Olvídate

Olvídate de mí,

de mis zapatos

abarrotando el armario,

de los frascos de perfume vacíos,

las pinturas en el cuarto de baño,

de los pinceles,

de las pinzas de depilar

(que no uso),

de los libros invadiendo todas partes,

de las camisetas con frases,

del café a media tarde,

olvídate…

Olvídate también de mi risa,

de mis ganas de abrazarte,

de mi mirada ausente

cuando no puedo escucharte.

Olvídate de todo,

olvídate de mí

porque yo no puedo olvidarte.

 

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Presente

Hay días que parecen una pausa,

en “standby”, un ya volveré,

cayéndose las sílabas

sobre las esquinas de la puerta,

cerradura echada,

llaves puestas,

reclamando una taza de café descafeinado

para recomponer nuestra memoria.

  

Hay días que terminan

detenidos

sabiendo a azúcar amargo,

golpe sobre nubes,

destronando,

los barrotes

que nos desdibujan

en la monotonía de rostros invisibles.

 

Pero la magia surge,

reviviéndolos, cuando,

dejas tus botas,

ancladas sobre el suelo,

y quieres ser presente,

rasgando el velo,

el lirio de los versos,

y ser la furia que percuta nuestros besos

hasta que el horizonte nos llame a un nuevo día.

 

 

 

Cien grados

Como dicen que viene el frío, recuerdo esta entrada: Cien grados.

 

A más de cien grados centígrados

la temperatura,

me alimenta,

aproximándonos,

álgebra bendita,

raíz exponencial,

la confluencia.

transitando en presente,

infinitivo.

 

Y temperatura

son tus manos

sobre mi cuello,

masajeando en sol

y deslizándose,

entre la curvatura de mi espalda,

volteando,

la clave imaginaria

la contraseña perdida,

conjunción copulativa

de la primavera en el invierno.

 

Temperatura,

eres tú,

liberado de ti,

de verbo impetuoso

y verso acantilado

 

Eres tú,

en más de cien grados centígrados,

sumando

la temperatura

de mi cuerpo.

 

 

Viaje

 

No existe mejor viaje

que aquel que hacemos sin fecha de regreso.

Por eso he lanzado al abismo los boletos de vuelta,

y he trucado los días de mi calendario.

 

Llevo en mi mochila

una anotación de marca-páginas,

una fotografía de hace años

y un mapa de carreteras ilegible.

 

 

Cuando tus besos se pegan a mis labios,

no son necesarias las barreras,

ni las barandillas de silencio,

 

Un campo de girasoles

difumina la lluvia,

agua,

correntía,

sobre todo desierto

que no sepa

de tu nombre.

 

Viento

Camino

sobre la puntera deslizante,

de unas bailarinas,

un concierto de alegorías,

en la geometría de la vida.

Camino,

sin raíces,

deslizándome,

en el aroma indisciplinado de tus labios,

siendo el viento,

nómada sobre tu piel

y paisaje en tu recuerdo.

 

 

 

 

 

Niebla

 Esa sensación que trae la calma,

los tambores,

desalando la mirada,

impresionando,

arrebatos de furia sobre el suelo,

la impasibilidad del aliento,

la palabra fija,

y adherida

a algún espacio que desconozco.

Me duele tu cielo,

bajo la fiebre intensa

de la noche.

Y no sabes cuánto

lamento

poder ver más allá de tus ojos.

Hay niebla,

bajo la temperatura de tus besos.

 

 

 

 

Bastante

Y llegó Compostela a nuestros ojos,

peregrina hacia el vino de tu boca,

los acantilados del norte

                                  y las ventanas

llamando a carnaval entre sus hojas.

 Fue camino Madrid,

                      y fue,

                                     refugio,

donde, detenidas nuestras rosas,

                            tomaron cuerpo,

                                     en imperio,

                                      plenilunio,

                                      dispendio,

de terrenales faustos,

                      huracanado intento,

                      y de manzanas rojas.

   Y ahora que ya vamos a la resta,

                                buscando cauces,

                       amando desencuentros,

                                 que tú eres sauce

   y yo junco

                            en este abril al viento,

ahora que te pregunto y no contestas,

 quizá no sabes, quizá no sé

                                              me retas,

                   hay mantra en los pasillos

                                   qué te apuestas,

                      que hay luz tras el visillo,

                                           y reinventas,

   un yo,

              tal cual ferviente

   infatigable amante

                                        a ti conversa,

                         Una escuadra de lirios

    y claveles,                        

la pretensión del tiempo,

                                          la respuesta,

  no exenta de vaivenes

                                           ni de cirios

                               en procesión abierta.

 Todavía hay bastantes,

 ¿No los oyes?

              Hay bastantes

                        tambores,

                                         percutiendo

Todavía hay bastante,

                           bastante amor,

                                             sintiendo.