Subconsciente

Ninguna deriva tiene

redireccionamiento automático,

a veces los pilotos no se encienden,

se guardan, luminosos,

en los atributos subconscientes.

El giro de volante que se impone,

para no atropellarse desde dentro,

muchas veces abrasa la conciencia,

dificultando dar orden al cerebro,

las manos agarradas

desesperan,

previendo

una aparatosa colisión.

Es entonces,

cuando el subconsciente toma el mando,

para derivarte a la vía de salida,

la pista de aterrizaje

del consuelo

de verte de nuevo

ante tus propios ojos.

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Catarsis

Bajo el verde aceituna de noviembre,

el tránsito de lunas,

la catarsis,

exudando exvotos como trozos de desecho

descosiendo las cremalleras de las sombras,

las máscaras caídas,

las estacas,

en anuncio visionario de la purga.

 

Cuantas veces bajé las escaleras a ese infierno

que siempre provoca auto-incendiarse,

pero existe una fuerza que me impide,

descender de nuevo.

Ya no me es permitido

sino volver de regreso,

pies en tierra.

Los versos son razones poderosas

en cada peldaño de subida.

 

 

Ya no hay destierro para los poetas,

la poesía absuelta

y abrazada.

No hay república

que no apele a la emoción de la palabra.

 

Dancemos, pues, en pauta alejandrina,

sobre la razón platónica,

desgajemos como una mandarina

el imperativo categórico

y volvamos a bailar entre los números,

en bendita explosión originaria.

 

Hoy, un 16 de noviembre,

un día cualquiera,

final del proceso de catarsis.

 

 

 

El truco del faquir

Viajo, a veces, con las manos vacías,

queriendo coger turno en la rebusca,

de todos los objetos imposibles.

 

Creo que existe alguno para mí,

la línea de mundo,

que visibilizará mis partículas,

en el corta y pega de los tiempos

y así,  transito, a veces,

sin tener destino,

nómada que busca

su primer asiento en la Academia

de hacedores del destino.

 

Confieso que prefiero el ácido a la tarta,

la pasión de las letras capitales,

capitulares, también, de este principio.

 

Amo a todos los pies que se descalzan

sobre la rugosidad del esparto,

los que se mecen sobre el mayor número de clavos,

aquellos que persisten,

nadadores,

de la desembocadura de las páginas.

 

Soy aprendiz de faquir,

buscando el truco,

para no dolerme.

 

Virar rumbo

Abrir las manos y avistarte,

en toda la densidad de los océanos,

el futuro es una materia maleable

entonces,

desertemos de esta ruta,

viremos el rumbo,

cielo abierto.

Aun tengo guardada aquella sonrisa,

y puedo rescatar de mi memoria,

el horizonte de aquellos nuestros besos

Tierra a la vista

No es fácil hablar,

virar la ruta rumbo a mediodía

y rebuscarse, arañarse,

en la inexacta longitud del miedo.

Cuando nada está seguro,

la esperanza es una cuerda

sobre la que bordarnos las anclas

rechinando dientes en suspiros

No, no es fácil hablar,

hasta que un día

voz en grito, tierra a la vista

en la semilla de nuestro fracaso

descubrimos las coordenadas

de nuestra nueva isla.

Nada es igual que ayer

Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido

 

Nada es igual que ayer,

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Y la luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

la que tu cuerpo perfila

entre tonos violetas,

se tropieza en tu cintura

y tus brazos ya no dudan,

es el amor el que augura

y destierra la amargura

por aquello que se fue,

porque nada,

nada es igual que ayer.

 

 

 

Nada es igual que ayer

La vida, a veces, nos sitúa al borde de un precipicio. Y nosotros, no pocas de esas veces, no nos ayudamos mucho, embaucándonos tras la queja o la desesperación. Para esos días recupero un poema que escribí hace tiempo.

 

Nada es igual que ayer

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

 

 

Ves, tu cuarto, huele a menta

y esa luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

y que tu cuerpo perfila,

entre tonos violetas

se tropieza con las lilas

que asoman a tu cintura,

lo ves, ya se fue la duda

y también esa amargura

Nada es igual que ayer.

 

Porque el dolor ya se fue,

al menos como hoy lo ves

Nada es igual que ayer.