Vampiros

  Estos vampiros no llevan traje negro,

           ni tienen largos colmillos.

        Ellos viven en la cotidianeidad de los días

         y parasitan todo

            para el beneplácito de su ego.

          El vampiro no llena sus ropajes

          por mucha sangre ajena que consuma,

          sus venas no son cauce ni torrente,

          son sustento de su ira, su venganza,

           la soberbia y la culpa sobre otros.

           Te dirán que ellos son las víctimas

          de su extrema tristeza.

         No pueden ver su rostro en el espejo

          ni encender la vela en sus oscuridades.

           Sus ojos son raíces del abismo,

        entretejidas,

          encogiéndoles las manos.

       Ellos llevan siempre clavada una estaca.

        Se les clavó en los labios,

        al no poder pronunciar el alfabeto        

           sin provocar incendios.

           Recogerán en canastas tu alimento,

           y llenarán de bruma tu sonrisa.

            Harán suyos tus sueños.

            Huirán las palabras bendecidas.

             El pan de la vergüenza

             construye castillos de naipes,

             indolentes, tan frágiles

              que caerán por su propio peso,

               cuando sople la brisa

              y el aire renueve las cortinas,

                exhibiéndonos su verdadero rostro.

            No es recomendable buscar refugio

              en las proximidades de su casa,

               a menos que guardes una ristra de ajos,

               y sepas iluminar la estancia

               para el resurgir del sol,

                sobre la fuente primigenia.

                 Un vampiro no es un ser malvado,

                  aunque siempre cause daños.

                 Es un ser ignorante,

                 desconectado de su propia vida.

Luminarias

Ellas son blancas luminarias,

sin porte de guerrera,

ni más pretensiones,

que no despertar de un sueño

y danzar sobre lagos infinitos

de aguas cálidas y suave orografía.

Ellas han desertado,

de los viejos imperios de la luna,

del narcisismo del sol,

de la constante contienda

del día y la noche entre sus ojos.

Por muchas conjunciones de planetas,

ellas no precisan escudo,

y su futuro lo escriben cada tarde,

alejadas del ruido de las ánimas.

Mi poema es hoy su mariposa,

que me reta a romper los pentagramas

e irrumpir en indisciplinado oleaje,

para bendición de mis pies.

No llevarán más rosas a su tumba,

ni tendrán más nostalgia de sí mismas.

Tampoco lavarán de nuevo ropa blanca,

para vestir el solsticio

con la bienvenida del verano.

Han desertado y son libres

del cielo y el infierno,

de la imposible cópula,

entre las raíces veneradas

del árbol prohibido y no accesible.

 Ellas son quien portan

el espejo roto y la manzana.

Y yo hace tiempo que decidí romperlo,

pisando

un racimo de uvas en septiembre.

Y desde entonces,

las noches de verano

bailamos sobre un arcoíris

sin ropa del olvido,

sin vestido,

y ya no sé si, a veces, yo soy ellas

y ellas, a veces, son yo…

No te extrañes,

si no quiero despertarme a la mañana

y seguir soñando hasta la noche…

Sacerdotisas

Ellas conocen

que no hay templo que sirva de refugio,

ni fuego extraño que contener ardiendo

por jóvenes vírgenes danzantes

en un amanecer de primavera.

Ellas te invitan

a atravesar la puerta del camino,

reposando sus límites,

descalzo,

para recoger entre las piedras

las flores escondidas.

La puerta ha estado siempre abierta

para cualquiera que quiera transitarla,

si es capaz de hacer fuego entre sus manos

y formar una esfera luminosa

cuando la exigencia de los besos,

sea más que un instinto necesario.

Zombie

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                   Si imaginara un universo

                   habitado por zombies,

                   no tendrían un rostro extravagante,

                   sino tan humano como cualquiera,

                   no vestirían ropas rotas

                    ni embarradas

                   con la sangre de la tierra,

                   ni perseguirían a los niños,

                   para intentar retomar ese soplo

                   que trae la consciencia recobrada.

                   Los muertos en vida son tibios,

                   amantes de las rejas en ventanas,

                   indolentes con lo que acontece.

                    Para un zombie, no hay más muerte

                     que la propia, ni más suerte

                     que sobrevivir en sombra

                     para no implicarse con la vida.

                      Por eso viven entre nosotros.

                      Y nos habitan…

Dybbuk

En la imaginaria del terror,

su imagen sobrecoge,

y es oscuro,

porque oscuro es el miedo

entre las sombras.

El dybbuk

se pega a las paredes

de pieles indolentes.

Dicen que desconoce que está muerto

y pretende habitarse en otro cuerpo,

con la complicidad de sus entrañas.

