Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

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Resides en mí

Tú resides en mí,

eres el fruto

caramelizado de mis labios,

una explosión que desciende

rodeando

las alas de la noche.

Y somos

madera rojiza en este invierno,

recubriendo las ventanas de los ojos,

anhelando,

en la flexibilidad de sus vetas,

la floración de marzo,

ese diálogo

tan nuestro,

en una primavera de cerezos.

Abril

Es curioso que en Agosto añore

esa luna de abril,

la primavera,

y ese olor a hierba mojada,

envejecer, sentir, desarroparse

sin paradas de tren,

ni escapularios,

sin ofrendas,

sin perseguir estrellas,

detenida

en el sabor aguamarina

de tu nombre

posado

sobre mi piel.