Rojo gravitacional

 

Los versos se conjugan

en rojo gravitacional,

cuando los planos

se abren,

finitos

sobre el lenguaje de la métrica.

 

Bajo el dominio

de la ley del bardo,

extrema poesía de tus brazos,

 tú y yo nos amamos,

como dos fotones

desplazados,

y es todavía más sonora

nuestra transferencia,

una fuente de manzanas,

en la curvatura de nuestras áreas.

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Circunloquio

La rugosidad de las caricias,

el tacto pasajero

de una mano altiva,

crujir de dedos en el arriate de las promesas,

de los verbos insatisfechos

y de las flores que nunca poblarán el mediodía.

 

Porque  todo eso no me complace,

prefiero la suavidad de tus arrugas,

la aspereza de tus manos,

y esos ojos, mar batido, mar abierto,

tempestuoso,

sobre el acantilado de mi ropa.

 

 

 

Claridad

Tus manos,

viajantes,

entre las nieblas,

tu claridad

enarbolando la bandera

de la seda y del tacto

la pauta sosegada de la noche

deslizándose,

sobre los pliegues de la ropa

 

No es difícil amar

cuando la vista

tropieza con el faro de tus ojos.

Diagrama

 

Trocar el arco iris

reponiendo, sus reflejos

para que llegue a la puerta de tu casa

con la imprimación de una sonrisa

Virar alas, rumbo, noche abierta

para comprenderte,

regesando ventanas,

llamando,

a las lágrimas del sol

en el diagrama de tus brazos.

Eternidades

“La eternidad no tiene partida de nacimiento” ( Victor Hugo)

 

Solo en el espacio giratorio,

la güija de los nombres interpuestos,

en la relatividad de mi materia

 

No hay nombre que repetir en alta voz,

no hay nombre,

ni espuma que recoja,

la ebullición del espíritu

cuando conoce,

la atemporalidad de nuestros pasos,

sobre el compás de todas las ideas.

 

Por eso te amaré esta noche,

igual que la primera,

o que la última,

en el espacio abrigado de tus besos.

 

Puede que nuestro amor no llegue a ser eterno,

pero sí lo serán nuestros momentos,

esos abrazos regalados,

sobre un acantilado de minutos,

en el remanso de todas nuestras lunas.

 

 

 

Demando tus manos

Yo demando tus manos,

la mirada hacia atrás,

el fuego,

la trastienda

de la caverna de las ideas.

 

El epicentro de la mentira

nos pretende,

agitándose

en la propagación de sus cimientos,

ofreciéndonos

la bengala aparatosa

de la abundancia.

Pero la barrera ignífuga de tus ojos

nos permite transitarnos sin cadenas

 

No preciso

la tela verde del croma

para ver el paisaje

que recorren

nuestros cuerpos amantes

en todos nuestros parajes.

Yo demando tus manos,

el  asiento

indescriptible

de tu boca

sobre mi nuca,

una llamada a la eterna primavera

danzante,

sobre el lago del averno.