El círculo/ sin rumbo

El círculo

 

          El arco de Jano impresionaba a todo visitante. Imperial y majestuosa guardia del Principio. Puerta y salida hacia el bucle infinito del círculo del tiempo. Antes de atravesar el Arco, Suib solía detenerse a examinar las caras laterales, como queriendo escudriñar algún secreto entre las pequeñas oquedades.

          Jano salió al encuentro. Se notaba en su cara la preocupación. Suib, padre, te estaba esperando. Estamos atrapados en un bucle, siempre en el mismo día, me voy a volver loco. Lo sé, lo sé- contestó Suib- el puente está bloqueado y existe un pandeo en la cúpula, supongo que el resto de los puentes también. He dejado a Reten con Sweeney, a ver si solucionan algo. ¡Reten! exclamo Jano, por fin, bien hallado.

       Acto seguido atravesaron el arco, introduciéndose en el círculo inserto en la cuadratura de la puerta. ¡Mira como están mis guardias!- exclamo Jano- ¡a punto de caer en una desolación!

         Las puertas de entrada y salida se atascan, pero sorprendentemente, en intervalos irregulares, se abren. Hemos captado más de diez cajas de vibraciones. ¿Sorprende? Las pescamos todos los días, ya lo sé, pero estas son particularmente intensas.

         A los actores del mal les gusta la táctica de guerrillas. Toda vez que los guardianes del principio impiden todo flujo anormal  hacia el pasado o el futuro de la dimensión terrestre, ellos suelen remitir paquetes o cajas con vibraciones desoladoras para turbar las mentes de los humanos, allá en el lugar donde pudieran caer. Aunque la pesca es tarea del pequeño Marvin, siempre en las puertas se detienen muchísimas de esas cajas. Hay que tener un especial cuidado en abrirlas, ya que pueden perturbar a cualquiera que las escuche. Por eso solo se abren en una habitación insonorizada y portando una escafandra particular que permite detectar la frecuencia del sonido sin ser afectado por la misma. Por así decirlo, estas cajas contienen una vibración, cuyo sonido es en principio imperceptible para el oído humano, que fomenta una especie de locura inducida, pudiendo llevar a las personas o a las naciones a ejecutar actos totalmente execrables o a un estado de locura y delirio insoportable. Dicen que estas cajas han tenido mucho que ver en suicidios, asesinatos e incluso guerras.

           Los actores del mal no son diferentes a nosotros, pertenecen a la misma saga, pero se desarraigaron en el pasado debido a una lucha de poder entre jefaturas, y ahora, su mayor propósito es interferir en el presente terrestre para abocar el futuro, momento en el que perdieron su poder, a un verdadero desastre.

      La dependencia para la lectura de las cajas era una habitación cuadrada, insonorizada y con paredes forradas de blanco. Existe una pantalla central en la que se proyectan las vibraciones, dando a cada sonido un color. Las cajas se depositan en un habitáculo al efecto, como empotrado en una gran mesa de color negro. ¿Tú crees que han tenido algo que ver? interrogó Jano a Suib. No lo sé, no tengo criterio, dijo Suib. Abramos una caja a ver lo que vemos.

            La vibración era ensordecedora. Los colores de un delirio compartido y contagioso, con pretensión de interferir a una gran población. El rojo intenso sobre ese azul cobalto, vibrante sin parar ¿Pretenden una guerra? preguntó Jano, es terrible. Hay que detenerlas. Debo poner más guardianes.

