EL REGRESO

Feliz día de la poesía

Soñé que era guerrera,

mujer pájaro,

con alas extendidas y ampliadas.

Soñé que visitaba tus infiernos,

para borrar el hilo que nos ata,

y las cadenas del fuego que nos dejan

todas las batallas innombradas.

La herida era grieta, lanza hiriente.

el silencio era plomo, innecesario

y no había sutura ni sustento

que pudiera ser aire de poniente,

en corazón extinto y desarmado.

Y cuando abrí los ojos

aún soñando,

el cráter del averno supuraba,

de su propio dolor cerró su herida

y para su conversión se hizo paisaje,

una llanura de pastos y zarzales.

Y volví a abrir  los ojos,

aún soñando,

todo era cielo abierto y estrellado,

y en un giro suave de astrolabio,

67 pasos hacia el carro,

de una sola lágrima, asomaron

tres estrellas brillantes

y en mi mano

dibujó su cintura el universo

mensajero de viento esperanzado

en esta cálida noche de verano.

Bajo el imperio de la luna

soñé que

regresaba.

Perfume

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Hoy la casa es lavanda, mar de flores,

sobre la balaustrada de mis ojos.

 

Has perfumado el pasillo,

y todo huele a ti:

el armario, la estancia, la terraza,

la esperanza, la brisa, ese silencio,

la escalera, la silla, las palabras,

los rincones del patio y las ventanas

llamando a mediodía entre los besos

 

Tienes esa especial habilidad,

de perfumar mi espacio con promesas,

ese olor de lavanda que recoge

la esperanza en los techos y las tejas.

Haces de las farolas, girasoles,

de los amaneceres, parasoles,

de la noche un campo de amapolas,

de gardenias, de lirios de colores,

de jazmín, tulipanes y de rosas.

 

Has perfumado el pasillo,

y todo huele a ti.

 

Ostara

Más que nunca, en estos momentos malos, quizá debemos recordar en que fase del año en la que nos hallamos. Llámale Pascua, primavera, Ostara, o lo que te guste, resistiremos, porque el equinoccio anuncia el renacimiento de la vida.  Recibe mis mejores deseos y bendiciones.

OSTARA

 

Se detiene el reloj,

bajo tu nombre,

para su giro inverso y conectado,

bajo la presencia de los polos

y la exactitud de la medida.

 

Yo danzo sobre ti,

Yo danzo desde ti,

retomando

la corriente arrebatada de las aguas,

el sonido de los árboles

y ese aliento del sol tras la ventana.

 

El equinoccio, más que nunca

nos anuncia,

el renacimiento de las flores.

 

Siénteme,

en la primera luna.

Mi naturaleza es la aurora

que impone se retraigan

las fuerzas más oscuras.

 

Tres saltos,

la triada

y el alba

mientras gira la rueda de la vida.

 

 

Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

Abril

Es curioso que en Agosto añore

esa luna de abril,

la primavera,

y ese olor a hierba mojada,

envejecer, sentir, desarroparse

sin paradas de tren,

ni escapularios,

sin ofrendas,

sin perseguir estrellas,

detenida

en el sabor aguamarina

de tu nombre

posado

sobre mi piel.