Puede

Puede que el olivo no sepa de mi nombre

ni añore aquellos pasos recorriendo su rostro,

un rostro de corteza y rama florecida

bajo esa luz que encala las paredes del patio.

Y puede que los muros no recuerden mis pasos

ni tampoco mi voz llamándote a la tarde

ni esos anocheceres en púrpura y naranja.

Puede que el terrazo no reclame mi ausencia,

ni la mesa de mármol, ni el verde de la puerta,

quizá ningún objeto de los más cotidianos

sepa nada de mí y guarde indiferencia.

Puede que todo el sol que ilumina las cosas

no tenga más sentido que otorgarme nostalgia

para que los recorra imaginariamente,

como si tu y yo aún estuviéramos allí,

entre las aceitunas caídas sobre el suelo,

retozando vida y resistiéndonos

a cerrar la memoria y el silencio.

Invierno

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El cielo no está azul. Diría que es invierno,

tiene esos tonos grises presentes en tus ojos

y un blanco inacabado de promesa perdida,

de esas que tejen huecos vacíos por la ausencia.

Desciende mi mirada, hay algo que me turba

que agita mi impaciencia con velos de infortunio,

como la nube negra que presagia tormenta

cuando todo está bien y la casa está en calma.

Rebelde la madera, entre el barniz y el tinte,

sobresale la letra, comienzo de tu nombre.

Es tenue ese silencio que me trae el recuerdo

de esa tarde de abril que se llevó tus manos,

constantes hacedoras de versos sin palabras,

el reloj en la pared, el papel de periódico,

los paseos sin tiempo, el mar en la ventana

y la madera oscura tallada con esmero

que habitaban cristales imaginando mundos

al paso detenido de los rayos de luz.

Ese viento que añora vestirse en tus zapatos

para poder hablarte, aunque fuera un segundo

y calmar las raíces de ese viejo castaño

que todavía guarda la impronta de tus besos.

El cielo no está azul. Diría que es invierno,

invierno en este agosto plagado de matices,

invierno.

Origen

Hay noches en las que,

toma de tierra,

neutro de reflexiones e indolencias,

me quedo persistiendo en las estrellas

que invadieron mis ojos,

mucho antes,

de que surgiera el sol cada mañana.

 

Hay algo innato,

en ese ir y venir entre horizontes,

quizá la persistencia o la añoranza

que multiplica el verso,

hacia el mundo donde no se nomina

la nada,

porque simplemente no existe.

 

Por eso esta noche,

Hoy,

ventana abierta,

reconozco mis pasos y me olvido

de dónde se fue el mar cuando te fuiste,

y te veo,

todavía,

sonriendo,

sobre la barandilla de mis ojos

amainando el viento, el oleaje

esa indomable preexistencia

que visita todo mi pensamiento.

 

 

 

Pirotecnia

La pirotecnia tiene un efecto incalculable

sobre la causa de mis desconciertos.

No dañar a nadie,

Neminen laedere,

Yo soy real,

no estoy muerta,

no estoy viva,

soy un fantasma,

expectante

a esa imaginaria del recuerdo,

esa resistencia a ser olvido,

en la revolución de los incendios.

 

Las cenizas siempre saben amargas,

lástima

que no prefieras el fuego.fire-2842647_1280

Atemporales

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Cuando me besas

tus ojos visitan los míos

y  se sueñan en tiempo infinitivo,

para recordarse en el presente

Por eso, es tan fácil amarte.

 

Sin vuelta.

He soñado

una historia:

Las hojas, en correntía, sobre el rio

y un reloj apagado en una estación de tren sin pasajeros,

pero cuando he vuelto la mirada,

la claridad del día retozaba sobre mis manos

y dudé

como sigo dudando,

pueda recomponer sus páginas marchitas.

 

Parece misión imposible

mirar hacia atrás sin darse la vuelta.

 

Plantaré una palabra

sobre mi espalda,

el cuello de la botella no digiere

más acentos.

 

Versaré mi luna

para pedirme, a mí misma, indulgencia

sobre la gasolina incendiaria del recuerdo.

 

Los guijarros clavados en la arena de la vida

y qué salvaje el dolor cuando no duele

Ya no recuerdo

Ya no recuerdo cuando fuimos algo,

algo como la piel atardecida,

revolucionando los mapas,

y todas las apuestas.

Ya no recuerdo,

y mira que lo intento,

aquella mirada desgobernando

todas mis razones.

Mientras transita el día

sobre mi ventana,

resulta inexorable

el cierre y el telón,

ya no hay persianas

para tamizar los desencuentros.

Y yo,

ya no recuerdo, cuando

tal vez, fuimos algo

 

Perpetua-(mente)

Doctorándome

en tus ojos,

retándome

en el atardecer de tus labios,

perdiéndome,

en el entendimiento de mis sentidos,

habitantes,

de la perpetuidad de tus recuerdos.books-1245690_1280.jpg

Levedad

Leves son tus pasos

la observancia rítmica

en la que se impone tu presencia

Aquella levedad

que resta la ausencia detenida

a la parcialidad de mi recuerdo

Leve es la cadencia de tu ropa

aireada en el tendedero de la vida

rebuscando pipas de girasol y regaliz

para agitar el aire de nuestras conversaciones

rotuladas de azúcar

Leves son tus pasos

sí, leves

pero tu levedad imprime

quizá con más profundidad

la huella que me dejas

 

chapotear

Chapotear recuerdos:

Juguetear con el agua en las rodillas,

pisando charcos, saltando de puntillas,

apretar los dientes cuando la noche vibra,

y recordar,sintiendo,como pasa la vida

unas veces en gris, otras abriendo el día

abrazarte en silencio, rozando tu mejilla

son las cosas que importan, quizás, las más sencillas