            Tengo una mala vibración, dijo Suib, quizás la solución no sea desatascarnos. Quizá, si nos desatascamos, liberamos el desastre. ¿Y si quien nos ha parado pretende que nada cruce las puertas? Un blindaje, pudiera  ser eso, un blindaje que viniese del propio futuro. Debo volver al puente antes que Reten logre solucionar el atasco

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El puente/ sin rumbo

       Ven siéntate aquí Reten, me dijo Sweeney, señalándome una silla libre en la mesa que ocupaba. El comedor era una amplia estancia, de más de doscientos metros cuadrados, dispuesta de una forma bastante curiosa. Las paredes, pintadas de blanco degradado, se estrechaban hacia el fondo, a la par que su pintura iba oscureciendo. Existían mesas de diferente geometría. Todas estaban cubiertas con manteles, igualmente blancos, sobre los que destacaba una vajilla en gris oscuro. Las sillas eran también grises, de un gris oscuro intenso y brillante. Confieso que, en una primera impresión, agobiaba esa simple combinación de colores. La nota divergente la ponían los comensales Las dos primeras mesas tenían forma ovalada y albergaban ocho comensales cada una. Pude reconocer a alguno de ellos. Eran Guardianes del Principio. A su lado una alargada mesa llena de soldados con distinto uniforme. A estos pertenecía el grandullón que me avisó que no se podía cruzar el muro de noche. Las siguientes formaban un curioso pentágono de lados dispares. En ellas se sentaban una serie de niños y niñas, con rasgos propios del denominado síndrome de down, que parecían muy alegres, armando mucho revuelo. La siguientes, tres mesas, con forma de triángulo. En una de ellas, a la izquierda, estaba el lugar que Sweeney me había reservado. Los comensales de las mesas triángulo eran muy variados, había niños, jóvenes y ancianos, y todos llevaban un brazalete amarillo menos Sweeney, que lucía hermosa como siempre, vistiendo un sencillo vestido azul.  Finalmente, y en su fondo, la mesa presidencial, dispuesta con tres servicios. La única que estaba vacía.

       La iluminación era sorprendente. No se veían lámparas, ni bombillas ni leds, nada que indicase su existencia. Sin embargo la amplia estancia, de más de doscientos metros, gozaba de gran luminosidad. ¿Dónde están las bombillas?  Pregunté. Sweeney se rio. De qué cosas te ocupas- dijo-la iluminación no está visible porque es, está, sin necesidad de que exista.

        Las mesas ovaladas, continuó explicando Sweeney, están ocupadas por las escuadras de Jano. Mi hermano dispuso que sus escuadras fueran de ocho guardianes. Están de paso camino a Isla Mariña. Al lado de las escuadras de Jano y en una larga mesa ves a doce soldados, ellos pertenecen a la Guardia de este Puente. Este lugar se denomina así, Puente.  Es una especie de hotel de tránsito hacia el resto de dimensiones, una de ellas es la tuya, la terrestre. Las otras espero las puedas ir conociendo. En los pentágonos están sentados los soñadores. Son niños de la saga de mi hermana Alana. Benditos soñadores. Sé  lo que piensas- continuó Sweeney- en la tierra estáis ciegos para distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo. Habéis pensando que portar el síndrome de Down es una discapacidad, pero eso porque no veis más allá de vuestras narices. Estos niños portan una grandeza, un gran don, que nos salva a todos cada día. Ellos son la inocencia más pura, la ausencia de mal. Son sus sueños los que iluminan la oscuridad del mundo. Gracias a sus sueños el mundo es mejor. Este grupo de soñadores estaban aquí, en el Puente, con destino a su Ciudad del Sueño, situada en las profundidades del océano atlántico, Una especie de Atlántida, pero llena de sueños. El resto de mesas están ocupadas por gente de aquí y allá, que les pilló aquí, de viaje, en el momento que nos atascamos. No sé si lo sabes, estamos atascados, y ahora solo podemos acceder a ese almacén en el que te encontramos, siempre el mismo día y la misma hora. Nosotros podemos variar lo que hacemos, pero el día es el mismo, Una locura. La mesa presidencial está vacía, como cada vez que no está mi padre. Él tenía que marcharse aprovechando la actividad magnética de la tormenta. Debe averiguar qué está pasando en el resto de nuestros puentes. Hay algo que sospecha, como si pensase que esto no es fortuito.

