las fronteras

en las que descansa la luna

y que mis hijos ya comprenden

el secreto de la rosa.

Yo soy quien trae

el cesto con las flechas,

desafiando

la gravedad de los dominios.

Fragmentados los muros,

ya no atienden

las palabras cautivas.

El oráculo / Sin rumbo

              Antes de partir hacia el círculo de Jano, Suib pensó que sería interesante consultar al Profeta, un alma errante que se vanagloriaba de su carácter antisocial no compartiendo el submundo con las demás, viviendo entre los árboles del Parque del Retiro.  Era un ser curioso, alto, alargado, parecía un hilo de humo. Era también algo maniático. Había que reclamar su presencia con un ritual, marcando en el suelo tres triángulos concéntricos, era una excentricidad del Profeta, pero si no lo hacías, no acudía.

            ! Cuanto tiempo, Suib!- exclamó el Profeta- cayendo sobre un banco con una fuerza inusitada. Voy de camino hacia el Círculo, he pasado por el túnel de las errantes. Es lamentable verlas. He visto acartonada a la vieja Bruja y todavía estoy impresionado- dijo Suib, mostrando mucha preocupación-Además creo que están invadidos por un gas. Al principio creí que era oxígeno, pero ahora lo dudo, porque no pude respirar.

          El aire que respiráis, explicó el profeta está compuesto, aproximadamente, por 78,08 % de nitrógeno,  20,94 % de oxígeno,  0,035 % de dióxido de carbono  y 0,93 % de gases inertes, como argón y neón.  No respiras oxígeno puro, Suib. El oxígeno nos impone una paradoja. Si respirases oxígeno puro continuamente se colapsarían tus alveolos pulmonares. No podéis vivir sin oxígeno, pero a medida que respiráis,  la cantidad de oxígeno define vuestro envejecimiento.  Yo no creo que lo que hayas experimentado no sea oxígeno, prosiguió, habría que hacer un análisis, pero me arriesgo a decirte que, al contrario, por lo que me describes, lo que hay es un exceso de oxígeno. Más oxigeno del tolerable incluso para ti, Suib, errante universal.

         Lo ideal es que no fuésemos tontos, afirmó Suib, y respiráramos solo nitrógeno, nos conservaríamos como una fruta envasada al vacío. El profeta rió. y le contestó : Me temo que la evolución determinó que respires oxígeno, necesitas tu nivel oxidativo. Es el pago de la ley de la evolución, el envejecimiento y la muerte

        ¿Tú crees de verdad hubo un paraíso como el bíblico con otras condiciones? Preguntó Suib.

        Sabia pregunta, incluso imposible para un Profeta- le contestó-No, no lo creo, un cuento del Paraíso, manzanas y eso,  pero entiendo que quizás algo diferente pudo haber, distinto, que pudo haber marcado otra adaptación de los organismos vivos y que por algo se fustró.

    Tu sabiduría me asombra- dijo Suib-Me quedaría años aquí divagando contigo pero tengo que seguir viajando, a ver si encuentro algo que explique el atasco de los Puentes.

     El Profeta se marchó rápidamente,  tal como había llegado, no sin antes regalarle a Suib este consejo: “Sigue adelante, sigue adelante, pero no dejes de mirar cada paso que diste hacia atrás”