(RECAPITULANDO ) SIN RUMBO/ SO I´M ASTRAY

(VERSIÓN COMPLETA DEL PRIMER CAPÍTULO, para quien quiera leerlo por entero)

I-REFLEXIONES DE LAURA. UN MOLESTO INQUILINO

    Ayer encontré un libro  en el trastero. En el enjambre, de Byul Chul Han, ni siquiera me sonaba. No recordaba haberlo comprado, siquiera tenido, y menos relegarlo a un lugar recóndito, debajo de una caja y una almohada, que tampoco, en honor a la verdad, me sonaba mucho. Lo hojeé un poco y lo volví a dejar en su lugar, con la intención de preguntar a mis amigos si era posible que hubieran dejado este libro cuando me ayudaron a guardar unos muebles viejos.

   No todos los amigos son igual de importantes. En mi caso era curioso que mi amigo más especial, aquel que siempre tenía algo que decir, fuera un amigo virtual. Nos seguíamos en todas las redes. Él era ingenioso, divertido. Me encantaba leerle. Además, era culto, listo y físicamente estaba fenomenal. Ya, ya, cierto, me tenía enganchadita. Respondía al alias de Reten21 y acababa de poner una entrada comentando ese libro, sí, ese, el que estaba en el trastero.

   Será casualidad…Me quedé alucinada, y pese a que eran las tres de la mañana,  me vino a la cabeza la posibilidad de rescatarlo. Ahora sí que iba a impresionar a mi amigo Reten21, le copiaría unas frases del libro y quedaría como una experta en filosofía

   Accioné la linterna de mi teléfono y subí en el ascensor a la planta de trasteros. Me dirigí hacia el mío con determinación y cuál fue mi sorpresa: Tenía un inquilino, un sorprendente inquilino.

   Ya estaba claro, por eso había encontrado el libro. Ahí estaba Reten21 durmiendo sobre mis cajas. Me miró sorprendido, con cara de susto, como suplicándome. Dijo que me lo podía explicar, que se había quedado sin trabajo, sin vivienda, que tomó prestado el trastero para dormir unos días hasta encontrar nuevo empleo, que no sabía que era el mío, que le ayudase…

   Me dejó atónita, no sabía qué decirle. Ya no me parecía tan genial. Estaba despeinado, era más bajo de lo que pensaba y encima parecía menos interesante. Así que no le dije nada. Llamé a la policía sin dirigirle palabra y fue desahuciado amablemente por los agentes.

   La pena es que me bloqueó en las redes y no puedo darle al me gusta a esa entrada sobre el libro.

  ¿Y de qué iba? Pues, bueno, una rayada de esas, sobre que la era digital y el mundo virtual nos están alejando de los otros,  que no hay unión para cambiar las cosas.

  ¡Qué sabrá ese coreano! Qué lástima de filósofos, seguro que no salen de su mesa de estudio y no tienen “mundología”, que no, que no, hazme caso a lo que te digo, que esa gente no está en la vida. No se fijan en la cantidad de amigos y relaciones que se “hacen” en la redes ni en lo que puede hacer twitter cuando “arde”.

II- El almacén. So I am Astray

  Llovía cuando fui desalojado por los agentes de policía de aquel trastero propiedad mi amiga virtual. No podía comprender como una persona que tanto afecto me había demostrado en las redes, había sido incapaz de prestarme una mínima ayuda. Revisé mi billetera, le quedaban 20 euros para acabar el mes. No podía permitirme pagar una pensión.

  Cansado de vagar entre portales encontré abierta una puerta de un viejo almacén. Seguía lloviendo insistentemente, así que me dispuse a entrar en el mismo, no sin miedo de encontrar alguien a quien no le agradase su presencia. Sin embargo, para mi sorpresa, parecía como si me estuviesen esperando. Pasa, pasa, se oía una voz femenina a lo lejos. Se reavivaron mis temores, pero aun así pasé. No tenía dónde ir.

  Allí estaba ella, la mujer más bella que jamás había visto. La reina de los homeless, la emperatriz de los vagabundos… Resguárdate. Aquí estarás bien. Soy Sweeney

 ¿Sweeney? ¿Quién? Comenzó a pasar por mi cabeza el poema de Seamus Heaney, los ciclos de los reyes, el irlandés errante, un pájaro. Quizá me estaba volviendo loco.

  Me estrechó la mano, me ofreció pasar a sus dependencias, tomar asiento, comer una taza de caldo caliente y me permitió descansar en una cama.

  Pronto apareció quien dijo ser su padre. Yo no me puedo quedar mucho tiempo en este sitio, dijo. Pero tú, cuida de ella, de mi hija. Hazla recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad. Yo no puedo ya hacerle ningún bien. Debo partir.

  Pero ¿Por qué debía partir? ¿Por qué confiar en mí? ¿Por qué pedirme algo tan serio como encargarme de alguien sin conocerme?

  Motivos tengo para emprender mi marcha, pero ahora no es tiempo de que te sean desvelados. Pero eso de que no te conozco no es cierto. Tú eres Reten21, ingeniero de sistemas, de Madrid, aficionado a la filosofía y a la literatura. Te acaban de despedir, te encontraron en un trastero, lo puso una chica en Facebook etiquetándote. No tienes a dónde ir. Aquí estarás bien. Tendrás dinero, cama, y una ocupación. Yo soy Suibhne17; Suibhne por Sweeney y 17 por el año en curso. Somos amigos en todas las redes.

  Cómo no había caído. Suibhne, por blue Suibhne, la vieja historia irlandesa. El perfil de un errante. Pero ¿Qué quería de mí? Me estaba comenzando a asustar.

  Tenía ganas de irme. Recogí mi mochila y me dirigí hacia la puerta, momento en el que Sweeney me cogió del brazo. Ven, no te asustes, no es nada malo encargarse de una chica a cambio de alimento. Me derritió su mirada de ángel y volví a sentarme. Sweeney, entonces, comenzó a recitar:

Sin rumbo

Desviada, extraviada

viajera errante

para purgar tu ausencia

disipando

versando

las tablas de la impaciencia

cual pájaro a la deriva

en un cielo sin aire

quebrado en soles

en el que todavía

retumba tu nombre

sin rumbo

III- ISLA MARIÑA

  El sol entra con fuerza a través de la persiana de la habitación de Marvin, el niño marinero. Hace calor. Ese ruido machacón del ventilador de techo de su abuela anunciaba que ya era de día. Marvin se levantó de la cama con energía, de un salto, como lo hacen los niños, deseando planear su nuevo día. Había quedado con Mabel, su hermana pequeña, para pescar.

  Mabel llama insistentemente a la puerta. Vamos, vamos, que ya es muy tarde. Marvin no se hace esperar y ambos niños se dirigen hacia el pequeño dique que, años antes, había construido su padre. Allí, caña en mano, se sentaron sobre una piedra plana, esperando el fruto de la pesca. ¡Ha picado, ha picado! exclamó Marvin, mientras sujetaba con fuerza la caña. Cuál fue su sorpresa cuando al tirar, lejos de toparse con un pez lo hizo con un zapato viejo, marrón, abarrotado de algas. Mabel no podía parar de reír.

  Pero ese zapato era más que un zapato. Tenía un mensaje escrito en su suela que decía: “Venid a la playa”

  Los niños asombrados por un mensaje tan desconcertante decidieron, sin embargo, ir a comprobar si algo les esperaba en la playa. Y eso fue lo que pasó. Encontraron el otro zapato y en su interior, dos pulseras de caucho con una pequeña pantalla en la que se reflejaba un emoticón sonriente.

  Qué desilusión, unas pulseritas, si al menos hubiesen servido para contar pasos. Toda la magia se había desvanecido en un solo momento. Vaya mensaje más estúpido.

  Aun así los niños decidieron ponérselas y una vez la tuvieron entrelazada a su muñeca, comprobaron que eran algo más que unas pulseritas. “Hacia la roca rojiza” vibró intensamente la voz de Sweeney.  ¡Sweeney! su  querida hermana. Desde que se había marchado de la Isla no sabían nada de ella ni de su papá.

