Miedo

En el círculo giratorio de tu ombligo

te carcome la impotencia

te paraliza el miedo

ese miedo/ deseo, anhelo/ miedo, miedo/ angustia

roturando el inicio de tus intestinos,

colmándote de bardas

sobre las ruinas de tus fotografías

Es cómodo impedirse la salida

Ahogarse con las propias manos.

atraparse, enmarañarse, olvidarse, renegarse

La impotencia siempre claudicante

Idealizando la resignación,

alabando la mediocridad del conformismo

en falsa humildad decolorada

La impotencia como gran muralla de los días que nunca comienzan

del  futuro que nunca viene

La palabra no dicha

Sé fuerte, por una vez, maldita sea, sé  fuerte

Y no renuncies a tu vida

 

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Precipicio

En un vuelco, la nube, impredecible y fría

dibujó un precipicio en lo que más quería

y llovieron cristales abarrotando el día

observando implacable como pasa la vida

abocando a mi suerte aciaga y detenida

cuando ya nada vale, cuando pesa la herida

cuando el dolor convierte la luz en agonía

 

En un vuelco, la nube, impredecible y fría

dibujó un precipicio en lo que yo más quería

apostando entre hielo la derrota más mía

alborotó mi cielo de la más triste umbría

 

Y mientras maldecía aquello que venía

la luna , clamorosa, en azul ya se abría

cual puente entre las nubes que de blanco teñía

e importó a mi silencio la tenue melodía

Aquello que era negro y todo ennegrecía

al fin y poco a poco, mi mente diluía

Aproximado en salto, abril en valentía

crucé el hielo amargo y ahora en la otra orilla

me encontré con mi misma a la vuelta del día

 

 

¿Cuántas motocicletas necesitas?

Me sentía atrapada en un túnel

era pequeño, veía la salida

podía a caminar hasta alcanzarla

y sin embargo, dudaba

pensaba,

puede estar bien permanecer sentada en este asfalto

no es mucha cosa, es un lugar inhóspito, pero…

pudiera ser que a la salida no encontrase un asfalto mejor

dudaba

si quedarme observando el tenue gris de sus paredes

pudiera ser que ahí fuera no existiera  ese color

dudaba

si quedarme pegada a la humedad de sus paramentos

pudiera ser que todo habitáculo exterior fuera también húmedo

Por eso, aunque el túnel es pequeño y veía la salida

me sentía atrapada

Los tentáculos de mi cerebro no me dejaban revolucionar

hasta que el ruido de una motocicleta me obligó a levantarme

Comprendí que la carretera no era el mejor lugar para sentarse

y en ese momento caminé hacia la salida

y sabeis, no solo había asfalto sino dulce hierba, arena, piedras

no solo había gris, sino rojo, azul, verde, violeta

y no había solo humedad, sino sol, intenso sol y nubes

Me pare un instante  y pensé

cuántas motocicletas necesitamos

para concedernos el derecho a seguir viviendo

Sal del tunel.

 

Ovillo

                  Muchas veces, por propio instinto de autodefensa, nos alienamos o bloqueamos pretendiendo evitar el dolor. Sin embargo, el dolor persiste. Este poema trata de reflexionar sobre esta situación.

 

Enroscarse, enrocarse, enmarañarse

Ser un ovillo

y descartar la lana

pretendiendo ser cristal en fuego

impune de lamentos

incandescente en brillo

Enroscarse, enrocarse, enmarañarse

para desabrigarnos de emociones

imposible defensa

imposible el acierto

pues todo lo que duele queda dentro

entre las madejas del recuerdo

y la huella contusa del silencio

 

 

Obsesión

Este poema, aunque trata de nuestras pequeñas obsesiones, pretende abrir una puerta de salida para esos días en los masticamos miedos, en la comprensión de que podemos autoliberarnos.

 

Obsesión

 

Barra libre de tormenta

masticando las mismas bridas

La aguja en eterno retorno

sobre la rueca de los pensamientos

Huida, regreso, retroceso, huida

Desempolvar los restos de azúcar

y edulcorarse. Proseguir

patinando en hielo

Retomar el peso de los pies

hacia el final del túnel

Maldita obsesión

Castillo de arena

Me he visto construyendo un castillo de arena,

con torreones rodeados de conchas,

sobre un muro de espuma

y ventanas a la luz.

Ese castillo …

Y he visto como la marea arrebataba su figura,

engulléndoselo.

Pero yo, resistiéndome a su labilidad,

persistí en construir un nuevo castillo de arena,

los torreones rodeados de conchas,

y sus ventanas a la luz.

Una nueva marea se lo llevó otra vez,

tan lejos como el sonido de su misterio.

 

Pero hoy, cuando me disponía a construir mi castillo de arena,

algo me retuvo,

debo permitirme parar,

permitirme sufrir, llorar, pensar, creer, estar, ser…

Y así, sentada sobre la barandilla,

mirando sencillamente al mar.

Quién sabe,

quizás un día,

alguna ola me traiga aromas,

que me permitan bajar los peldaños de su escalera de dos en dos,

y reír impregnada de su bruma.