        Pero dime- interrumpí a Sweeney- por qué si estás tan acompañada me necesitabas ¿Para qué demonios me contrató tu padre? ¿Por qué estoy aquí? Recuerdas, me dijo, sus palabras. Te dijo “Hazle recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad…” Esas palabras anuncian lo que estamos esperado, una vuelta a nuestra realidad. Supongo que ya lo sospechas, sonrió Sweeney- estás aquí porque eres mi hermano, el Ingeniero. Menos mal que te localizamos por la red. No sabíamos cómo decírtelo, cómo traerte sin que pensases que éramos unos chalados, pero la casualidad quiso traerte justamente hasta aquí. Y ya todo se ve más fácil. ¿Fácil? Preguntó Reten. Me estás tomando el pelo.

      Bueno, Sweeney, dejémonos de tonterías- dijo uno de los soldados grandullones de la mesa rectangular- nos vas a presentar de una vez al Ingeniero. Cuándo demonios va a arreglar nuestro colisionador. Mantengan la calma, señores- alzó la voz Sweeney- todo a su tiempo.

      Pudiéramos decir que era una rica oferta culinaria, con un pescado excelente y unas verduras a la plancha de primera, pero a mí se me estaba atragantando. Demasiadas cosas a la vez. Hermano, ingeniero, colisionador…Lo peor es que asustaba, tenía visos de ser cierto, de alguna manera había conocido un portal dimensional o algo parecido y ahora estaba en un lugar inubicable denominado “puente”. El plato fuerte no fue el postre, ni siquiera esa manera dulce que tenía Sweeney para sugestionarme, sino cuando traspasando la pared más oscura del comedor, pude acceder al lugar más increíble que había visto nunca en mi existencia. En ocasiones había visto imágenes de un colisionador de hadrones, había visitado alguna página de internet, pero esta era la primera vez que tenía uno delante, y era mucho más pequeño que los que conocía pero, a la vez, impactantemente más luminoso. Su emisión era la  Aurora boreal en su momento más majestuoso.

     Existían tres puentes o hoteles de tránsito, cada uno situado, si lo dibujásemos en un plano, en los ángulos de un triángulo equilátero imaginario. En su mediatriz se ubicaba un colisionador de hadrones.  Cada vez que se le hacía rotar, abría un portal dimensional, que era el que favorecía su tránsito entre Puentes y a la vez entre dimensiones. El Puente en el que me encontraba permitía el paso a tres portales importantes, la Isla Mariña, el círculo de Jano y nuestra propia dimensión, la terrestre. A la vez permitía el tránsito a los puentes dos y tres, que a su vez llevaban a sucesivos lugares de asentamiento de las sagas, como la Ciudad de los soñadores, el portal de Brais y lo que era más sorprendente mi propia dimensión Reten21.

    No sé si yo me había puesto ese nombre por casualidad, o es que en realidad pertenecía a toda esa saga. ¿Cómo diablos iba a arreglar un colisonador de hadrones?  Eso no era gestionar recursos informáticos, mis conocimientos no llegaban ahí.

    Tomate tiempo Reten, tiempo, naciste con la información necesaria para abarcar tu destino. Ya sabrás como hacerlo, ya sabrás.

   Qué decir que esa noche no fue una noche cualquiera. Me desperté empapado, temblando, sobre el viejo camastro del almacén. Todo fue un sueño- dije en voz alta- todo fue un sueño, repetí.

   En ese instante, oí la voz de Sweeney diciéndome “Tal vez no, tal vez no”, al tiempo que se acercaba, vestida de azul, como la había “soñado”, con un termo de café caliente.

                                                                                                          .

Las siete sagas/ Sin rumbo

¿Reten21? ¿Qué nombre es ese para un hombre? preguntó Sweeney, clavando fijamente la mirada en su nuevo cuidador.