  Enfocando las pantallas al centro de la roca se formó un holograma con la imagen de su hermana. ¡Qué bella estaba!

  ¿Cuándo vendrás, Sweeney? Te echamos de menos.

  Todavía no es posible, niños,  estamos atrapados en la dimensión terrestre del siglo XXI. Menos mal que ayer hubo tormenta y he podido aprovechar su vibración para abrir esta puerta y al menos, veros. Queda mucho por hacer. Prometedme que vais a cumplir escrupulosamente lo que os voy a decir. Es muy importante que cerréis bien las puertas de la Isla y no confiéis en nadie, en nadie, os digo. Desconfiad de todo lo desconocido, aunque sea un juguete de peluche.

  Prometido, dijeron los niños. Pero, tú, tú, tienes un desconocido detrás. ¿Quién es ese que se ve a lo lejos? Preguntó Marvin.

  Se llama Reten21 o algo así y papá lo contrató para que me cuidara.

 ¡Qué locura!, si tiene pinta de no enterarse de nada, aseveró el niño

  Pues eso, pues eso, afirmó Sweeney, mientras se despedía con su mejor sonrisa.

 Cuando se evapora un holograma queda un campo gravitatorio diferente y hay que tener cuidado de no enroscarse en el pequeño remolino que se forma, pues podrías caer de bruces contra las rocas.

  Corre, advirtió Marvin a Mabel, pero la advertencia no tuvo éxito. Mabel se quedó tan absorta que acabó atrapada por el remolino, el cual rebotó a la niña contra la arena.

  ¿Estás bien Mabel? Si, dijo la niña, sacudiéndose las arenas.

  Lamentablemente el enrosque con el remolino no sería inocuo, porque ciertas partículas acabarían pegadas a la piel de Mabel, con una vibración imperceptible, pero real, al fin y al cabo.

  Ignorantes de tales consecuencias, Mabel y Marvin, se quedaron jugando en la playa hasta la hora de comer.

IV-Las siete sagas

  Reten21? ¿Qué nombre es ese para un hombre? preguntó Sweeney, clavando fijamente la mirada en su nuevo cuidador.

  No me llamo Reten. Es un alias para internet. Mi nombre es Alejandro, Alex, mejor. Así me llaman todos, Alex.

  Vaya, no sé si me gustaba más Reten21, creo que te seguiré llamando así si no te importa, Alex frunció el ceño y contestó ¿Y Sweeney? ¿Qué nombre es ese para una chica? ¿No es un nombre de chico? ¿No eres española?

  Digamos que soy ciudadana del mundo. En cuanto a mi nombre, elección de mi padre. Él dice que nos ha puesto los nombres que se identifican con nuestra misión. Siempre pronuncia la misma frase cuando se lo pregunto. “el nombre hace tanto o más que la voluntad”.

  ¿Misión? ¿Qué Misión? preguntó Reten21. Quizás ser maravillosamente dulce, contestó Sweeney y acto seguido sonrió.

  Alejandro, nuestro Reten21 pensó que quizás estaba pretendiendo razonar con unos “medio-tarados”, pero no tenía donde pasar la noche, por lo que era mejor callarse. Al día siguiente pensaría bien lo que iba a hacer.

  Cuando estaba felizmente recostado en el viejo camastro del almacén, con los ojos prácticamente cerrados, fue sorprendido por la voz de Sweeney. Venga vamos, no pretenderás dormir ahí….venga… La chica tomó del brazo a Reten21 y se dirigió directamente hacia un muro de un almacén. Reten se detuvo. ¡Que nos vamos a  chocar! exclamó, frenando en seco, mientras delante de sus ojos se abrió una puerta de acceso a otras dependencias.

  Ya no sabía si era un sueño, una realidad o una locura. Se pellizcó, y de verdad sentía, Miró su reloj, las agujas giraban bien. Y ahí estaba él, no dando crédito a lo que veía. De las indigentes y viejas dependencias del visible almacén, se pasaba a otras que parecían de ficción, una dependencia circular que daba lugar a otras muchas con puertas numeradas a modo de hotel. Ocuparás la habitación 21, como tu nombre, le dijo Sweeney. Al fondo está el comedor, cenaremos a las nueve. Tienes ropa limpia en tu cuarto y todo lo necesario para tu aseo.

  Ahora sí que quería huir, pero ya era tarde, quizá. Una voz de mando desde lo lejos y un sonar de pasos acompasados le evidenció no estaba solo, ni mucho menos. Los guardianes del Principio- dijo Sweeney-no temas, son ruidosos, pero buena gente. Es su ronda habitual. Es una escuadra de las comandadas por mi hermano Jano.

  ¿Jano? ¿Hermano? Si, dijo Sweeney, hermano. Somos siete, como nuestras siete sagas. Alana, Brais, Jano, Marvin, Mabel, la chiquitina, y yo que voy justito detrás de Jano.  Al mayor no le conocimos. Sé que mi padre lo estaba buscando, porque lo raptaron recién nacido. Es necesario que comande su saga.

  ¿Sagas? Se supone que si sois hermanos pertenecéis a la misma saga ¿no?, preguntó Reten21. La hermandad no implica siempre lo mismo, afirmó Sweeney, al tiempo que le preguntó cuál sería la suya.  La mía, dijo Reten21, yo no tengo saga. Sweeney, no me vuelvas loco, suplicó.

  Reten21 se detuvo unos minutos mirando al muro, lo que llamó la atención de un guardián  corpulento, el cual se acercó advirtiéndole que no se podía cruzar, con un contundente  “Ni lo intentes”.  Por la noche se cierra y es imposible hacerlo- afirmó el guardián- Mañana será otro día. Pero yo ni siquiera lo haría, para lo que hay que ver, siempre el mismo lugar, siempre el mismo tiempo, siempre el mismo día. Menos mal chaval que no repetimos en “deja vu” la misma secuencia. A ver si llega el ingeniero y esto se repara, sino me voy a volver tarado.

  Acto seguido se marchó, quedando Reten21 más desconcertado que nunca.

V-El puente

   Ven siéntate aquí Reten, me dijo Sweeney, señalándome una silla libre en la mesa que ocupaba. El comedor era una amplia estancia, de más de doscientos metros cuadrados, dispuesta de una forma bastante curiosa. Las paredes, pintadas de blanco degradado, se estrechaban hacia el fondo, a la par que su pintura iba oscureciendo. Existían mesas de diferente geometría. Todas estaban cubiertas con manteles, igualmente blancos, sobre los que destacaba una vajilla en gris oscuro. Las sillas eran también grises, de un gris oscuro intenso y brillante. Confieso que, en una primera impresión, agobiaba esa simple combinación de colores. La nota divergente la ponían los comensales Las dos primeras mesas tenían forma ovalada y albergaban ocho comensales cada una. Pude reconocer a alguno de ellos. Eran Guardianes del Principio. A su lado una alargada mesa llena de soldados con distinto uniforme. A estos pertenecía el grandullón que me avisó que no se podía cruzar el muro de noche. Las siguientes formaban un curioso pentágono de lados dispares. En ellas se sentaban una serie de niños y niñas, con rasgos propios del denominado síndrome de Down, que parecían muy alegres, armando mucho revuelo. La siguientes, tres mesas, con forma de triángulo. En una de ellas, a la izquierda, estaba el lugar que Sweeney me había reservado. Los comensales de las mesas triángulo eran muy variados, había niños, jóvenes y ancianos, y todos llevaban un brazalete amarillo menos Sweeney, que lucía hermosa como siempre, vistiendo un sencillo vestido azul.  Finalmente, y en su fondo, la mesa presidencial, dispuesta con tres servicios. La única que estaba vacía.

   La iluminación era sorprendente. No se veían lámparas, ni bombillas ni leds, nada que indicase su existencia. Sin embargo la amplia estancia, de más de doscientos metros, gozaba de gran luminosidad. ¿Dónde están las bombillas?  Pregunté. Sweeney se rio. De qué cosas te ocupas- dijo-la iluminación no está visible porque es, está, sin necesidad de que exista.

