El truco del faquir

Viajo, a veces, con las manos vacías,

queriendo coger turno en la rebusca,

de todos los objetos imposibles.

 

Creo que existe alguno para mí,

la línea de mundo,

que visibilizará mis partículas,

en el corta y pega de los tiempos

y así,  transito, a veces,

sin tener destino,

nómada que busca

su primer asiento en la Academia

de hacedores del destino.

 

Confieso que prefiero el ácido a la tarta,

la pasión de las letras capitales,

capitulares, también, de este principio.

 

Amo a todos los pies que se descalzan

sobre la rugosidad del esparto,

los que se mecen sobre el mayor número de clavos,

aquellos que persisten,

nadadores,

de la desembocadura de las páginas.

 

Soy aprendiz de faquir,

buscando el truco,

para no dolerme.

 

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Virar rumbo

Abrir las manos y avistarte,

en toda la densidad de los océanos,

el futuro es una materia maleable

entonces,

desertemos de esta ruta,

viremos el rumbo,

cielo abierto.

Aun tengo guardada aquella sonrisa,

y puedo rescatar de mi memoria,

el horizonte de aquellos nuestros besos

Tierra a la vista

No es fácil hablar,

virar la ruta rumbo a mediodía

y rebuscarse, arañarse,

en la inexacta longitud del miedo.

Cuando nada está seguro,

la esperanza es una cuerda

sobre la que bordarnos las anclas

rechinando dientes en suspiros

No, no es fácil hablar,

hasta que un día

voz en grito, tierra a la vista

en la semilla de nuestro fracaso

descubrimos las coordenadas

de nuestra nueva isla.

Nada es igual que ayer

Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido

 

Nada es igual que ayer,

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Y la luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

la que tu cuerpo perfila

entre tonos violetas,

se tropieza en tu cintura

y tus brazos ya no dudan,

es el amor el que augura

y destierra la amargura

por aquello que se fue,

porque nada,

nada es igual que ayer.

 

 

 

Nada es igual que ayer

La vida, a veces, nos sitúa al borde de un precipicio. Y nosotros, no pocas de esas veces, no nos ayudamos mucho, embaucándonos tras la queja o la desesperación. Para esos días recupero un poema que escribí hace tiempo.

 

Nada es igual que ayer

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

 

 

Ves, tu cuarto, huele a menta

y esa luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

y que tu cuerpo perfila,

entre tonos violetas

se tropieza con las lilas

que asoman a tu cintura,

lo ves, ya se fue la duda

y también esa amargura

Nada es igual que ayer.

 

Porque el dolor ya se fue,

al menos como hoy lo ves

Nada es igual que ayer.

He aquí de nuevo, tú

Podríamos afirmar que cada libro es un reto, una puerta abierta a un mundo diferente.Pero hoy curiosamente en lugar de realizar alabanzas a la magia de la lectura como sería propio, me sumerjo en las augas de la inquietud, para recuperar un poema escrito hace un año sobre la “belleza” de la superación del fracaso. Porque todo resurge, tú también lo harás.  He aquí de nuevo, tú.

 

Ruptura, desesperación, salto, vacío, noche

Digerir el sinsabor sin tener edulcorante

Destronarme y destronarte.

Ya no hay espacio en este papel

ni tinta para rellenar otro capítulo.

 

Es curioso,

en estos momentos de desolación

también hay quietud,

la observación serena del movimiento impropio,

queda reflejada en la fotografía de mi historia.

Y no es resignación ni abandono,

es confianza

en que la fuerza de la vida irá retomando mis pasos por segundos

en mis propias manos dibujando

una nueva cabecera a este tiempo

transformándolo en arco iris de sonidos

 

Dicen que el recuerdo es selectivo

aún así conservo

el retrato de una herida sobre mi cuerpo

para decirme y para decirte

que no hay ruptura, ni desesperación, ni salto, ni vacío ni noche

que no pueda recomponer el universo,

en trompo, rotación y precesión constante

luna de mis soles trasmutada

 

Y he aquí, de nuevo, tú,

sobre los polos,

majestuosamente humano y poderoso

 

SUPERNOVA

                 En ocasiones la vida nos sorprende con acontecimientos que determinan un cambio brusco. Lo importante es que esta transformación no implique una pérdida total y que tras ella podamos emprender otra vez un nuevo rumbo.

           Este poema, utilizando como metáfora la supernova, nos habla de esta autodestrucción por la resistencia al cambio.

 

Cuando la nube ya gira

en un espiral de flores

la cinta de tus colores

ya se ilumina en el mar

 

Es tu estrella la que brilla

Es el ciclo de la vida

El calor que lleva al fuego

de la juventud prendida

Siempre en constante jauría

en expansión compelida

por el frio seductor

 

La vejez te lleva al hielo

encorsetando tu vuelo

y mudando tu color

 

Pero, ay tú, mi querida amiga

resistente más que fría

haces explotar tu herida

en bronca aceleración

y sorprendida entre luces

ya no te das por vencida

resistiendo la estampida

acolchada en un neutrón

que se detiene en lo denso

para manejar los tiempos

en constante interacción

de la juventud perdida

y  tu cambiante atracción

 

Se va trocando tu día

el viento te convertía

a medida que morías

 

Progenie de nebulosa

en doce masas solares

con remolinos dispares

más allá de vendavales

mi querida estrella airosa

aún impresionas hermosa