En ese espacio,
milimétrico,
imperceptible,
entre tu y yo,
habita todo el paisaje que es posible imaginar.
Imaginarte es quererte.
En ese espacio,
milimétrico,
imperceptible,
entre tu y yo,
habita todo el paisaje que es posible imaginar.
Imaginarte es quererte.

Mi única contraseña
son tus besos,
porque tú eres
la temperatura de mi pensamiento.
Quisiera ser sonido de tus faros
la guía de tus ojos,
la bengala,
aquella que te alumbre
todas las madrugadas
para que puedas arribar sobre mi nombre,
resurgiendo,
entre las olas de invierno
que ya anuncia
el samain venidero,
cabo de año,
sobre una escalera,
repleta de castañas.
Quién pudiera,
conjugar los sueños en un verbo
que solo signifique
amor
Cuando me besas
tus ojos visitan los míos
y se sueñan en tiempo infinitivo,
para recordarse en el presente
Por eso, es tan fácil amarte.
Mis versos son tus ojos,
demandando,
el abrazo de todas las mañanas.
Tú eres el mejor poema de mi vida.
No necesitas preguntarlo.
No hay mejor oráculo
que la noche,
descendiendo,
sobre el firmamento de los besos.
No hay mejor buenaventura
que tus labios,
reposando
sobre el mosto exprimido.
No hay mejor respuesta
que tus manos,
acantilando,
las dimensiones de mi cuerpo.
Las miradas
distendidas,
sobre las vides que anuncian
el verde paisaje de septiembre.
Te amo.
Lo sabes.
No necesitas preguntarlo.
Las vocales son amantes
de la matemática perfecta de tus labios,
resguardados
en las barandillas de mis besos.
Es curioso que en Agosto añore
esa luna de abril,
la primavera,
y ese olor a hierba mojada,
envejecer, sentir, desarroparse
sin paradas de tren,
ni escapularios,
sin ofrendas,
sin perseguir estrellas,
detenida
en el sabor aguamarina
de tu nombre
posado
sobre mi piel.
Es ahora cuando pienso,
que, quizá nunca es tarde
para abrazar el origen,
mar de luces,
perdiéndome en ti,
existiendo en ti,
mutándome,
contagiándome,
de la cordillera de tus besos
Destiendo la ropa en el patio de tus ojos,
buscando la subversión de tus sentidos,
la aurora que irrumpa la rebelión de las formas
en la marejada de todos los pensamientos.
Lo confieso, me gusta recostarme sobre ti
pensando
que todos los océanos son abarcables