Me lees un poema

Me lees un poema,  tú me dices,

y yo, por complacerte, te lo asiento

se buscan las palabras en mis dedos

que han de responder, evanescentes,

entre las llamaradas de mis versos

El mar está picado, tú me dices,

en lenta desestiba de miradas,

la luna se descorcha entre licores

armándote en escriba de mis ojos

Me lees un poema, tú me dices

y yo por complacerte te lo asiento

zizageante timonel converso

a la ondulada curva de mi literatura

y la planicie clara de tus besos

Me lees un poema, tú me dices

y yo, pausadamente, te lo asiento

 

 

 

Extraños

Somos dos extraños

compartiendo café y galletas

costumbrismo nocturno

en el croma apaisado de unos ojos

lagrimeantes en mar

rememorándose

 

Somos dos extraños

unas abandonadas gotas

fugitivas en agua

detrás de una lluvia que ya no purifica

presencia en ausencia

sobre los cristales de la rutina

Lamento

A veces lamentamos  no haber comprendido la posición del otro. Sentir lo que sentía.

 

Silente, ese viento, latiga, lastima

sorprende tus olas en su lenta huida

trémulo y distante, un soplo en herida

litiga en mi contra rebatiendo días

y en proceso inverso, encrespa mi vida

deteniendo sueños en lunas perdidas

Tus ojos, los míos, por cruzado intento

laminando notas en papel de fuego

sintiendo que siento lo que tu sentías

sumando sonidos, lamenta, latiga…

Augurio

 

Se alza un viento que mece las palabras

cada vez que te nombro

amurallándose el mar en mil matices

sobre las barandillas del recuerdo

 

Cada vez que te nombro

cada beso que en sueño me has dejado

difumina el contorno de mis lagos

iluminando mis noches

 

Presagio de soles sobre mi cintura

tejiéndote las alas

que has de vestir en este encuentro

 

 

 

Pantalla del sueño

 

 

En un tiempo que rompe las pantallas del sueño,

Yo te busco, te anhelo, te deseo y te encuentro,

siempre somos los mismos, en guiones sin dueño

una huella de amor en instantes distintos

de recuerdos prohibidos, recordando su ausencia

una mano entreabierta, una puerta perdida

la palabra que acierta, un sonido, un suspiro

de la vida que crece, en instantes distintos.

No me dejes de amar

 

No me dejes de amar

aunque no brillen mis ojos

aunque mi sonrisa haya tropezado en amargura

y  la tarde no traiga nuevos frutos

No me dejes de amar,

solo recuérdame  y cuentáme

como la vida litigaba entre mis labios

y no había templo para el dolor

ni angustia que sobrecogiera mis rodillas

 

En cualquier momento

el águila que me empuja

el totem de la vida, la rueda mágica

retornará y girará de nuevo

la puerta de tus mundos y mis mundos

Y en cada tramo de noche

te amaré como si no hubiese días

te amaré hasta dejar mi piel entre tu risa

en las hogueras desafiantes al mar

salvaje de San Juan, solsticio y fuego

para compensarte cada sombra

por una luz de luna en primavera

 

No me dejes de amar

y yo prometo no dejar de amarte