Marea baja

O chan,

(el suelo),

poder rozar el suelo

y no tocarlo.

La primera imagen

de un cuadro costumbrista,

en otras épocas,

blanco de pamela,

la gasa sobre el pelo,

soleándose,

y quizá una sombrilla medio abierta.

Es marea baja,

y toco suelo,

para ser oleaje entre la arena,

revertirme en planicie

y ser colina,

retomando los hilos del zapato.

Pudiera coser un poema,

dejándome la aguja entre las manos,

pero debo dejar de estar ausente,

un cuadro bodegón,

con cinco uvas,

una manzana

y cuatro mandarinas.

El restaurante apesta a olor a frito,

bullicio y comensales apretados.

La tarde siempre me trae marea alta.

sostenida

Arume

(aroma)

O son peitado

polas bagoas

( el sonido peinado

de lágrimas)

 

Ahora en alza,

Ahora en baja,

 

No hay variable,

sin constante.

 

Al final tú,

al final yo,

quizá,

volvamos a pasear sin conocernos,

por mucho que compartamos nuestra noche.

 

 

 

 

 

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De espaldas

 

 

Miro de espaldas

al poniente,

para ignorar tu laberinto,

He perdido mi estrella,

la que renace

cual escudo,

en la nebulosa de orión,

ese blindaje,

rotante

en la trinchera

de mi antebrazo,

No quiero soltarla,

que permanezca en mi bolsillo,

imperceptible.

Mi propia piel,

está distante,

explosionando

la gravedad terrestre

y el sonido,

es el aullido

de las noches de luna y desconcierto.

 

Lo que mi oído no escucha,

lo que mis ojos no ven,

en el no sentido.

 

Lo obvio es ver la salida,

Lo no obvio es comprenderla.

La densidad insostenible

de quien aguarda

la tregua.

 

PD. Estimado Walt,  estimado León Felipe, no siempre somos conscientes de que puede existir un mundo dentro de nuestros mundos y que quizá no nos guste ninguno.

 

Subconsciente

Ninguna deriva tiene

redireccionamiento automático,

a veces los pilotos no se encienden,

se guardan, luminosos,

en los atributos subconscientes.

El giro de volante que se impone,

para no atropellarse desde dentro,

muchas veces abrasa la conciencia,

dificultando dar orden al cerebro,

las manos agarradas

desesperan,

previendo

una aparatosa colisión.

Es entonces,

cuando el subconsciente toma el mando,

para derivarte a la vía de salida,

la pista de aterrizaje

del consuelo

de verte de nuevo

ante tus propios ojos.

Catarsis

Bajo el verde aceituna de noviembre,

el tránsito de lunas,

la catarsis,

exudando exvotos como trozos de desecho

descosiendo las cremalleras de las sombras,

las máscaras caídas,

las estacas,

en anuncio visionario de la purga.

 

Cuantas veces bajé las escaleras a ese infierno

que siempre provoca auto-incendiarse,

pero existe una fuerza que me impide,

descender de nuevo.

Ya no me es permitido

sino volver de regreso,

pies en tierra.

Los versos son razones poderosas

en cada peldaño de subida.

 

 

Ya no hay destierro para los poetas,

la poesía absuelta

y abrazada.

No hay república

que no apele a la emoción de la palabra.

 

Dancemos, pues, en pauta alejandrina,

sobre la razón platónica,

desgajemos como una mandarina

el imperativo categórico

y volvamos a bailar entre los números,

en bendita explosión originaria.

 

Hoy, un 16 de noviembre,

un día cualquiera,

final del proceso de catarsis.

 

 

 

El truco del faquir

Viajo, a veces, con las manos vacías,

queriendo coger turno en la rebusca,

de todos los objetos imposibles.

 

Creo que existe alguno para mí,

la línea de mundo,

que visibilizará mis partículas,

en el corta y pega de los tiempos

y así,  transito, a veces,

sin tener destino,

nómada que busca

su primer asiento en la Academia

de hacedores del destino.

 

Confieso que prefiero el ácido a la tarta,

la pasión de las letras capitales,

capitulares, también, de este principio.

 

Amo a todos los pies que se descalzan

sobre la rugosidad del esparto,

los que se mecen sobre el mayor número de clavos,

aquellos que persisten,

nadadores,

de la desembocadura de las páginas.

 

Soy aprendiz de faquir,

buscando el truco,

para no dolerme.

 

Virar rumbo

Abrir las manos y avistarte,

en toda la densidad de los océanos,

el futuro es una materia maleable

entonces,

desertemos de esta ruta,

viremos el rumbo,

cielo abierto.

Aun tengo guardada aquella sonrisa,

y puedo rescatar de mi memoria,

el horizonte de aquellos nuestros besos

Tierra a la vista

No es fácil hablar,

virar la ruta rumbo a mediodía

y rebuscarse, arañarse,

en la inexacta longitud del miedo.

Cuando nada está seguro,

la esperanza es una cuerda

sobre la que bordarnos las anclas

rechinando dientes en suspiros

No, no es fácil hablar,

hasta que un día

voz en grito, tierra a la vista

en la semilla de nuestro fracaso

descubrimos las coordenadas

de nuestra nueva isla.