Me duelen las manos
atadas,
en los cordeles de la paciencia.
deteniendo mi ahora,
en reloj durmiente,
y, ya voy,
contando todas las horas,
que me restan,
para conocerte.
Me duelen las manos
atadas,
en los cordeles de la paciencia.
deteniendo mi ahora,
en reloj durmiente,
y, ya voy,
contando todas las horas,
que me restan,
para conocerte.
Entrelazar los ojos,
sin que la distancia nos comprometa,
sin mayúsculas,
ni minúsculas.
Sentir sin pretensiones,
sin condiciones,
sin retos.
Sentir, simplemente, eso.
Hay veces que el amor no es que falte, es que es precario, insuficiente, por mucho que esté presente. Son esas relaciones que persisten, por rutina, pero nos van ahogando cada vez más.
ABANDONÁNDOSE
Añoro aquella risa que dibujó la tarde,
esa suerte de ángel vendida en todo a cien,
aquellas ilusiones expuestas a las mías,
el fuego de tu ropa, el sentir de la piel
Era todo tan fácil, pudiera ser mañana,
o tal vez en enero, cuando viniera bien,
nada tenía límites, y todo era posible
imaginado, intenso, derecho y del revés…
Pero la vida cobra peaje en desventura,
ya nada es lo que apura,
tu ausencia en la presencia,
se cobra mi derrota,
y aunque surja la duda
Ya nada es como ayer..
Me siento encarcelada, atada, algo apagada
me siento y no lo sé…
Y perdimos toda esperanza de entender el mapa (Seamus Heaney)
Sobre el verde atemporal de tus dominios
nada carece de sentido en los recuerdos,
el sol dando sobre las ardientes piedras,
me queman los pasos,
mientras marcas el rastro
que olfateo como loba hiriente,
sobre la cordillera de tus ropas.
No hay gruta que parezca un desafío,
porque cada paso niega al otro
y ,sorprendentemente, marcan el sentido
No es preciso preguntar a los espíritus
para hallarte entre la sombras
Allí donde tu casa se recoge,
no hay niebla,
ese infinito santuario de la palabra
acariciando mis labios…
Él seguía su rutina,
sofá de sábado,
periódico sobre la lata de cerveza
dormitando,
un oasis de palmeras,
el desierto de sus caderas
y aquellos ojos inmensos apaisajando
todas las tardes.
A ella le gustaba el silencio,
dibujar paisajes sobre los cristales empañados,
imaginando,
esos labios cálidos que perviven
como mundo paralelo,
sobre la monotonía…
Él y ella,
no se conocen,
quizás nunca lo harán
y sin embargo,
se visitan en sueños
Cuando los viajes se enredaban en postales
de caligrafía entrelazada,
las o en proyección al infinito,
la jamba de la g
y el verbo sinuoso de saberte
bienhallado al destino.
Cuando nuestras manos medían
los palmos de papel
y en los suelos se pintaban tizas,
yo ya había escrito tu nombre
en un relato de sensaciones.
Con texto de charanga y pandereta,
con pose de profeta:
He aquí quien dice ser poeta,
porte acabado, en suma, maquillado
en las trincheras de nuestro desconcierto,
que ya va a comenzar, en un momento.
Abre el telón y esto es una espuela
para seguir el guión aunque no quiera
Que no me digas que esto no es cosa buena
Nos vamos a reír, esto es nuestro poema.
Atroz el espectáculo y más atroz la escena
El arte con mayúsculas se me perdió en la espera
¿Y si volvemos todos a la escuela?
APLAUSOS, como no
Y yo, me salgo fuera
Un muro de hielo,
en un abrir de ojos
se derrite
entre los trapecios de mi inconsciencia.
Un castillo de infierno,
en un abrir de ojos,
se desmorona
sobre la raíz del pentagrama,
tambaleando las cartas,
sobre el tapete de las emociones.
Si hoy fuera Navidad,
no se comprendería,
que los faustos de turrón de chocolate
fueran primicia sobre los panes
que habrían de compartirse en el invierno
Si fuera Navidad,
no se comprendería,
la metralla oxidando los oídos
de la infancia indefensa
Si hoy fuera navidad
Si tal vez fuera…
En un abrir de ojos
Se va la magia,
desbocada en sol
entre los clavos de la alambrada.
Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido
Nada es igual que ayer,
al menos, como hoy lo ves,
lo que se va y lo que viene,
lo que fuiste y lo que tienes,
Nada es igual que ayer
Diferentes perspectivas
se disipan cada día
y aquello que te dolía
ya no te vuelve a doler
Y la luz que hoy alimenta
los rincones, las macetas,
la que tu cuerpo perfila
entre tonos violetas,
se tropieza en tu cintura
y tus brazos ya no dudan,
es el amor el que augura
y destierra la amargura
por aquello que se fue,
porque nada,
nada es igual que ayer.
No siempre fue ella
en blanca tez
sobre la curva de sus identidades
desconcertando al agua
en las coordenadas de los sueños
No siempre fue él
incorporándose
salvaje melodía siempre inquieta
entre los rostros que todavía restan
Dime, tú, si tú pudieras
comprender las dimensiones
de la dama que nace sobre el lago,
si tus ojos,
hubieran amanecido tecleando
sus inspiraciones,
si tú fueras,
aquel a quien busca el mensajero,
quizás,
ya hubieras tenido este sueño