   Las mesas ovaladas, continuó explicando Sweeney, están ocupadas por las escuadras de Jano. Mi hermano dispuso que sus escuadras fueran de ocho guardianes. Están de paso camino a Isla Mariña. Al lado de las escuadras de Jano y en una larga mesa ves a doce soldados, ellos pertenecen a la Guardia de este Puente. Este lugar se denomina así, Puente.  Es una especie de hotel de tránsito hacia el resto de dimensiones, una de ellas es la tuya, la terrestre. Las otras espero las puedas ir conociendo. En los pentágonos están sentados los soñadores. Son niños de la saga de mi hermana Alana. Benditos soñadores. Sé  lo que piensas- continuó Sweeney- en la tierra estáis ciegos para distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo. Habéis pensando que portar el síndrome de Down es una discapacidad, pero eso porque no veis más allá de vuestras narices. Estos niños portan una grandeza, un gran don, que nos salva a todos cada día. Ellos son la inocencia más pura, la ausencia de mal. Son sus sueños los que iluminan la oscuridad del mundo. Gracias a sus sueños el mundo es mejor. Este grupo de soñadores estaban aquí, en el Puente, con destino a su Ciudad del Sueño, situada en las profundidades del océano atlántico, Una especie de Atlántida, pero llena de sueños. El resto de mesas están ocupadas por gente de aquí y allá, que les pilló aquí, de viaje, en el momento que nos atascamos. No sé si lo sabes, estamos atascados, y ahora solo podemos acceder a ese almacén en el que te encontramos, siempre el mismo día y la misma hora. Nosotros podemos variar lo que hacemos, pero el día es el mismo, Una locura. La mesa presidencial está vacía, como cada vez que no está mi padre. Él tenía que marcharse aprovechando la actividad magnética de la tormenta. Debe averiguar qué está pasando en el resto de nuestros puentes. Hay algo que sospecha, como si pensase que esto no es fortuito.

   Pero dime- interrumpí a Sweeney- por qué si estás tan acompañada me necesitabas ¿Para qué demonios me contrató tu padre? ¿Por qué estoy aquí? Recuerdas, me dijo, sus palabras. Te dijo “Hazle recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad…” Esas palabras anuncian lo que estamos esperado, una vuelta a nuestra realidad. Supongo que ya lo sospechas, sonrió Sweeney- estás aquí porque eres mi hermano, el Ingeniero. Menos mal que te localizamos por la red. No sabíamos cómo decírtelo, cómo traerte sin que pensases que éramos unos chalados, pero la casualidad quiso traerte justamente hasta aquí. Y ya todo se ve más fácil. ¿Fácil? Preguntó Reten. Me estás tomando el pelo.

   Bueno, Sweeney, dejémonos de tonterías- dijo uno de los soldados grandullones de la mesa rectangular- nos vas a presentar de una vez al Ingeniero. Cuándo demonios va a arreglar nuestro colisionador. Mantengan la calma, señores- alzó la voz Sweeney- todo a su tiempo.

   Pudiéramos decir que era una rica oferta culinaria, con un pescado excelente y unas verduras a la plancha de primera, pero a mí se me estaba atragantando. Demasiadas cosas a la vez. Hermano, ingeniero, colisionador…Lo peor es que asustaba, tenía visos de ser cierto, de alguna manera había conocido un portal dimensional o algo parecido y ahora estaba en un lugar inubicable denominado “puente”. El plato fuerte no fue el postre, ni siquiera esa manera dulce que tenía Sweeney para sugestionarme, sino cuando traspasando la pared más oscura del comedor, pude acceder al lugar más increíble que había visto nunca en mi existencia. En ocasiones había visto imágenes de un colisionador de hadrones, había visitado alguna página de internet, pero esta era la primera vez que tenía uno delante, y era mucho más pequeño que los que conocía pero, a la vez, impactantemente más luminoso. Su emisión era la  Aurora boreal en su momento más majestuoso.

   Existían tres puentes u hoteles de tránsito, cada uno situado, si lo dibujásemos en un plano, en los ángulos de un triángulo equilátero imaginario. En su mediatriz se ubicaba un colisionador de hadrones.  Cada vez que se le hacía rotar, abría un portal dimensional, que era el que favorecía su tránsito entre Puentes y a la vez entre dimensiones. El Puente en el que me encontraba permitía el paso a tres portales importantes, la Isla Mariña, el círculo de Jano y nuestra propia dimensión, la terrestre. A la vez permitía el tránsito a los puentes dos y tres, que a su vez llevaban a sucesivos lugares de asentamiento de las sagas, como la Ciudad de los soñadores, el portal de Brais y lo que era más sorprendente mi propia dimensión Reten21.

   No sé si yo me había puesto ese nombre por casualidad, o es que en realidad pertenecía a toda esa saga. ¿Cómo diablos iba a arreglar un colisonador de hadrones?  Eso no era gestionar recursos informáticos, mis conocimientos no llegaban ahí.

  Tomate tiempo Reten, tiempo, naciste con la información necesaria para abarcar tu destino. Ya sabrás como hacerlo, ya sabrás.

  Qué decir que esa noche no fue una noche cualquiera. Me desperté empapado, temblando, sobre el viejo camastro del almacén. Todo fue un sueño- dije en voz alta- todo fue un sueño, repetí.

   En ese instante, oí la voz de Sweeney diciéndome “Tal vez no, tal vez no”, al tiempo que se acercaba, vestida de azul, como la había “soñado”, con un termo de café caliente.

   Se me asignó un ayudante, un muchacho alto y muy delgado de unos veinte años de edad. Tenía el pelo muy corto, moreno, de unos ojos negros profundos y brillantes. Hola soy Javier, me dijo, estoy muy ilusionado por este trabajo. Es un honor ser su ayudante. Tutéame, por favor, llámame Alex, o Reten, como quieras. Gracias Jefe, contestó el muchacho, agradecido con la confianza que le demostraba.

   El lenguaje de la cohesión es geométrico. Sweeney me había facilitado el mapa de los Puentes para que “tuviera cuidado con la apreciación de las dimensiones”. Mira con detenimiento, dijo Javier señalándome el plano, te escuché hablar del triángulo equilátero, en cada ángulo están los puentes y en ellos los tres colisionadores de hadrones, pero no seas corto, Reten, mira hacia arriba. Y nada más cierto, el triángulo estaba en el interior círculo, que era base de la cúpula. Si lo podía ver. Se superponían triángulos a modo de sucesivos hologramas, todos iban formando un icosaedro, dando forma a la cúpula. Aquello era un poco “rallante”,  incluso para mí que adoro los sistemas complejos. Pudiera ser  el mismo lugar proyectado en el centro de la “nada”.

   El denominado atasco en las puertas dimensionales pudiera tener su motivo en el pandeo global de la cúpula. Algo había afectado a su estabilidad, por lo que no era complicado presumir que los otros dos puentes estuvieran igualmente afectados.

   ¿Tendremos que enderezarla? preguntó Javier. ¿Pero cómo? No lo sé, le respondí, pero tengo algo claro que el problema no tiene que venir de arriba, sino de abajo. La inestabilidad es una forma de caos y si el equilátero mantiene la armonía la solución tiene que estar en la dinámica de los puentes. Debemos caminar hacia atrás, estudiar lo que pasó los días previos al desajuste para encontrar las claves para restablecer el equilibrio perdido.

   Seguí indagando en las anotaciones del plano. Tras ese primer examen me di cuenta que entre el dibujo del colisionador y su descripción se podían apreciar unas letras que eran tan pequeñas que resultarían ilegibles a cualquier persona, por muy buena vista que tuviera. Una lupa ¿Tenemos una lupa? Javier empezó a abrir cajones y cajas de herramientas, hasta que encontró una.

    “Revisar el cociente de transformación en caso de desajuste”, eso era lo que ponía, pero todavía no sabía darle significado,

   ¿Hay alguna forma de saber lo que pasó los días previos al atasco? No podemos ir adelante, pero ¿podemos ir atrás? Sweeney me confeso que  la fuerza del colisionador unida a la energía magnética de la corriente permitió que abriera un portal con Isla Mariña. ¿Pero cómo diantres se iba al pasado?

