Nada es igual que ayer

Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido

 

Nada es igual que ayer,

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Y la luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

la que tu cuerpo perfila

entre tonos violetas,

se tropieza en tu cintura

y tus brazos ya no dudan,

es el amor el que augura

y destierra la amargura

por aquello que se fue,

porque nada,

nada es igual que ayer.

 

 

 

Sueño

 

No siempre fue ella

en blanca tez

sobre la curva de sus identidades

desconcertando al agua

en las coordenadas de los sueños

 

No siempre fue él

incorporándose

salvaje melodía siempre inquieta

entre los rostros que todavía restan

 

 

Dime, tú, si tú pudieras

comprender las dimensiones

de la dama que nace sobre el lago,

si tus ojos,

hubieran amanecido tecleando

sus inspiraciones,

si tú fueras,

aquel a quien  busca el mensajero,

quizás,

ya hubieras tenido este sueño

Meditación

La tarde aguarda,

desencajando mi mirada

sobre la imagen de telediario

de un niño hambriento.

Sangre sobre las guerras de los hombres

Los rostros se desdibujan,

No hay abrazos.

Me tapo con una manta,

pretendiendo,

buscar abrigo ante la barbarie.

De lejos, la música de un anuncio de colonia,

los faustos del vodevil,

una corona de flores para el banquete,

de una novia sin abrigo.

 

Regreso.

No hay espacio para las etiquetas

es de noche,

origen, fuego, nube,

santo y seña de mil identidades,

todo en equivalencia,

uno y todo.

Por eso

no hay nada tan falso como el éxito

ni tan vacío como la avaricia.

 

Cien rosas para una golondrina

 

En un vuelco, la nube, impredecible y fría

es sombra sobre el mar del faro que la guía,

curioso porvenir escrito en profecía,

con olas encalladas sobre la marquesina.

 

El mar, majestuoso, impone su salida

Inmenso, ensimismado, en la marea viva

 

Y es que el vivir semeja a veces a esta rima,

Salvaje, encadenado, indómito en el día,

y a la noche que viene, en aire retenida,

como aguardando el roce de tu ropa en la mía

la cadencia del viento en clave que mitiga

el ardor de tu nombre y la luz que tú miras.

 

En un vuelco, la nube, impredecible y fría

el  futuro insolente del reto de la vida:

Un ramo de cien rosas para una golondrina

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

                 Seguramente escribo esto porque soy una antigua, tanto que corro el riesgo de ser «desclasificada», y ya pido perdón de antemano a todos aquellos a los que pudiera ofender, en este su amor a  las redes sociales. Hoy he leído en un artículo que influencer podría convertirse en un oficio, no excepcional, sino tan normal,  como ser panadero. Pues bien, me quedo con el pan. Lo tengo bien decidido.

           Si  carisma es ese conjunto de talentos que hacen a una persona atrayente a los  los demás  porque  saben escuchar, te implican, hablan de nosotros, son capaces de contagiar entusiasmo;  los influencer ofrecen una realidad bien diferente, alejada de ese nosotros y de ese escuchar, ya que son seguidos, contrariamente, porque exhiben un mundo idílico o de lujo,  ese mundo ideal que admiran sus seguidores.  En verdad lo que pudo aproximarse en principio a su realidad, pasa a ser un oficio, un modelaje de una vida no tan real. Hacen deporte, sin hacerlo (para una foto); van de compras (pactadas), ponen una frase bonita y un pijama, que genera esa apacible sensación de hogar y luego se lanzan al somnífero.  Ay, detrás de las bambalinas, otro mundo hallarás.

      Una joven poeta me decía “una chica pobre difícilmente será influencer. Cómo lo va a ser con ropa barata. Eso a la gente no le gusta, la gente quiere lujo, una vida perfecta, de cuento, que sigue en las redes como inalcanzable “. Bendito Branding y bendito Instagram,  crea paradojas irreconciliables, tan complejas que merece una teoría de sistemas. Una marca de lujo contrata una influencer a la que la siguen millones de seguidores, de  los cuales muchos- por no decir la mayor parte- difícilmente tendrán acceso a sus productos,  aunque los admirarán y mucho.  Se presenta como logro del marketing, una técnica revolucionaria, en un mundo en el que ya nada se hace sin las redes. Será importante, no lo dudo, eso de crear estado o  crear marca, pero sabéis que os digo, que yo me quedo con el pan y con el carisma.

