Feedback

Puede que sea ayer,

de nuevo,

en feedback,

atrás,

en la compuerta,

tan solo en el deseo

de volver a despegar en tu sonrisa,

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Identidad

El vértigo de una partícula,

rechinando

sobre los bordes de mi conciencia.

 

Ninguna infinitud se normaliza,

en la gravedad ajena,

cuando somos átomos,

como manzanas,

pretendiendo la comprensión de este misterio

que nos une y nos ata,

nos retoma

entre la indentidad del Universo.

 

En este pequeño espacio

donde soy yo,

“Ser o no ser”

soy o no soy,

esa pregunta,

retumba como un eco

y se colapsa en las ondas de tu nombre,

porque tú me renombras

en la incertidumbre de todas las respuestas.

 

Miles de imágenes de yo,

en proyección,

sobre un tú ileso,

sobre un yo ileso.

La naturaleza elige cuando me miras.

Esquinas

Hay esquinas que rompen líneas

y buscan sueños,

hay esquinas que te tuercen,

y retroceden,

tras tus pasos.

 

Hay esquinas equilibristas,

que te proyectan,

lejos,

sorprendiendo,

la llegada de tus lunas

sobre la eterna sombra

de tus besos.

No quiero finales

A mi nunca me han gustado los finales trágicos,

ni siquiera me gustan los finales,

quizá los hasta luego,

por eso recelo del amor legendario,

atado a la tragedia de altos vuelos,

las andanzas de malherido caballero

con damiselas de corte y cara triste.

 

Nunca he visto lo bello en la derrota,

la pasión maniatada de esperanza,

un tablero quebrado,

alfil y prisionero,

que se aboca al abismo derrotero,

por no ser estratega de sus coplas.

 

Y es que por mucho que el malogrado amor,

se proclame eterno,

no deja de ser una sospecha,

pues nadie lo sabe, pues la muerte

rasgó el papel en blanco de su historia.

 

Todas las andanzas comienzan con tono glorioso,

fraguadas en química pirotecnia,

y muchas de las veces,

culminan en cítrica batalla

sin nada de lisonja,

sin nada que perdure,

más allá del cubo de basura de las propios

y contaminados reproches.

Y sí fueras,

o no fueras,

lo que hiciste,

lo que no hiciste,

lo que se dijo,

esculpido,

en el tatuaje de la ira.

 

Me pregunto cómo estaría Isolda,

Ginebra, Julieta o la mismísima Helena de Troya,

si su avatar hubiese perdurado

a lo largo de los años,

cómo después de diez o veinte años,

cómo siquiera después de cinco,

cuando las hormonas se apaciguan

y los espejos devuelven

el rostro ante los ojos.

 

Por eso no quiero finales,

ni vuelos mariposa,

ni hilo rojo,

para calmar la soledad del aire,

el único que arropa,

el único que comprende,

que aquí se camina como se puede

y no como se quiere.

 

No me des finales,

quiero un comienzo,

cada día nuevo,

cada sol de invierno,

¿Nos conocemos?

 

LLama que no cesa

En un día de esos que el trabajo te sale por las orejas, me tomo un respiro y recupero una antigua entrada, sobre el amor reincidente.

Dice la leyenda que hay amantes que se reencuentran una y otra vez en sucesivas vidas hasta que aprenden a convivir sin su soberbia, y es entonces, cuando quedan unidos para siempre.
Dicen que puedes distinguirlos por una llama azul sobre el hombro izquierdo.Si lo ves, aunque sea un roce, un instante o toda una vida, sabrás que es él/ella…

Porque hay llamas que no cesan…

 

Aun recuerdo ese adiós,

el que nos dimos,

cuando nos huimos,

y nos fuimos

mirando hacia delante,

temiendo regresar,

por un instante,

siempre es hábil cegarse,

apostando al boleto de la pérdida

en las lagunas de los desaciertos.

Hay quien dice

que, en otra vida

nos volveremos a encontrar,

y cuando ello suceda,

nos amaremos

de nuevo en mil intentos.

Cuando te ibas

yo me dí la vuelta

y pude ver

la llama azulada

sobre nuestros hombros.

Hay una historia inconclusa

en nuestro retroceso,

ahora vuelvo cada día,

a aquel lugar,

por si tú,

quisieras,

volver a mirarme.

Rebeldes al olvido

Afirmaría tu presencia,

en este  instante,

en el que rozas mis labios

en rebelión al olvido,

ese rocío revolucionario, atrincherado

en la resistencia de mi boca.

 

Muchas veces,

aunque no lo creas,

Te siento.

 

Fotografía:  Un alfabeto para amarse

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Imagina

Imagina,

sobre todos mis mapas

tu paisaje,

los árboles

acariciando

la libertad del agua,

tus ojos discurriendo,

corriente contínua,

navegantes

al juego de mis manos.

 

Yo te anhelo

presente,

luz del día,

sobre todas las caras de mis dados.