VI- OXÍGENO

   No fue la pérdida de una batalla, ni siquiera la batalla de la vida, la que llevó a Suibhne a aceptar su destino de errante. Fue justamente todo lo contrario, en él se depositó la mayor confianza y se le otorgó todo un poder, no precisar de los portales para visitar las diferentes realidades. Este poder llevaba una gran obligación como maestro y padre de las siete sagas: la necesidad de dar cohesión a la función de todos los mundos, siendo guía material y espiritual y quien sabe, algún día, poder ser testigo de la normalidad del tránsito entre las diferentes fases. Reten estaba destinado a sucederle en su función pero en un mayor estado de cohesión, juntando el mundo errante de Sweeney y la guardia de los portales  temporales de Jano. Era tal su destino, que existía un grave peligro de que pudiera pasarle algo, pues a ninguna fuerza del mal le podía interesar su existencia. Por ello,  el Comité de Sabios decidió se fingiera su desaparición, siendo llevado a la dimensión terrestre y adoptado como si fuera un huérfano normal. Suibhne nunca dejó de seguirle el rastro, por eso cuando el eje terrestre determinó el atasco entre portales, el día 5 de junio de 2017, no fue casual ni la pérdida de su empleo ni su encuentro en el almacén.

   Suib- como era conocido- sabía que Reten solucionaría el atasco en cualquier momento, pero tan importante como hacerlo era averiguar la causa real del mismo y quien estaba detrás. Cuando nos preguntamos a quién le interesaría dejar a la tierra aislada en el siglo XXI, en el año dos mil diecisiete, sin que ninguna intervención pudiese hacerse en el acontecer de la misma, nos podemos imaginar miles de sospechosos. Lo principal, en esta búsqueda, era averiguar que está pasando a partir de septiembre de dos mil diecisiete y cuyo control se intenta evitar por los guardianes del principio. ¿Pretenden un cambio de la historia? ¿Un caos en el que no se pudiera intervenir? Sabía que la aparente normalidad que vivía la tierra en estos momentos era eso, apariencia, y temía que si no se actuaba pronto poco se podría hacer.

   Como quiera que los portales estaban cerrados, la única manera de averiguar algo era  que el vagabundo Suib se internase en las calles de Madrid en busca de alguna respuesta. Por eso debió partir tras encontrar a Reten en el almacén, dejándolo a cargo de Sweeney (y no lo contrario).

   En un local, hoy destinado a bar, de la Plaza del dos de mayo, existe una puerta al espacio de las almas errantes, aquellas que por alguna cuestión se encuentran atrapadas tras su muerte y vagan de un lugar a otro sin cesar. Suib pensó que sería un buen lugar para empezar a investigar. Siempre había contado con la simpatía de esas lúgubres almas fantasmales, pues, de alguna manera, compartían el pesado destino de no estar en ninguna parte.  En aquel submundo no había oxígeno, por lo que tenía que portar una mochila auxiliar para facilitarle su respiración.

   ¿Dónde va? le preguntó el camarero, al ver que Suib entraba en el local y se dirigía a la trastienda. Suib hizo caso omiso, corriendo el camarero tras él, en un intento fallido de retenerle, pues la imagen de Suib desapareció como el humo, dejando atónito al empleado del bar.

   Suib  siguió un estrecho pasillo hasta una estancia donde la sensación de humedad era intensa. Allí se encontró con  la Doncella y el Inglés, dos de las más sabias almas errantes. De hecho, llevaban errando desde la guerra de la Independencia y habían visto muchas cosas. “No es nuestro el movimiento” le dijo el Inglés, a nosotros también nos está afectando. Mira mis manos, dijo la Doncella, se están agrietando como cartón piedra. Algo hay en el aire en este submundo. ¡Nos está entrando oxígeno! Y era cierto,  Suib retiró el tubo de inhalación y pudo comprobar podía respirar…Oxígeno.

   Y que hubiera oxígeno donde no debiera estar decía mucho sobre la posibilidad de que hubiera una fractura de las dimensiones de la tierra. ¿Qué pudo causar esa fractura? ¿Dónde se localizaba?

  Suib- dijo la Doncella- tienes que acabar con esto, estoy envejeciendo, hecha un asco, es terrible, terrible. ! Ayúdanos!

  VII- Y si no es oxígeno?

   Reten pensó que no había mejor opción para investigar el problema que un nuevo análisis de la situación en la zona del colisionador de hadrones. Y allá se fue acompañado de Javier, con la intención de realizar todas las comprobaciones que se le ocurrieran. Utilizó herramientas, medidores, cálculos, pero nada, no veía nada que le pudiese arrojar una pista, hasta que, cuando ya daba todo por perdido,  advirtió que  Javier jugaba con un medidor de gases. Se fijó en su pantalla, advirtiendo que arrojaba unos datos contradictorios.

  Espera, dijo Reten, ahí está. Hay un flujo de gas, no puedo identificarlo, pero que opera aquí dentro como un líquido, evaporándose y provocando una intensa cavitación. Eso puede causar la inestabilidad elástica de la cúpula y el atasco de los puentes. Pero de dónde sale este gas y qué es.

  Puede ser un gas modificado, por algo, o alguien, quizás si calculamos su masa molecular- apuntó Javier- podremos saber algo más ¿Estamos en condiciones de hacerlo?

  Mientras Reten proseguía en su búsqueda, también lo hacía Suib, en su particular visita a las almas errantes. ¿Hay alguien más aquí que sepa algo? preguntó a la Doncella y al Inglés. No creo, contestaron al unísono las almas errantes, la mayor parte de las criaturas que aquí vivían ya están acartonadas, son materia muerta, cartones, nada. Nos pasará a nosotros también- dijo la Dama- es triste, muy triste,  si no detenemos el avance del oxígeno.

  Suib comenzó a toser. No es nada, no es nada, masculló, me ahogo. Suib comenzó a sentir una presión incompatible con la presencia de oxígeno en grandes cantidades como al principio parecía. Tuvo que hacer uso de su mochila de oxígeno para respirar.

   ¿Y si no es oxígeno? Al principio me pareció que sí, pero ahora…no respiro. Sea lo que sea no era propio de ese submundo, ya que paradójicamente, estaba “matando” a las criaturas fantasmales, El problema era complejo, realmente complejo, pensó Suib mientras se despedía, para proseguir su camino hacia el círculo de Jano.

   En ese momento, les sorprendió volando una imagen acartonada, que exclamaba con voz entrecortada: ¡son ellos, han sido ellos! cayendo acto seguido al suelo.

   Suib reconoció enseguida esa figura de cartón. Todos la conocían por el nombre de Berta, la bruja del abismo. Ella guardaba el tránsito al inframundo, y siempre evitaba que las almas buenas, por muy errantes que fueran, cayesen en sus aguas. Desconcertaba verla así, sin vida, con la misma textura de una caja de cartón. Ya ves, afirmó  el Inglés, pronto todos seremos eso, cartulinas extendidas por estos túneles. No hay esperanza.

  ¿Pero quién eran ellos? ¿A qué o quién se refería la vieja Berta?

VIII- El Oráculo

   Antes de partir hacia el círculo de Jano, Suib pensó que sería interesante consultar al Profeta, un alma errante que se vanagloriaba de su carácter antisocial no compartiendo el submundo con las demás, viviendo entre los árboles del Parque del Retiro.  Era un ser curioso, alto, alargado, parecía un hilo de humo. Era también algo maniático. Había que reclamar su presencia con un ritual, marcando en el suelo tres triángulos concéntricos, era una excentricidad del Profeta, pero si no lo hacías, no acudía.

  ! Cuanto tiempo, Suib!- exclamó el Profeta- cayendo sobre un banco con una fuerza inusitada. Voy de camino hacia el Círculo, he pasado por el túnel de las errantes. Es lamentable verlas. He visto acartonada a la vieja Bruja y todavía estoy impresionado- dijo Suib, mostrando mucha preocupación-Además creo que están invadidos por un gas. Al principio creí que era oxígeno, pero ahora lo dudo, porque no pude respirar.