   No me llamo Reten. Es un alias para internet. Mi nombre es Alejandro, Alex, mejor. Así me llaman todos, Alex.

   Vaya, no sé si me gustaba más Reten21, creo que te seguiré llamando así si no te importa, Alex frunció el ceño y contestó ¿Y Sweeney? ¿Qué nombre es ese para una chica? ¿No es un nombre de chico? ¿No eres española?

     Digamos que soy ciudadana del mundo. En cuanto a mi nombre, elección de mi padre. Él dice que nos ha puesto los nombres que se identifican con nuestra misión. Siempre pronuncia la misma frase cuando se lo pregunto. “el nombre hace tanto o más que la voluntad”.

    ¿Misión? ¿Qué Misión? preguntó Reten21. Quizás ser maravillosamente dulce, contestó Sweeney y acto seguido sonrió.

   Alejandro, nuestro Reten21 pensó que quizás estaba pretendiendo razonar con unos “medio-tarados”, pero no tenía donde pasar la noche, por lo que era mejor callarse. Al día siguiente pensaría bien lo que iba a hacer.

   Cuando estaba felizmente recostado en el viejo camastro del almacén, con los ojos prácticamente cerrados, fue sorprendido por la voz de Sweeney. Venga vamos, no pretenderás dormir ahí….venga… La chica tomó del brazo a Reten21 y se dirigió directamente hacia un muro de un almacén. Reten se detuvo. ¡Que nos vamos a  chocar! exclamó, frenando en seco, mientras delante de sus ojos se abrió una puerta de acceso a otras dependencias.

    Ya no sabía si era un sueño, una realidad o una locura. Se pellizcó, y de verdad sentía, Miró su reloj, las agujas giraban bien. Y ahí estaba él, no dando crédito a lo que veía. De las indigentes y viejas dependencias del visible almacén, se pasaba a otras que parecían de ficción, una dependencia circular que daba lugar a otras muchas con puertas numeradas a modo de hotel. Ocuparás la habitación 21, como tu nombre, le dijo Sweeney. Al fondo está el comedor, cenaremos a las nueve. Tienes ropa limpia en tu cuarto y todo lo necesario para tu aseo.

   Ahora sí que quería huir, pero ya era tarde, quizá. Una voz de mando desde lo lejos y un sonar de pasos acompasados le evidenció no estaba solo, ni mucho menos. Los guardianes del Principio- dijo Sweenwy-no temas, son ruidosos, pero buena gente. Es su ronda habitual. Es una escuadra de las comandadas por mi hermano Jano.

  ¿Jano? ¿Hermano? Si, dijo Sweeney, hermano. Somos siete, como nuestras siete sagas. Alana, Brais, Jano, Marvin, Mabel, la chiquitina, y yo que voy justito detrás de Jano.  Al mayor no le conocimos. Sé que mi padre lo estaba buscando, porque lo raptaron recién nacido. Es necesario que comande su saga.

  ¿Sagas? Se supone que si sois hermanos pertenecéis a la misma saga ¿no?, preguntó Reten21. La hermandad no implica siempre lo mismo, afirmó Sweeney, al tiempo que le preguntó cuál sería la suya.  La mía, dijo Reten21, yo no tengo saga. Sweenwy, no me vuelvas loco, suplicó.

   Reten21 se detuvo unos minutos mirando al muro, lo que llamó la atención de un guardián  corpulento, el cual se acercó advirtiéndole que no se podía cruzar, con un contundente  “Ni lo intentes”.  Por la noche se cierra y es imposible hacerlo- afirmó el guardián- Mañana será otro día. Pero yo ni siquiera lo haría, para lo que hay que ver, siempre el mismo lugar, siempre el mismo tiempo, siempre el mismo día. Menos mal chaval que no repetimos en “deja vu” la misma secuencia. A ver si llega el ingeniero y esto se repara, sino me voy a volver tarado.

   Acto seguido se marchó, quedando Reten21 más desconcertado que nunca.