Regresaba

Soñé que era guerrera,

mujer pájaro,

con alas extendidas y ampliadas.

Soñé que visitaba tus infiernos,

para borrar el hilo que nos ata,

y las cadenas del fuego que nos dejan

todas las batallas innombradas.

 

La herida era grieta, lanza hiriente.

el silencio era plomo, innecesario

y no había sutura ni sustento

que pudiera ser aire de poniente,

en corazón extinto y desarmado.

 

Y cuando abrí los ojos

aún soñando,

el cráter del averno supuraba,

de su propio dolor cerró su herida

y para su conversión se hizo paisaje,

una llanura de pastos y zarzales.

 

Y volví a abrir  los ojos,

aún soñando,

todo era cielo abierto y estrellado,

y en un giro suave de astrolabio,

67 pasos hacia el carro,

de una sola lágrima, asomaron

tres estrellas brillantes

y en mi mano

dibujó su cintura el universo

mensajero de viento esperanzado

en esta cálida noche de verano.

 

Bajo el imperio de la luna

soñé que

regresaba.

 

Sueño de amor

                       Cuando decidí ordenar mis poemas de amor bajo un alfabeto, en un alfabeto para amarse, lo hice de manera improvisada y no emulando, lo confieso, la decisión de otros poetas. Aun así, luego cuando ya estaba publicado, Un aflabeto para amarse, recaí en la lectura de la obra de un poeta, jurista  y político ecuatoriano del XVIII/XIX, que gustó del mismo criterio para ordenar su consejos en forma de verso en su Alfabeto para un niño.  Yo aquí homenajeo a Olmedo  en su dimensión como poeta. De la vida, hace tiempo y por muchos motivos, lo que más me interesa es lo que esconden dentro las personas y por ello la poesía.  Hoy retomo como base un poema de José Joaquín de Olmedo, llamado un sueño, y escribo este poema, que se lo dedico y espero le llegue, entre los pliegues de las dimensiones de los tiempos.

 

Saber puedes las veces que te amo,

las veces que recuento nuestro sueño,

y aquellas otras tantas que despierto,

maldiciendo,

la luz del día, la torre, la mañana,

la historia que no fue, que era soñada

y me quedó pegada en la mirada.

 

Sueño

 

No siempre fue ella

en blanca tez

sobre la curva de sus identidades

desconcertando al agua

en las coordenadas de los sueños

 

No siempre fue él

incorporándose

salvaje melodía siempre inquieta

entre los rostros que todavía restan

 

 

Dime, tú, si tú pudieras

comprender las dimensiones

de la dama que nace sobre el lago,

si tus ojos,

hubieran amanecido tecleando

sus inspiraciones,

si tú fueras,

aquel a quien  busca el mensajero,

quizás,

ya hubieras tenido este sueño

Pesadilla

Hay veces que  me siento temblar

Inapreciable e invisible

sobre el extremo de una cuerda

indivisible con mis pies

No me caigo

sostenida en el sueño

 

El aliento del precipicio

provoca un escalofrío sobre mi nuca

la alerta del abismo

No tengo más cuerdas

Pesadilla

Una caja del deseo

 

Existe una caja sin dueño

en un corazón perdido

esa caja del deseo,

de aquel botón descosido,

de aquellos roces furtivos

y por furtivos perdidos,

de aquellas noches sin sueño

apresando sus latidos,

entre sentimiento y fuego,

en llama siempre prendido

 

Una caja del deseo,

alguien encontró la llave

en clave de amor herido

y atrapado entre  sus labios

ese corazón perdido

no teme ser confundido

y siente, porque está vivo

nunca es tarde, ya te digo.

para comenzar de nuevo

y vivir lo no vivido