La búsqueda

Perdidos en una selva,

hay demasiada vegetación para ver el camino,

y aun así maravilla la frondosa alegría de la vida,

reclamando su sitio,

sitio….

cuál es el nuestro, me pregunto

si algún día podremos encontrar el oasis,

allí donde siempre haya paz.

 

Disgusta la guerra por la supervivencia

y es curioso

jamás nos hemos liberado de blandir la espada,

en lucha impetuosa en la memoria,

contradictoria realidad que debilita

la fuerza que nos traba y nos revela.

 

Añoramos,

un lugar donde repostar silencio,

un lugar,

ese sitio de bandera blanca y tregua abierta,

ropa lavada sobre el verde,

sintiendo,

como el sol nos devuelve la mirada

buscar entre las sombras,

y abrigarnos

en el azul del mar.

 

Ya no resulta posible

seguir solos

y todo el andamiaje

que lleva hacia la torre de los nombres,

lleva marca de espinas

 

Quizá no podamos asirnos

a ninguna rama,

las arenas movedizas cubren la cabeza

y derrotan la espalda.

 

Cuán lejos el paraje donde reposa el arte,

cuán lejos el pasado nos antoja,

dibujar la sonrisa escrita verdes talles,

cuánto miedo al derrumbar la tarde,

en una soledad que ya aprisiona

y nada que nos calme.

 

Somos caminantes

zoombies…

entre la publicidad de las colonias

y las cápsulas milagro.

 

Dónde habrá un asidero,

la fuente y el grial.

el mare Nostrum

que nos devuelva

a la salvaje realidad de nuestros ojos.

 

 

Anuncios

Lenguaje de la vida

” Un universo simétrico sería aburrido”

La simetría destruye tu mirada,

de un mundo perfecto,

la mentira se contagia del recuerdo,

a veces pienso que,

ni siquiera te acuerdas de lo que fue verdad,

de ese niño

que volteaba las tazas de su abuela,

buscando la densidad del aire y la tormenta.

 

Yo sé que sabes que el universo

desagrada

tu falaz simetría,

y por mucho que te crezcas

eres pequeño,

diminuto,

impotente,

ante el crujir de los días.

 

Tú sabes también que yo lo sé,

en tu incesante apología

del trono de tu ego

hay una puerta

que deja entrever aquel pequeño

hacedor de oleaje en las ausencias.

 

No hay hombres ni mujeres distintos a los otros,

todos somos

parte del lenguaje de la vida.

 

Por suerte,

el universo es irregular,

por pura superviviencia.

 

 

 

Pasquines de miel y sin hojuelas

Extraño pensamiento maquetado

en la revista de las irrealidades

anhelo juvenil en cuerpo trasnochado

todavía pegado a vanidades,

anuncios de perfume y bagatelas,

impersonal, ausente, a la deriva

en ese blanco vacío de diseño,

que es como el gris privado de la vida,

aun no sabes que todo tiempo vuela

por mucho Botox que cuelgues en la espuela.

 

Pequeña humanidad idiotizada

en pasquines de miel y sin hojuelas

¿Qué te sugiere?

Pudiera ser invierno, al mediodía, con una soledad de espantapájaros.

Pudiera estar perdido en el recuerdo de una vida soñada y no cumplida,

esa otra vida, nonata, arrebatando de ira los recuerdos.

Pero también pudiera ser otoño. Sí tal vez, pudiera, ser otoño de castañas de colores,

esas castañas que juegan a despistarnos sobre irisados racimos de uvas rojas,

precursoras del verde de poniente sobre el libro, en la ilusión tardía de un encuentro

Pudiera ser también el cierre de una herida. Ella vendrá y cambiará las notas,

con un ramo de lirios y sonrisas. Pentagrama de luz en las persianas.

Pudiera se un hombre, al fin y al cabo, culminado el paisaje de sus ojos,

con el atardecer sereno de su rostro,  invitándote a sentarte y comentarte

lo suave del tiempo cuando llueve y el devenir de las hojas sobre el suelo.

Tendrá una gran familia, o no, ninguna. Será un hombre de bien, estoy segura,

de esos que comprenden que la dicha,  se encuentra dentro, muy dentro de los días

cuando el sol ilumina las palabras, hay café caliente y una mano amiga.