Hasta que caiga el telón

end-2294929_1920

Tú me escribes amor, y yo te escribo

para la complacencia de las rosas,

los sonidos de ensueño

y las palabras suaves

susurrantes

como caramelos de colores.

 

Cambia el cuadro, se muta el decorado.

No hay traspunte para las emociones

que hacen quiebros, sonidos

y la música

enreda los silencios de antescena.

 

La pasión  que se esconde en bambalinas

ahora asoma al proscenio reclamando

los tambores, el beso, torbellino

las miradas, el viento, remolino

revolviendo las ropas y las hojas

hasta poner el mundo boca arriba

y el fuego entre las letras poderosas.

 

La pasión atraganta, sobrecoge,

enardece y desboca en correntía

hace herida, escuece y también calma,

y es suave, y abrupta, y mediodía.

Imprevisible y franca

como la propia vida.

 

Por eso dame rituales, dame juego,

caballeros, espadas, damiselas,

huracanes, conciertos, mariposas,

cataratas, misterios y escaleras,

ese ritmo trepidante de la acción

hasta que caiga el telón

y finalice la escena.

 

Maneras

human-5007724_1920

imagino,

maneras

para doblegar el espacio

y retenerte,

en los confines de mi boca.

Maneras,

para ser fantasía,

aparecerme,

imaginada

ante tus ojos.

Maneras,

para enardecerte

sigilosamente y al descuido

en medio de la noche,

erizando tu piel

sin advertirte.

Maneras,

para no despertarte,

para que seas

mi amante

navegando

los confines

de mi sueño.

 

 

 

 

No hay tiempo

 

 

Que no haya  despertar

sin que me encuentre,

tus besos en mi espalda

Y que sean tus versos,

que lo sean,

los que cubran de amor mi madrugada,

porque no hay tiempo

para no despertarse

sin sentirse.

 

La semiótica de tus labios,

descubriendo el signo,

ese inmenso oleaje

que imanta mi boca.

 

 

 

14 de abril. Amor, bendito mundo de utopía

 

Quiero escribirte un poema cada día

y cuando nos despierte la mañana,

te lo encuentres grabado en la ventana,

porque yo quiero regalarte poesía.

 

Y sea la palabra luz que sana,

brotando de mis ojos la alegría,

que atrapada de amor busca tu guía,

tu piel y tu caricia más cercana.

 

Y por mucho que pasen las semanas,

no quiebre el sol la dulce sintonía

tan devota y conversa a tu mirada.

 

Puede que quiera regalarte poesía

puede, tal vez, que sí, al fin, lo haga,

amor… bendito mundo de utopía

 

 

La coma asesina

La coma asesina,

me despista, del verbo,

me desviste,

me ausenta,

sin masticar mis adjetivos.

Pero he encontrado un truco,

para enlazar las letras

sobre la ventana de tus besos.

Como un renacimiento,

impetuoso,

de mis identidades.

Por eso,

bésame,

hasta que se borren

todas mis ausencias.

 

 

 

Ahora

Cuando me dices quizá,
dices ahora,
que la suerte regalada de mi tacto,
amanezca en tu piel cada mañana.
Porque dices quizá, dices ahora,
Sé la corriente arrebatada de mis días.
Qué difícil leernos,
y como si fuéramos intérpretes
desinformados, yo te asiento
y me doy la vuelta disolviendo
mis ganas de besarte en la taza de café
Tú me miras y te retiras sigilosamente, perdiéndote
en el amargo aroma de la apuesta.

Qué complicado es, algunas veces,
enseñar el as de corazones,
llevamos impreso en la mirada.

Escaparate

Un grueso cristal aumenta,

un rostro entristecido

y empujado,

a no reconocerse en los abismos.

Otro día se dice,

retándose,

como si ignorara,

que va pasando la vida.

No hay un billete de vuelta,

ni un pasaje infinito,

pero ella,

persiste,

en permanecer detenida,

en un escaparate,

como un maniquí sin tiempo.

Un paseante, desde el otro lado,

le regala diariamente su saludo,

en la esperanza de que tome carne

y puedan caminar hacia otro sitio.

Él la ama,

más de lo que se ama ella misma.

Hay veces que el amor nos lleva a esperar

que el otro despierte.

 

 

 

Cuéntame

Cuéntame despacio,

casi en silencio,

como construirás nuestros cimientos,

con vigas de madera

y el tejado,

de cedro y de ciprés.

 

Cuéntame despacio,

en un suspiro,

como el amor que exuda por los poros

de toda nuestra piel,

llegará a ser el fruto del manzano,

agua en el desierto,

los cerezos,

en cada primavera.

 

Cuéntame despacio,

tal vez, miénteme,

que existe un amor santificado,

que brota en manantial

inagotable,

humedeciendo

los labios… cada tarde.

 

Cuéntame despacio,

como sueñas,

pues para estar despierta,

ya me basto

yo sola.