Ellas son blancas luminarias,

sin porte de guerrera,

ni más pretensiones,

que no despertar de un sueño

y danzar sobre lagos infinitos

de aguas cálidas y suave orografía.

Ellas han desertado,

de los viejos imperios de la luna,

del narcisismo del sol,

de la constante contienda

del día y la noche entre sus ojos.

Por muchas conjunciones de planetas,

ellas no precisan escudo,

y su futuro lo escriben cada tarde,

alejadas del ruido de las ánimas.

Mi poema es hoy su mariposa,

que me reta a romper los pentagramas

e irrumpir en indisciplinado oleaje,

para bendición de mis pies.

No llevarán más rosas a su tumba,

ni tendrán más nostalgia de sí mismas.

Tampoco lavarán de nuevo ropa blanca,

para vestir el solsticio

con la bienvenida del verano.

Han desertado y son libres

del cielo y el infierno,

de la imposible cópula,

entre las raíces veneradas

del árbol prohibido y no accesible.

 Ellas son quien portan

el espejo roto y la manzana.

Y yo hace tiempo que decidí romperlo,

pisando

un racimo de uvas en septiembre.

Y desde entonces,

las noches de verano

bailamos sobre un arcoíris

sin ropa del olvido,

sin vestido,

y ya no sé si, a veces, yo soy ellas

y ellas, a veces, son yo…

No te extrañes,

si no quiero despertarme a la mañana

y seguir soñando hasta la noche…

5 comentarios en “Luminarias

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