Hay quien…

 Piedra

Hay  quien afirma la nada

por huir del vacío,

gritando en un acantilado

al viento,

apuesta frente al calendario

pretendiendo

que el tiempo le favorezca,

como si detuviera

la impresión de la vida

Papel

Otros se engullen

cual canívales

entre cosas inservibles

trasponiéndose,

multidimensionando

plásticos que determinen sus fronteras

 Tijera

Otros se afirman bajo el todo

buscándose en la luz

inmensidad del óceano

la memoría colectiva,

los primigenios metales

y los consabidos preceptos del inconsciente

Piedra

Otros disfrazan identidades

en el engaño

de que la soledad no les comprende

compartiendo un emoticono permanente

repelentemente impostado

Papel

Carpe diem

comiéndose la vida

Peldaño a peldaño,

reto a reto, minutos

con tan incesante actividad

que desconcierta,

parecen desear llegar a ese final

que al mismo tiempo tanto temen

 

Piedra, papel, tijera

Sobre círculos de agua

en el movimiento de la vida.

 

Agujero de gusano

 

Hay un horizonte invisible a nuestros ojos,

que desoye, que revierte, que expande,

un horizonte donde se encuentra aquello que hemos perdido,

donde, con un ritmo intenso

el tic tac del reloj gira en rumbo opuesto.

En ese horizonte me balanceo,

detenida en ese extremo del tiempo,

en esa cuerda en la que el ruido es blanco,

infinito en audibles mil espectros,

en transformación multicolor,

peaje críptico de este verso

en la nota escondida entre las rimas

El espacio deformado no cesa en su zumbido,

Hay un hueco, una fisura entre latidos.

Me veo, te veo, puedo oírte, te digo

Retroceder a ti, con mi fuerza en un suspiro,

más lo intento y no puedo, te he perdido,

miento, hay un recuerdo atrapado, ahora siento.

Todo es denso.

Un sabor a plomo me apelmaza.

Hay algo que no me deja avanzar.

Gravito.

Pienso en conformarme en este devenir,

pero no lo haré, nunca he temido,

tropezar con tu mano en este encuentro,

tornasol azul, en la encomienda, de los pensamientos

Y es, en ese nomento,

cuando la luz se abre en prisma

Y yo te puedo dar un beso.

Sin que quieras partir, sin que yo quiera

Cuando alguien se va, queda un interno vacío que pesa como plomo. Recupero esta entrada que reflexiona sobre este sentimiento amargo

 

Tú te vas de mi,

sin que quieras partir,

sin que yo quiera.

 

Es cruel la visitante, siempre fría

impredecible y amarga compañía

que puede reclamarnos a cualquiera

 

 

Y es que al fin, no somos más que olas,

navegando hacia al azul de las mareas,

y por mucha la fuerza o las batidas,

por mucho aplomo que tengan las maneras,

alguna vez nos toca la partida,

hacia el ocaso del agua que bombea,

los latidos del alma que surtía,

Aqueronte en corriente pasajera,

más allá de la muerte conocida,

más allá de la muerte y de la vida.

 

 

Quién pudiera reclamarte al Hades

para encontrate mañana cuando vuelva

Mas no hay con quien hablar

ni nadie que comprenda

Y tú te vas de mi.

aunque yo grite,

sobre el agreste cristal que nos separa,

no hay nada que lo evite,

ni nadie a quien clamar que no te mueras

 

 

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: cesión gratuita Pexels. Cedida por @ronindice

 

Rescatar las lágrimas

           No temo la crueldad de la batalla, ni el fracaso, lo que temo es recrearme en esa sensación de pérdida,  porque cada minuto que nos autocompadecemos y seguimos en la queja,  perdemos un segundo de subida.

 

Confieso, a veces, he perdido batallas.

He perdido silencios,

rutas, tiempos.

Pero también confieso que no lamento el fracaso,

lo que lamento,

es no haber sido capaz de rescatar las lágrimas

para formar un acordeón con sus sentidos.

 

Modificar el nombre de las flores

La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar.(A. Einstein)

 

Sobre la vitrina una propuesta:

Siempre la misma anti-receta:

Un edulcorante para dormir esta noche

y la máquina para encalarte los segundos.

 

Me asombra

como recoges con prisa el final del día,

grapándolo entre tus ropas,

anhelando

la detención de las promesas

 

Ansías que se acabe el día.

por no vivir,

quizás

también por vivir,

no viviendo.

 

Me pregunto

si tu vacío puede modificar el nombre de las flores,

si puedes escuchar el sonido de la espera,

si en algún reducto de tu obsesión,

se puede salpicar otro comienzo:

Otra vida

donde no sea necesario procrastinar deseos,

donde se sueñe despierto,

y no se precise blanquear el compromiso

entre las limitaciones de la impaciencia,

donde haya un espacio para que nos acerquemos,

en siete dimensiones,

a las identidades de las almas.