Amor ilusorio

Es el amor ilusorio, amor platónico

ese que no se prueba ni se entiende,

un domino del ego, que pletórico

cree encontrar un trono siempre indemne

y el otro, otra, su imagen duplicada

que le corone en espacios infinitos

sin duda, ni arrebato, ella entregada

pues sin mí todo parece no ser nada

Mas no hay nada tan contrario al amor

que el espejo de un yo que desmedido

busca en la hipérbole su premio y su testigo.

Qué es el amor sin comprender sino

que nadie es rey ni reina ni destino

solo un humilde servidor de sus designios.

Dybbuk

En la imaginaria del terror,

su imagen sobrecoge,

y es oscura,

porque oscuro es el miedo

entre las sombras.

El dybbuk

se pega a las paredes

de pieles indolentes.

Dicen que desconoce que está muerto

y pretende habitarse en otro cuerpo,

con la complicidad de sus entrañas.

Pudiera hablarte en doce idiomas,

mover objetos, destronar amores

de coronados fastos y etiquetas.

Y mirar como ausente.

Es un espejo

De la agonía de la ira.

Tal vez pudieras atraparlo

en una caja de vino,

embriagarlo,

para arrastrarlo al inframundo.

Tal vez como un lémur,

se contentaría,

con un plato de judías negras.

Los espíritus no tienen hambre

de cestas de panes y de dulces.

Le disgustan las velas y las flores,

las sonrisas, la eterna primavera,

las luces de neón y las palabras

que se susurran suaves al oído.

Por eso piensa en el mar,

en las ventanas,

abiertas a la luz del mediodía,

pues no hay peor espíritu que el propio

cuando se torna en destructora larva

y corroe las venas y los ojos.

No temas al dybbuk

solo tiene el poder que tú le otorgas.