   El aire que respiráis, explicó el profeta está compuesto, aproximadamente, por 78,08 % de nitrógeno,  20,94 % de oxígeno,  0,035 % de dióxido de carbono  y 0,93 % de gases inertes, como argón y neón.  No respiras oxígeno puro, Suib. El oxígeno nos impone una paradoja. Si respirases oxígeno puro continuamente se colapsarían tus alveolos pulmonares. No podéis vivir sin oxígeno, pero a medida que respiráis,  la cantidad de oxígeno define vuestro envejecimiento.  Yo no creo que lo que hayas experimentado no sea oxígeno, prosiguió, habría que hacer un análisis, pero me arriesgo a decirte que, al contrario, por lo que me describes, lo que hay es un exceso de oxígeno. Más oxigeno del tolerable incluso para ti, Suib, errante universal.

   Lo ideal es que no fuésemos tontos, afirmó Suib, y respiráramos solo nitrógeno, nos conservaríamos como una fruta envasada al vacío. El profeta ser rió y le contestó: Me temo que la evolución determinó que respires oxígeno, necesitas tu nivel oxidativo. Es el pago de la ley de la evolución, el envejecimiento y la muerte

  ¿Tú crees de verdad hubo un paraíso como el bíblico con otras condiciones? Preguntó Suib.

  Sabia pregunta, incluso imposible para un Profeta- le contestó-No, no lo creo, un cuento del Paraíso, manzanas y eso,  pero entiendo que quizás algo diferente pudo haber, distinto, que pudo haber marcado otra adaptación de los organismos vivos y que por algo se frustró.

  Tu sabiduría me asombra- dijo Suib-Me quedaría años aquí divagando contigo pero tengo que seguir viajando, a ver si encuentro algo que explique el atasco de los Puentes.

  El Profeta se marchó rápidamente,  tal como había llegado, no sin antes regalarle a Suib este consejo: “Sigue adelante, sigue adelante, pero no dejes de mirar cada paso que diste hacia atrás”

IX- El círculo

 

       El arco de Jano impresionaba a todo visitante. Imperial y majestuosa guardia del Principio. Puerta y salida hacia el bucle infinito del círculo del tiempo. Antes de atravesar el Arco, Suib solía detenerse a examinar las caras laterales, como queriendo escudriñar algún secreto entre las pequeñas oquedades.

    Jano salió al encuentro. Se notaba en su cara la preocupación. Suib, padre, te estaba esperando. Estamos atrapados en un bucle, siempre en el mismo día, me voy a volver loco. Lo sé, lo sé- contestó Suib- el puente está bloqueado y existe un pandeo en la cúpula, supongo que el resto de los puentes también. He dejado a Reten con Sweeney, a ver si solucionan algo. ¡Reten! exclamo Jano, por fin, bien hallado.

   Acto seguido atravesaron el arco, introduciéndose en el círculo inserto en la cuadratura de la puerta. ¡Mira como están mis guardias!- exclamo Jano- ¡a punto de caer en una desolación!

   Las puertas de entrada y salida se atascan, pero sorprendentemente, en intervalos irregulares, se abren. Hemos captado más de diez cajas de vibraciones. ¿Sorprende? Las pescamos todos los días, ya lo sé, pero estas son particularmente intensas.

   A los actores del mal les gusta la táctica de guerrillas. Toda vez que los guardianes del principio impiden todo flujo anormal  hacia el pasado o el futuro de la dimensión terrestre, ellos suelen remitir paquetes o cajas con vibraciones desoladoras para turbar las mentes de los humanos, allá en el lugar donde pudieran caer. Aunque la pesca es tarea del pequeño Marvin, siempre en las puertas se detienen muchísimas de esas cajas. Hay que tener un especial cuidado en abrirlas, ya que pueden perturbar a cualquiera que las escuche. Por eso solo se abren en una habitación insonorizada y portando una escafandra particular que permite detectar la frecuencia del sonido sin ser afectado por la misma. Por así decirlo, estas cajas contienen una vibración, cuyo sonido es en principio imperceptible para el oído humano, que fomenta una especie de locura inducida, pudiendo llevar a las personas o a las naciones a ejecutar actos totalmente execrables o a un estado de locura y delirio insoportable. Dicen que estas cajas han tenido mucho que ver en suicidios, asesinatos e incluso guerras.

   Los actores del mal no son diferentes a nosotros, pertenecen a la misma saga, pero se desarraigaron en el pasado debido a una lucha de poder entre jefaturas, y ahora, su mayor propósito es interferir en el presente terrestre para abocar el futuro, momento en el que perdieron su poder, a un verdadero desastre.

   La dependencia para la lectura de las cajas era una habitación cuadrada, insonorizada y con paredes forradas de blanco. Existe una pantalla central en la que se proyectan las vibraciones, dando a cada sonido un color. Las cajas se depositan en un habitáculo al efecto, como empotrado en una gran mesa de color negro. ¿Tú crees que han tenido algo que ver? interrogó Jano a Suib. No lo sé, no tengo criterio, dijo Suib. Abramos una caja a ver lo que vemos.

   La vibración era ensordecedora. Los colores de un delirio compartido y contagioso, con pretensión de interferir a una gran población. El rojo intenso sobre ese azul cobalto, vibrante sin parar ¿Pretenden una guerra? preguntó Jano, es terrible. Hay que detenerlas. Debo poner más guardianes.

  Tengo una mala vibración, dijo Suib, quizás la solución no sea desatascarnos. Quizá, si nos desatascamos, liberamos el desastre. ¿Y si quien nos ha parado pretende que nada cruce las puertas? Un blindaje, pudiera  ser eso, un blindaje que viniese del propio futuro. Debo volver al puente antes que Reten logre solucionar el atasco

X- Temperatura

         Se detectaba helio y no en estado líquido, lo cual orientaba a un fallo en las condiciones de temperatura, y de ahí al funcionamiento de los imanes conductores.  Reten pensó que podría volver a favorecer la superfluidez con el arreglo del sistema informático regulador de la temperatura. Daba un error y ahí Reten era un verdadero experto.  Esto es pan comido, le dijo Reten a Javier el cual estaba tomándose un batido de chocolate.

       Vamos a arreglar el colisionador antes de que te acabes tu batido- le dijo Retén.

    Y así fue. Al cabo de dos horas el colisonador adquirió su normalidad, y con él los demás puentes. Bueno, es un decir, porque tan pronto esto aparentemente ocurrió, todo volvió a transformarse, Era un caos.  La cúpula seguía concentrando sus tensiones, evidenciadas en su pandeo, pero el puente alcanzaba  un nivel de aceleración tal que la comunicación entre los mundos era continua y apabullante.

   Si te situabas en las puertas podías incluso visualizar Isla Marina y el Círculo. Lo que no se visualizaba era el almacén.

   Mira ahí está Reten dijo Suib con asombro, tomando del brazo a Jano, Lo vemos. Nos ve. Todo se comunica. Espero que no ocurra en todos los puentes o nos volveremos más locos todavía, exclamo

   Papá, papá, se oía el grito de Marvin desde la playa

   Reten no sabía qué imagen atender.

   De repente fue tanta la aceleración que la cúpula con los puentes, que se plegó sobre sí, con un gran chasquido, no sin antes caer Reten de bruces contra el suelo.

   En un abrir y cerrar de ojos, allí estaban todos, los siete, como si se hubiesen pegado las dimensiones dentro de la cúpula.

 Debemos comprobar, debemos comprobar, repetía Suib, que tenemos acceso a la dimensión terrestre. Esto podría ser el mayor desastre…

 ¿Qué pasa Reten? Preguntó Javier

 Que nos vamos, dijo Reten. Nos vamos.

¿A dónde? Preguntó de nuevo.

 Sin rumbo, contestó Sweeney

 Una intensa sensación de vacío sobrecogió a todos los presentes.