Pudiera hablarte en doce idiomas,

mover objetos, destronar amores

de coronados fastos y etiquetas.

Y mirar como ausente.

Es un espejo

en la agonía de la ira.

Tal vez pudieras atraparlo

en una caja de vino,

embriagarlo,

para arrastrarlo al inframundo.

Tal vez como un lémur,

se  contentaría,

con un plato de judías negras.

Los espíritus no tienen hambre

de cestas de panes y de dulces.

Le disgustan las velas y las flores,

las sonrisas, la eterna primavera,

las luces de neón y las palabras

que se susurran suaves al oído.

Por eso piensa en el mar,

en las ventanas,

abiertas a la luz del mediodía,

pues no hay peor espíritu que el propio

cuando se torna en destructora larva

y corroe las venas y los ojos.

Rebeldes

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Ellas

habitan los silencios

las frases encubiertas

y los lirios.

Hace tiempo que guardan

su secreto.

Los pergaminos del tiempo

tienen pliegues

que no responden

a nuestra memoria.

Las vidrieras

de una antigua catedral

fueron mensaje,

no habrá exilio,

porque la luz entra despacio,

a ráfagas,

iluminando la estancia.

No habrá que repetir la historia,

ni caminar desiertos,

no habrá exilio,

porque la luz entra despacio…

Más este mundo sigue habitado por zombies

abducidos por los fastos de la luna,

el ruido de los tiempos,

y la falta de sueños bendecidos.

Por eso,

Ellas se esconden,

danzando con el sol

en nebulosas púrpura,

aguardando,

que la conjunción concluya

y el dominio astral se desvanezca

para que entre la vida

en flores blancas

y los estanques de mariposas.

Ellas ya están aquí.

Y yo pregunto

¿Podrás sostenerle la mirada?

La maga

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Ella vive en el mundo de los sueños

para lamerte el dolor

que deja el hielo derretido entre tus ojos.

Sacerdotisa de la fantasía,

sobre los colores de la luna,

se asirá a tu piel

cuando la noche

pinte de púrpura las ventanas,

para despertarse,

en un nuevo paisaje de sentidos.

Ella es quien desconoce todo nombre,

para poder amarte sin quererte.

Fantasía

La reina oscura

Si ella se hubiera perdido entre la noche,

habitara lagunas sin nombre

y espacios ajenos a toda profecía,

si tu alma gemela, de existir,

fuera una reina oscura.

Si los nudos que se tejen en otras dimensiones

atrajeran tu suerte en el presente,

si fueras tú quien la ausentas,

cada vez que alimentas los dragones

que duermen en tu mente.

Si por cada pensamiento negativo,

la tuvieras más lejos,

te fuera incluso una desconocida.

Si fueras tú quien derrama

el vino de su copa

y la condenas a ser una errante

entre todas tus oscuridades

¿Aceptarías que eres el responsable?

¿Hasta dónde jugarías la partida?

No todo es fantasía

No todo es fantasía

en las palabras secretas,

ni toda realidad es verdadera,

la nada tiene forma

de luna pasajera

y el cielo calla cosas

en toda primavera.

La oscuridad alumbra

desde su vez primera

los blancos más bonitos

sobre la noche nueva.

No todo es fantasía,

porque tu boca es verde

como la hierba fresca,

tu mirada es tan blanca

que se expande y expresa,

los paisajes azules

de amapolas y fresas

El cielo sabe a rosa

cuando esconde las copas

del árbol centenario

que habitan nuestras hojas.

No todo es fantasía,

porque tu piel es verbo,

tus manos recorrido

del mapa de mis ojos,

desarmando el misterio

con incienso de lirio

y aroma de desierto

de naranjas y rojos.

Y los dos somos uno,

tal vez, “algunas veces”

cuando las olas bajan

                                   espuma violeta

y la aurora se alza

                                  con sus luces repleta.

No todo es fantasía.

el silencio de nubes,

la conjunción que une.

Los números son versos,

la música, los vientos

y las letras espejos.

Espejos de colores

que me alcanzan tus brazos

en paisajes sin tiempo.

No todo es fantasía,

porque tu boca es verde…

Maneras

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imagino,

maneras

para doblegar el espacio

y retenerte,

en los confines de mi boca.

Maneras,

para ser fantasía,

aparecerme,

imaginada

ante tus ojos.

Maneras,

para enardecerte

sigilosamente y al descuido

en medio de la noche,

erizando tu piel

sin advertirte.

Maneras,

para no despertarte,

para que seas

mi amante

navegando

los confines

de mi sueño.