Temperatura

 

A más de cien grados centígrados

la temperatura,

me alimenta,

aproximándonos,

álgebra bendita,

raíz exponencial de nuestro encuentro.

 

Porque temperatura

son tus ojos,

esos que reposan sobre los míos,

invitándome,

a transitarte en presente,

infinitivo,

primera de las conjugaciones

del verbo del amor.

 

Y temperatura

son tus manos

sobre mi cuello,

masajeando en sol

y deslizándose,

entre la curvatura de mi espalda,

volteando,

la clave imaginaria

todo pensamiento.

 

Y temperatura

son tus besos,

camuflados

entre mis labios,

navegantes,

distraídos,

esos besos

conjunción copulativa

de tu primavera en mis inviernos.

 

Temperatura,

eres tú,

liberado de ti,

de verbo impetuoso

y verso acantilado

 

Eres tú,

en más de cien grados centígrados

agua en oleaje,

sumando

la temperatura

de mi cuerpo.

 

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Atemporales

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Cuando me besas

tus ojos visitan los míos

y  se sueñan en tiempo infinitivo,

para recordarse en el presente

Por eso, es tan fácil amarte.

 

Te amo

No necesitas preguntarlo.

No hay mejor oráculo

que la noche,

descendiendo,

sobre el firmamento de los besos.

No hay mejor buenaventura

que tus labios,

reposando

sobre el mosto exprimido.

No hay mejor respuesta

que tus manos,

acantilando,

las dimensiones de mi cuerpo.

Las miradas

distendidas,

sobre las vides que anuncian

el verde paisaje de septiembre.

Te amo.

Lo sabes.

No necesitas preguntarlo.

 

Cobarde

Me duelen tanto sus lágrimas

que hoy te llamaría cobarde,

por no amar lo suficiente,

por no salir a buscarla, calle abajo,

aunque fuera preciso descender a los infiernos

y hacerla reina de tus besos.

 

Hoy te llamaría cobarde.

Ella no es feliz

mientras tú musitas

a regañadientes

su nombre,

creyendo que su vida empieza

en tu ombligo.

 

Hoy te llamaría cobarde,

pero el espejo me transporta

a otra dimensión,

años arriba

y te veo viejo, gris, atormentado,

gritando a los cajones y a la mesa

golpeando su ausencia,

martilleando el nombre

de una mujer que desconozco

 

Y agradezco al destino,

más de lo que tú creerás nunca,

por su bien

que hayas sido cobarde.

Abril

Es curioso que en Agosto añore

esa luna de abril,

la primavera,

y ese olor a hierba mojada,

envejecer, sentir, desarroparse

sin paradas de tren,

ni escapularios,

sin ofrendas,

sin perseguir estrellas,

detenida

en el sabor aguamarina

de tu nombre

posado

sobre mi piel.