 

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El círculo/ sin rumbo

El círculo

 

          El arco de Jano impresionaba a todo visitante. Imperial y majestuosa guardia del Principio. Puerta y salida hacia el bucle infinito del círculo del tiempo. Antes de atravesar el Arco, Suib solía detenerse a examinar las caras laterales, como queriendo escudriñar algún secreto entre las pequeñas oquedades.

          Jano salió al encuentro. Se notaba en su cara la preocupación. Suib, padre, te estaba esperando. Estamos atrapados en un bucle, siempre en el mismo día, me voy a volver loco. Lo sé, lo sé- contestó Suib- el puente está bloqueado y existe un pandeo en la cúpula, supongo que el resto de los puentes también. He dejado a Reten con Sweeney, a ver si solucionan algo. ¡Reten! exclamo Jano, por fin, bien hallado.

       Acto seguido atravesaron el arco, introduciéndose en el círculo inserto en la cuadratura de la puerta. ¡Mira como están mis guardias!- exclamo Jano- ¡a punto de caer en una desolación!

         Las puertas de entrada y salida se atascan, pero sorprendentemente, en intervalos irregulares, se abren. Hemos captado más de diez cajas de vibraciones. ¿Sorprende? Las pescamos todos los días, ya lo sé, pero estas son particularmente intensas.

         A los actores del mal les gusta la táctica de guerrillas. Toda vez que los guardianes del principio impiden todo flujo anormal  hacia el pasado o el futuro de la dimensión terrestre, ellos suelen remitir paquetes o cajas con vibraciones desoladoras para turbar las mentes de los humanos, allá en el lugar donde pudieran caer. Aunque la pesca es tarea del pequeño Marvin, siempre en las puertas se detienen muchísimas de esas cajas. Hay que tener un especial cuidado en abrirlas, ya que pueden perturbar a cualquiera que las escuche. Por eso solo se abren en una habitación insonorizada y portando una escafandra particular que permite detectar la frecuencia del sonido sin ser afectado por la misma. Por así decirlo, estas cajas contienen una vibración, cuyo sonido es en principio imperceptible para el oído humano, que fomenta una especie de locura inducida, pudiendo llevar a las personas o a las naciones a ejecutar actos totalmente execrables o a un estado de locura y delirio insoportable. Dicen que estas cajas han tenido mucho que ver en suicidios, asesinatos e incluso guerras.

           Los actores del mal no son diferentes a nosotros, pertenecen a la misma saga, pero se desarraigaron en el pasado debido a una lucha de poder entre jefaturas, y ahora, su mayor propósito es interferir en el presente terrestre para abocar el futuro, momento en el que perdieron su poder, a un verdadero desastre.

      La dependencia para la lectura de las cajas era una habitación cuadrada, insonorizada y con paredes forradas de blanco. Existe una pantalla central en la que se proyectan las vibraciones, dando a cada sonido un color. Las cajas se depositan en un habitáculo al efecto, como empotrado en una gran mesa de color negro. ¿Tú crees que han tenido algo que ver? interrogó Jano a Suib. No lo sé, no tengo criterio, dijo Suib. Abramos una caja a ver lo que vemos.

            La vibración era ensordecedora. Los colores de un delirio compartido y contagioso, con pretensión de interferir a una gran población. El rojo intenso sobre ese azul cobalto, vibrante sin parar ¿Pretenden una guerra? preguntó Jano, es terrible. Hay que detenerlas. Debo poner más guardianes.

            Tengo una mala vibración, dijo Suib, quizás la solución no sea desatascarnos. Quizá, si nos desatascamos, liberamos el desastre. ¿Y si quien nos ha parado pretende que nada cruce las puertas? Un blindaje, pudiera  ser eso, un blindaje que viniese del propio futuro. Debo volver al puente antes que Reten logre solucionar el atasco

El oráculo / Sin rumbo

              Antes de partir hacia el círculo de Jano, Suib pensó que sería interesante consultar al Profeta, un alma errante que se vanagloriaba de su carácter antisocial no compartiendo el submundo con las demás, viviendo entre los árboles del Parque del Retiro.  Era un ser curioso, alto, alargado, parecía un hilo de humo. Era también algo maniático. Había que reclamar su presencia con un ritual, marcando en el suelo tres triángulos concéntricos, era una excentricidad del Profeta, pero si no lo hacías, no acudía.

            ! Cuanto tiempo, Suib!- exclamó el Profeta- cayendo sobre un banco con una fuerza inusitada. Voy de camino hacia el Círculo, he pasado por el túnel de las errantes. Es lamentable verlas. He visto acartonada a la vieja Bruja y todavía estoy impresionado- dijo Suib, mostrando mucha preocupación-Además creo que están invadidos por un gas. Al principio creí que era oxígeno, pero ahora lo dudo, porque no pude respirar.

          El aire que respiráis, explicó el profeta está compuesto, aproximadamente, por 78,08 % de nitrógeno,  20,94 % de oxígeno,  0,035 % de dióxido de carbono  y 0,93 % de gases inertes, como argón y neón.  No respiras oxígeno puro, Suib. El oxígeno nos impone una paradoja. Si respirases oxígeno puro continuamente se colapsarían tus alveolos pulmonares. No podéis vivir sin oxígeno, pero a medida que respiráis,  la cantidad de oxígeno define vuestro envejecimiento.  Yo no creo que lo que hayas experimentado no sea oxígeno, prosiguió, habría que hacer un análisis, pero me arriesgo a decirte que, al contrario, por lo que me describes, lo que hay es un exceso de oxígeno. Más oxigeno del tolerable incluso para ti, Suib, errante universal.

         Lo ideal es que no fuésemos tontos, afirmó Suib, y respiráramos solo nitrógeno, nos conservaríamos como una fruta envasada al vacío. El profeta rió. y le contestó : Me temo que la evolución determinó que respires oxígeno, necesitas tu nivel oxidativo. Es el pago de la ley de la evolución, el envejecimiento y la muerte

        ¿Tú crees de verdad hubo un paraíso como el bíblico con otras condiciones? Preguntó Suib.

        Sabia pregunta, incluso imposible para un Profeta- le contestó-No, no lo creo, un cuento del Paraíso, manzanas y eso,  pero entiendo que quizás algo diferente pudo haber, distinto, que pudo haber marcado otra adaptación de los organismos vivos y que por algo se fustró.

    Tu sabiduría me asombra- dijo Suib-Me quedaría años aquí divagando contigo pero tengo que seguir viajando, a ver si encuentro algo que explique el atasco de los Puentes.

     El Profeta se marchó rápidamente,  tal como había llegado, no sin antes regalarle a Suib este consejo: “Sigue adelante, sigue adelante, pero no dejes de mirar cada paso que diste hacia atrás”

 

¿Y si no es oxígeno?/ Sin rumbo

                    Reten pensó que no había mejor opción para investigar el problema que un nuevo análisis de la situación en la zona del colisionador de hadrones. Y allá se fue acompañado de Javier, con la intención de realizar todas las comprobaciones que se le ocurrieran. Utilizó herramientas, medidores, cálculos, pero nada, no veía nada que le pudiese arrojar una pista, hasta que, cuando ya daba todo por perdido,  advirtió que  Javier jugaba con un medidor de gases. Se fijó en su pantalla, advirtiendo que arrojaba unos datos contradictorios.

                    Espera, dijo Reten, ahí está. Hay un flujo de gas, no puedo identificarlo, pero que opera aquí dentro como un líquido, evaporándose y provocando una intensa cavitación. Eso puede causar la inestabilidad elástica de la cúpula y el atasco de los puentes. Pero de dónde sale este gas y qué es.

                    Puede ser un gas modificado, por algo, o alguien, quizás si calculamos su masa molecular- apuntó Javier- podremos saber algo más ¿Estamos en condiciones de hacerlo?

                Mientras Reten proseguía en su búsqueda, también lo hacía Suib, en su particular visita a las almas errantes. ¿Hay alguien más aquí que sepa algo? preguntó a la Doncella y al Inglés. No creo, contestaron al unísono las almas errantes, la mayor parte de las criaturas que aquí vivían ya están acartonadas, son materia muerta, cartones, nada. Nos pasará a nosotros también- dijo la Dama- es triste, muy triste,  si no detenemos el avance del oxígeno.

