El amor que no se fue

No tiene horas el día, no tiene horas

Para entretejer  tus labios

con los hilos del recuerdo,

para no seguir pensándote

entrelazado a mis manos

en imaginado encuentro

y es que te sigo llevando

en mí,  muy dentro, muy dentro

 

No tiene horas el día, no tiene horas

Voy añorando tus pasos

en las baldosas de invierno

Me duele porque te siento,

te siento porque te tengo

clavado en mi pensamiento

y presente en cada sueño

 

No tiene horas el día,  no tiene horas

porque te sigo queriendo.

Verde viento

Marcas desdibujadas sobre ese verde viento

ajeno está  mi rostro, imperio equidistante

naturaleza amplia en sombra imaginada

Instante anuncia otoño, instante, sólo instante

instante, en claro enfoque del sol de la mañana

Tarde de lluvia

La lluvia parece querer romper los cristales

y sin embargo tú, abres tus  ojos a la luz, sonriéndome-

Me aferro a tus pequeñas manos envejecidas

preguntándote por qué piensas que es sencilla la vida,

mientras transformas mi tiempo en crucigrama.

Extiendes una pequeña tela de colores

pero es tu  tacto el  que entrelaza sensaciones. Ese tacto

que huele a hierba y a tostadas con mermelada de ciruela

ese tacto de abrazos

Permaneciendo en tu aroma

como en un sueño consciente me detengo, observándote

cuando, curiosamente, un soplo de viento sacude la ventana

recordándome que hace más de diez años que me faltas.