Solsticio

Entre las manos,

las cuatro hojas del trébol,

las cuatro puertas,

hacia mayores dimensiones,

el tacto de tu sonrisa

y el aire revelando,

el aliento próximo,

el transito

del fuego.

Hijo de la tierra,

rueda,

sobre el arco iris de los nombres

desatando

la fuerza de los elementos

porque cuando el sol se detiene

tus ojos,

iluminan mi mundo.


Pues claro que te amo

Si una nube extraterrestre

invadiera esta atmósfera

se quedaría perdida, entre tus ojos

para hacerse aurora, en todas tus mañanas.

Tendría que haber mil lunas,

              custodiando,

la rotación terrestre de tu rostro

la traslación de los sentidos

y ese océano inexpugnable de tu mente,

cuando me preguntas

si te amo.

Claro que te amo,

con todas las letras,

                       y en cada una

de todas mis posibles vidas.

A veces el amor

A veces el amor

Se hace jirones,

Impresencia constante

Quemarropa,

Un final advertido y previsible.

A veces,

Pero otras,

Esas otras,

Tan benditas,

Te abrazan a una piel

Con nuevos ojos,

Y te devuelven la vida

En un instante.

Es la danza del cortejo

Sobre un balcón de nuevas golondrinas.

Sonido

Quisiera ser sonido de tus faros

la guía de tus ojos,

la bengala,

aquella que te alumbre

todas las madrugadas

para que puedas arribar sobre mi nombre,

resurgiendo,

entre las olas de invierno

que ya anuncia

el samain venidero,

cabo de año,

sobre una escalera,

repleta de castañas.

 

 

Quién pudiera,

conjugar los sueños en un verbo

que solo signifique

amor