                  Suib comenzó a toser. No es nada, no es nada, masculló, me ahogo. Suib comenzó a sentir una presión incompatible con la presencia de oxígeno en grandes cantidades como al principio parecía. Tuvo que hacer uso de su mochila de oxígeno para respirar.

                 ¿Y si no es oxígeno? Al principio me pareció que sí, pero ahora…no respiro. Sea lo que sea no era propio de ese submundo, ya que paradójicamente, estaba “matando” a las criaturas fantasmales, El problema era complejo, realmente complejo, pensó Suib mientras se despedía, para proseguir su camino hacia el círculo de Jano.

            En ese momento, les sorpendió volando una imagen acartonada, que exclamaba con voz entrecortada: ¡son ellos, han sido ellos ¡ cayendo acto seguido al suelo.

               Suib reconoció enseguida esa figura de cartón. Todos la conocían por el nombre de Berta, la bruja del abismo. Ella guardaba el tránsito al inframundo, y siempre evitaba que las almas buenas, por muy errantes que fueran, cayesen en sus aguas.Desconcertaba verla así, sin vida, con la misma textura de una caja de cartón . Ya ves, afirmó  el Inglés, pronto todos seremos eso, cartulinas extendidas por estos túneles. No hay esperanza.

             ¿Pero quién eran ellos? ¿A qué o quién se refería la vieja Berta?

Oxígeno/ sin rumbo

       No fue la pérdida de una batalla, ni siquiera la batalla de la vida, la que llevó a Suibhne a aceptar su destino de errante. Fue justamente todo lo contrario, en él se depositó la mayor confianza y se le otorgó todo un poder, no precisar de los portales para visitar las diferentes realidades. Este poder llevaba una gran obligación como maestro y padre de las siete sagas: la necesidad de dar cohesión a la función de todos los mundos, siendo guía material y espiritual y quien sabe, algún día, poder ser testigo de la normalidad del tránsito entre las diferentes fases. Reten estaba destinado a sucederle en su función pero en un mayor estado de cohesión, juntando el mundo errante de Sweeney y la guardia de los portales  temporales de Jano. Era tal su destino, que existía un grave peligro de que pudiera pasarle algo, pues a ninguna fuerza del mal le podía interesar su existencia. Por ello,  el Comité de Sabios decidió se fingiera su desaparición, siendo llevado a la dimensión terrestre y adoptado como si fuera un huérfano normal. Suibhne nunca dejó de seguirle el rastro, por eso cuando el eje terrestre determinó el atasco entre portales, el día 5 de junio de 2017, no fue casual ni la pérdida de su empleo ni su encuentro en el almacén.

     Suib- como era conocido- sabía que Reten solucionaría el atasco en cualquier momento, pero tan importante como hacerlo era averiguar la causa real del mismo y quien estaba detrás. Cuando nos preguntamos a quién le interesaría dejar a la tierra aislada en el siglo XXI, en el año dos mil diecisiete, sin que ninguna intervención pudiese hacerse en el acontecer de la misma, nos podemos imaginar miles de sospechosos. Lo principal, en esta búsqueda, era averiguar que está pasando a partir de septiembre de dos mil diecisiete y cuyo control se intenta evitar por los guardianes del principio. ¿Pretenden un cambio de la historia? ¿Un caos en el que no se pudiera intervenir? Sabía que la aparente normalidad que vivía la tierra en estos momentos era eso, apariencia, y temía que si no se actuaba pronto poco se podría hacer.

           Como quiera que los portales estaban cerrados, la única manera de averiguar algo era  que el vagabundo Suib se internase en las calles de Madrid en busca de alguna respuesta. Por eso debió partir tras encontrar a Reten en el almacén, dejándolo a cargo de Sweeney (y no lo contrario).

            En un local, hoy destinado a bar, de la Plaza del dos de mayo, existe una puerta al espacio de las almas errantes, aquellas que por alguna cuestión se encuentran atrapadas tras su muerte y vagan de un lugar a otro sin cesar. Suib pensó que sería un buen lugar para empezar a investigar. Siempre había contado con la simpatía de esas lúgubres almas fantasmales, pues, de alguna manera, compartían el pesado destino de no estar en ninguna parte.  En aquel submundo no había oxígeno, por lo que tenía que portar una mochila auxiliar para facilitarle su respiración.

           ¿Dónde va? le preguntó el camarero, al ver que Suib entraba en el local y se dirigía a la trastienda. Suib hizo caso omiso, corriendo el camarero tras él, en un intento fallido de retenerle, pues la imagen de Suib desapareció como el humo, dejando atónito al empleado del bar.

           Suib  siguió un estrecho pasillo hasta una estancia donde la sensación de humedad era intensa. Allí se encontró con  la Doncella y el Inglés, dos de las más sabias almas errantes. De hecho, llevaban errando desde la guerra de la Independencia y habían visto muchas cosas. “No es nuestro el movimiento” le dijo el Inglés, a nosotros también nos está afectando. Mira mis manos, dijo la Doncella, se están agrietando como cartón piedra. Algo hay en el aire en este submundo. ¡Nos está entrando oxígeno! Y era cierto,  Suib retiró el tubo de inhalación y pudo comprobar podía respirar…Oxígeno.

        Y que hubiera oxígeno donde no debiera estar decía mucho sobre la posibilidad de que hubiera una fractura de las dimensiones de la tierra. ¿Qué pudo causar esa fractura? ¿Dónde se localizaba?

        Suib- dijo la Doncella- tienes que acabar con esto, estoy envejeciendo, hecha un asco, es terrible, terrible. !Ayudanos!

 

 

 

 

 

El puente(2)/ sin rumbo

         Se me asignó un ayudante, un muchacho alto y muy delgado de unos veinte años de edad. Tenía el pelo muy corto, moreno, de unos ojos negros profundos y brillantes. Hola soy Javier, me dijo, estoy muy ilusionado por este trabajo. Es un honor ser su ayudante. Tutéame, por favor, llámame Alex, o Reten, como quieras. Gracias Jefe, contestó el muchacho, agradecido con la confianza que le demostraba.

           El lenguaje de la cohesión es geométrico. Sweeney me había facilitado el mapa de los Puentes para que “tuviera cuidado con la apreciación de las dimensiones”. Mira con detenimiento, dijo Javier señalándome el plano, te escuché hablar del triángulo equilátero, en cada ángulo están los puentes y en ellos los tres colisionadores de hadrones, pero no seas corto, Reten, mira hacia arriba. Y nada más cierto, el triángulo estaba en el interior círculo, que era base de la cúpula. Si lo podía ver. Se superponían triángulos a modo de sucesivos hologramas, todos iban formando un icosaedro, dando forma a la cúpula. Aquello era un poco “rallante”,  incluso para mí que adoro los sistemas complejos. Pudiera ser  el mismo lugar proyectado en el centro de la “nada”.

            El denominado atasco en las puertas dimensionales pudiera tener su motivo en el pandeo global de la cúpula. Algo había afectado a su estabilidad, por lo que no era complicado presumir que los otros dos puentes estuvieran igualmente afectados.

       ¿Tendremos que enderezarla? preguntó Javier. ¿Pero cómo? No lo sé, le respondí, pero tengo algo claro que el problema no tiene que venir de arriba, sino de abajo. La inestabilidad es una forma de caos y si el equilátero mantiene la armonía la solución tiene que estar en la dinámica de los puentes. Debemos caminar hacia atrás, estudiar lo que pasó los días previos al desajuste para encontrar las claves para restablecer el equilibrio perdido.

            Seguí indagando en las anotaciones del plano. Tras ese primer examen me di cuenta que entre el dibujo del colisionador y su descripción se podían apreciar unas letras que eran tan pequeñas que resultarían ilegibles a cualquier persona, por muy buena vista que tuviera. Una lupa ¿Tenemos una lupa? Javier empezó a abrir cajones y cajas de herramientas, hasta que encontró una.

