Santa Compaña

La primavera

desafía,

los cuadrantes de las lunas

sobre el calendario del cuartel.

Un agente dice que hoy será un mal día

porque la luna tiene un halo aciago…

 

Hacía tiempo que estaba muy pálido,

nunca se le veía dormir

y ya no se enroscaba entre tus círculos.

 

El “busca” de la guardia

despertando,

hace frio en el  camino hacia tu casa,

le acompaño en el sentimiento,

somos el Juzgado de Guardia

y tú me abrazaste,

dolorida viuda,

con un abrazo que todavía recuerdo,

ese abrazo a una mujer desconocida,

dando luz sobre el hielo de las ropas.

 

Por una razón eramos bienvenidos,

a ese cuarto tras el patio,

tormento, nube, desazón, miedo,

él todavía estaba colgado,

sabías que le quitaríamos la soga,

que ya podrías mirarle

Y para ti,

aquello,

era ya la única premura.

 

Cuando terminamos,

en aquella habitación,

el forense siempre dice las mismas palabras:

No sufrió, la muerte fue inmediata.

Un alivio,

para los que creen

en la seña de la santa compaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

Versos hirientes

Pudiera escribir los versos más hirientes,

descarnados entre las rendijas de la madera

y el terciopelo rojo de los asientos.

El Mal hace notar en la Sala su presencia,

contagiando los estrados de un peso plomizo,

la luz no encuentra la claridad de la mirada,

tropezándose con el filo de unos ojos ausentes.

Pudiera escribir esos versos amargos

Pudiera hacerlo,

cuando hasta las campanillas de las ánimas se tuercen

en el lugar de los empeños,

esos versos aciagos, acuchillados

en el gemido sangrante de la impotencia

que hoy se pega a mi piel,

Ella, ya no te volverá a ver

no te verá llegar a casa cada tarde.

He visto lo suficiente

hemos visto lo suficiente

aunque la realidad siempre nos sorprenda,

todas podemos ser objeto de diana de cualquier psicópata,

todos también podemos serlo,

todos

dolor, delirio, fuego,

pudiera escribir versos hirientes

tal vez,

pudiera hacerlo.