Amor romántico

Te separas, cuando yo voy despacio

te acercas, cuando yo voy deprisa,

y es curiosa la constante asimetría

columpiando perpetuas resonancias.

Parece que te extiendes campo abierto,

hacia el extremo opuesto,

y no vislumbro

 el fin de aquellos pasos tortuosos

que suenan a asfalto entre las nubes.

La paradoja es que tú estás más cerca,

la velocidad no es un crucero,

que conjugue el lenguaje de los versos.

La paradoja es que tú estás más lejos,

cuanto más me aproximo a tu horizonte.

Quizá es vértigo, respuesta en torbellino,

que trae el agua presta al sumidero,

y a mí lo que me gusta es espaciar las piedras,

sobre el estanque que compone la mirada.

Carezco de murallas, yo no temo,

ser presa del azar de tu sonrisa,

 hace tiempo que vengo de regreso,

atomizada en el viento que roza la piel,

como paso de azahar entre tornados.

 Ya conozco todos tus lunares,

la sombra de tus lunas

y la noche.

Ya no soy filamento ni membrana

sino de mi propia piel,

y tanto que no amo,

 sino por instantes,

de tantos dígitos,

como los centímetros de mis torres.

He cambiado de dimensión

para intentar comprenderte

y ahora, quizá es tarde,

pero ya sé,

que no era necesario ni preciso,

porque tú, como holograma estático,

eres solo una fantasía de mi mente.

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Mi regalo

Lo único importante

es besarte

hasta que el nuevo día,

nos traiga el sol sobre la piel dormida.

Por eso,

si me besas,

no preciso ningún otro regalo

Aquel poema

Cuando la noche te envuelve

en alas de tul, los sueños,

van despejando las nubes,

aquel pasado recuerdo,

de aquel poema de Bécquer,

que leíamos al tiempo

entre pausas de silencio,

y entre latidos de versos,

que alborotan corazones

tan sinceros como inquietos.

Hoy,

que la noche devuelve

tus besos entre mis sueños,

aun se apresura el aliento,

y no hay rima que impresione,

ni poeta que destrone,

el amor que por ti siento.

Identidad

El vértigo de una partícula,

rechinando

sobre los bordes de mi conciencia.

 

Ninguna infinitud se normaliza,

en la gravedad ajena,

cuando somos átomos,

como manzanas,

pretendiendo la comprensión de este misterio

que nos une y nos ata,

nos retoma

entre la indentidad del Universo.

 

En este pequeño espacio

donde soy yo,

“Ser o no ser”

soy o no soy,

esa pregunta,

retumba como un eco

y se colapsa en las ondas de tu nombre,

porque tú me renombras

en la incertidumbre de todas las respuestas.

 

Miles de imágenes de yo,

en proyección,

sobre un tú ileso,

sobre un yo ileso.

La naturaleza elige cuando me miras.

Esquinas

Hay esquinas que rompen líneas

y buscan sueños,

hay esquinas que te tuercen,

y retroceden,

tras tus pasos.

 

Hay esquinas equilibristas,

que te proyectan,

lejos,

sorprendiendo,

la llegada de tus lunas

sobre la eterna sombra

de tus besos.