            “Revisar el cociente de transformación en caso de desajuste”, eso era lo que ponía, pero todavía no sabía darle significado,

           ¿Hay alguna forma de saber lo que pasó los días previos al atasco? No podemos ir adelante, pero ¿podemos ir atrás?. Sweeney me confeso que  la fuerza del colisionador unida a la energía magnética de la corriente permtió que abriera un portal con Isla Mariña. ¿Pero cómo diántres se iba al pasado?

El puente/ sin rumbo

       Ven siéntate aquí Reten, me dijo Sweeney, señalándome una silla libre en la mesa que ocupaba. El comedor era una amplia estancia, de más de doscientos metros cuadrados, dispuesta de una forma bastante curiosa. Las paredes, pintadas de blanco degradado, se estrechaban hacia el fondo, a la par que su pintura iba oscureciendo. Existían mesas de diferente geometría. Todas estaban cubiertas con manteles, igualmente blancos, sobre los que destacaba una vajilla en gris oscuro. Las sillas eran también grises, de un gris oscuro intenso y brillante. Confieso que, en una primera impresión, agobiaba esa simple combinación de colores. La nota divergente la ponían los comensales Las dos primeras mesas tenían forma ovalada y albergaban ocho comensales cada una. Pude reconocer a alguno de ellos. Eran Guardianes del Principio. A su lado una alargada mesa llena de soldados con distinto uniforme. A estos pertenecía el grandullón que me avisó que no se podía cruzar el muro de noche. Las siguientes formaban un curioso pentágono de lados dispares. En ellas se sentaban una serie de niños y niñas, con rasgos propios del denominado síndrome de down, que parecían muy alegres, armando mucho revuelo. La siguientes, tres mesas, con forma de triángulo. En una de ellas, a la izquierda, estaba el lugar que Sweeney me había reservado. Los comensales de las mesas triángulo eran muy variados, había niños, jóvenes y ancianos, y todos llevaban un brazalete amarillo menos Sweeney, que lucía hermosa como siempre, vistiendo un sencillo vestido azul.  Finalmente, y en su fondo, la mesa presidencial, dispuesta con tres servicios. La única que estaba vacía.

       La iluminación era sorprendente. No se veían lámparas, ni bombillas ni leds, nada que indicase su existencia. Sin embargo la amplia estancia, de más de doscientos metros, gozaba de gran luminosidad. ¿Dónde están las bombillas?  Pregunté. Sweeney se rio. De qué cosas te ocupas- dijo-la iluminación no está visible porque es, está, sin necesidad de que exista.

        Las mesas ovaladas, continuó explicando Sweeney, están ocupadas por las escuadras de Jano. Mi hermano dispuso que sus escuadras fueran de ocho guardianes. Están de paso camino a Isla Mariña. Al lado de las escuadras de Jano y en una larga mesa ves a doce soldados, ellos pertenecen a la Guardia de este Puente. Este lugar se denomina así, Puente.  Es una especie de hotel de tránsito hacia el resto de dimensiones, una de ellas es la tuya, la terrestre. Las otras espero las puedas ir conociendo. En los pentágonos están sentados los soñadores. Son niños de la saga de mi hermana Alana. Benditos soñadores. Sé  lo que piensas- continuó Sweeney- en la tierra estáis ciegos para distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo. Habéis pensando que portar el síndrome de Down es una discapacidad, pero eso porque no veis más allá de vuestras narices. Estos niños portan una grandeza, un gran don, que nos salva a todos cada día. Ellos son la inocencia más pura, la ausencia de mal. Son sus sueños los que iluminan la oscuridad del mundo. Gracias a sus sueños el mundo es mejor. Este grupo de soñadores estaban aquí, en el Puente, con destino a su Ciudad del Sueño, situada en las profundidades del océano atlántico, Una especie de Atlántida, pero llena de sueños. El resto de mesas están ocupadas por gente de aquí y allá, que les pilló aquí, de viaje, en el momento que nos atascamos. No sé si lo sabes, estamos atascados, y ahora solo podemos acceder a ese almacén en el que te encontramos, siempre el mismo día y la misma hora. Nosotros podemos variar lo que hacemos, pero el día es el mismo, Una locura. La mesa presidencial está vacía, como cada vez que no está mi padre. Él tenía que marcharse aprovechando la actividad magnética de la tormenta. Debe averiguar qué está pasando en el resto de nuestros puentes. Hay algo que sospecha, como si pensase que esto no es fortuito.

        Pero dime- interrumpí a Sweeney- por qué si estás tan acompañada me necesitabas ¿Para qué demonios me contrató tu padre? ¿Por qué estoy aquí? Recuerdas, me dijo, sus palabras. Te dijo “Hazle recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad…” Esas palabras anuncian lo que estamos esperado, una vuelta a nuestra realidad. Supongo que ya lo sospechas, sonrió Sweeney- estás aquí porque eres mi hermano, el Ingeniero. Menos mal que te localizamos por la red. No sabíamos cómo decírtelo, cómo traerte sin que pensases que éramos unos chalados, pero la casualidad quiso traerte justamente hasta aquí. Y ya todo se ve más fácil. ¿Fácil? Preguntó Reten. Me estás tomando el pelo.

      Bueno, Sweeney, dejémonos de tonterías- dijo uno de los soldados grandullones de la mesa rectangular- nos vas a presentar de una vez al Ingeniero. Cuándo demonios va a arreglar nuestro colisionador. Mantengan la calma, señores- alzó la voz Sweeney- todo a su tiempo.

      Pudiéramos decir que era una rica oferta culinaria, con un pescado excelente y unas verduras a la plancha de primera, pero a mí se me estaba atragantando. Demasiadas cosas a la vez. Hermano, ingeniero, colisionador…Lo peor es que asustaba, tenía visos de ser cierto, de alguna manera había conocido un portal dimensional o algo parecido y ahora estaba en un lugar inubicable denominado “puente”. El plato fuerte no fue el postre, ni siquiera esa manera dulce que tenía Sweeney para sugestionarme, sino cuando traspasando la pared más oscura del comedor, pude acceder al lugar más increíble que había visto nunca en mi existencia. En ocasiones había visto imágenes de un colisionador de hadrones, había visitado alguna página de internet, pero esta era la primera vez que tenía uno delante, y era mucho más pequeño que los que conocía pero, a la vez, impactantemente más luminoso. Su emisión era la  Aurora boreal en su momento más majestuoso.

     Existían tres puentes o hoteles de tránsito, cada uno situado, si lo dibujásemos en un plano, en los ángulos de un triángulo equilátero imaginario. En su mediatriz se ubicaba un colisionador de hadrones.  Cada vez que se le hacía rotar, abría un portal dimensional, que era el que favorecía su tránsito entre Puentes y a la vez entre dimensiones. El Puente en el que me encontraba permitía el paso a tres portales importantes, la Isla Mariña, el círculo de Jano y nuestra propia dimensión, la terrestre. A la vez permitía el tránsito a los puentes dos y tres, que a su vez llevaban a sucesivos lugares de asentamiento de las sagas, como la Ciudad de los soñadores, el portal de Brais y lo que era más sorprendente mi propia dimensión Reten21.

    No sé si yo me había puesto ese nombre por casualidad, o es que en realidad pertenecía a toda esa saga. ¿Cómo diablos iba a arreglar un colisonador de hadrones?  Eso no era gestionar recursos informáticos, mis conocimientos no llegaban ahí.

    Tomate tiempo Reten, tiempo, naciste con la información necesaria para abarcar tu destino. Ya sabrás como hacerlo, ya sabrás.

   Qué decir que esa noche no fue una noche cualquiera. Me desperté empapado, temblando, sobre el viejo camastro del almacén. Todo fue un sueño- dije en voz alta- todo fue un sueño, repetí.

   En ese instante, oí la voz de Sweeney diciéndome “Tal vez no, tal vez no”, al tiempo que se acercaba, vestida de azul, como la había “soñado”, con un termo de café caliente.

                                                                                                          .