Meditación

La tarde aguarda,

desencajando mi mirada

sobre la imagen de telediario

de un niño hambriento.

Sangre sobre las guerras de los hombres

Los rostros se desdibujan,

No hay abrazos.

Me tapo con una manta,

pretendiendo,

buscar abrigo ante la barbarie.

De lejos, la música de un anuncio de colonia,

los faustos del vodevil,

una corona de flores para el banquete,

de una novia sin abrigo.

 

Regreso.

No hay espacio para las etiquetas

es de noche,

origen, fuego, nube,

santo y seña de mil identidades,

todo en equivalencia,

uno y todo.

Por eso

no hay nada tan falso como el éxito

ni tan vacío como la avaricia.

 

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Aquelarre

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas las lunas

en la primera marca de equinoccio

ya no hay muérdago suficiente

para acallar tanta herida

 

Este acontecer que reiventa días

no deja de imponer la descordura

sobre el mapa de un sádico

la invención extrema

de un depredador de ángeles cautivos

lobo para el hombre, lobo para el hombre

lobo o hombre

marchitado por sus genes

inoculado del virus canival en su sangre ausente

 

Los sueños se agolpan formando un pelotón desconcertado

sin escalera de emergencia

en el albedrío de la vida

sueños de tronos en cartón piedra y espadas de papel

sobre contenedores de plástico

en un firmamento desabrido

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas las lunas

liberemos a nuestra progenie

hagamosle saber que no son culpables de nada

que ya bastante heroico es el vivir

fabricando recortables infantiles

sobre la sombra absorta de un futuro incierto

 

Liberemos a nuestra progenie

de seguir encantando serpientes

pues por miles de cabezas que contemos

sin espejos y sin melodías

el golpe más certero

es cerrar su cesta para siempre

 

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas sus lunas

sobre el fuego de luz encaramando

al indómito estrellato de lo humano

Un castillo de naipes para la cosecha

de las nieblas futuras