Roce

En ese espacio,

milimétrico,

imperceptible,

entre tu y yo,

habita todo el paisaje que es posible imaginar.

Imaginarte es quererte.

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Sonido

Quisiera ser sonido de tus faros

la guía de tus ojos,

la bengala,

aquella que te alumbre

todas las madrugadas

para que puedas arribar sobre mi nombre,

resurgiendo,

entre las olas de invierno

que ya anuncia

el samain venidero,

cabo de año,

sobre una escalera,

repleta de castañas.

 

 

Quién pudiera,

conjugar los sueños en un verbo

que solo signifique

amor

 

 

 

 

Te amo

No necesitas preguntarlo.

No hay mejor oráculo

que la noche,

descendiendo,

sobre el firmamento de los besos.

No hay mejor buenaventura

que tus labios,

reposando

sobre el mosto exprimido.

No hay mejor respuesta

que tus manos,

acantilando,

las dimensiones de mi cuerpo.

Las miradas

distendidas,

sobre las vides que anuncian

el verde paisaje de septiembre.

Te amo.

Lo sabes.

No necesitas preguntarlo.

 

Cobarde

Me duelen tanto sus lágrimas

que hoy te llamaría cobarde,

por no amar lo suficiente,

por no salir a buscarla, calle abajo,

aunque fuera preciso descender a los infiernos

y hacerla reina de tus besos.

 

Hoy te llamaría cobarde.

Ella no es feliz

mientras tú musitas

a regañadientes

su nombre,

creyendo que su vida empieza

en tu ombligo.

 

Hoy te llamaría cobarde,

pero el espejo me transporta

a otra dimensión,

años arriba

y te veo viejo, gris, atormentado,

gritando a los cajones y a la mesa

golpeando su ausencia,

martilleando el nombre

de una mujer que desconozco

 

Y agradezco al destino,

más de lo que tú creerás nunca,

por su bien

que hayas sido cobarde.