Respiro

He quebrado las patas de la mesa

ya no hay espacio para comensales,

ni peces, ni vino,

ni siquiera uvas,

para una agradable sobremesa.

Los cubiertos no encuentran mensajeros,

mientras una gaviota,

busca carroña en mi basura.

La observo detenidamente,

desde la ventana,

preguntándole,

por qué tantas veces,

avistamos mar abierto

y nos conformamos con un patio soleado.

La necesidad de supervivencia

es un programa reactivo,

que se enreda en el camino fácil,

sin hacernos conscientes,

que ya es hora, ya es hora,

de sobrevolar el laberinto.

La lluvia espanta

a la solitaria gaviota

y yo me quedo danzando

festejando

que nada me alimenta.

No deseo tener una larga melena,

ni unas uñas pintadas de dorado.

No preciso nada,

No deseo nada,

respiro,

exhalo,

respiro,

permitiendo me alcance

el aire renovado,

de mi misericordia.

Misterios

Entre los misterios de cada fracaso están las semillas de un futuro éxito.

Esta vida comprende cual secretos

que las notas amargas de esta tarde

serán mañana sinfonía entre los ojos.

Dicen que tras la tempestad viene la calma,

el cielo abierto y las luces encendidas,

pero no es fácil sobreponerse a tientas

entre lo que no se vislumbra ni se mira.

No es fácil proseguir, cobrar aliento,

empujarse a vivir aunque nos duela,

revertir, insistir, amar a ciegas,

rompiendo las cadenas y tormentos,

ajenos al infortunio y al fracaso.

Pero ese tránsito grave que se impone

es el misterio de cada nuevo tiempo.