winners

En el supermercado de los dioses,

las estanterías vacías de alimento,

no existen ya reponedores,

ni hay repuesto.

 

Mientras en la galería,

las sonrisas infantiles,

barra de labios, gominolas,

la tarta se hace fraude,

subrogado

en mandato imperativo,

la felicidad se compra,

es una taza,

con ilustraciones con estrella,

y aquella frase al uso,

podrás hacer lo que quieras,

si me pruebas,

en el paraiso de los winners.

 

Sin príncipes, ni princesas,

solo existen dragones disfrazados

en promesas de manzanas mensajeras.

 

 

 

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Sobrevivir al poema

Sobrevivir al poema

y ser poeta,

ya sea por descuido o ignorancia,

las palabras se pierden en las manos

y tiembla la llanura de sus ojos,

más cerrados que antaño,

más cansados.

 

Sobrevivir al poema

y ser mujer,

que quiere transcenderse entre las puertas,

que aguardan entre versos

nuevas alas,

y quizá, la pregunta más guardada,

la que tarda la vida en olvidarse

de ser siempre trinchera en retaguardia.

 

 

Cuántas flores esperan en la huerta,

la sonrisa que ayer encabalgada

a sus pétalos rojos su mirada.

 

Lo que estuvo fue ayer,

nunca se puede

rebobinar el hilo,

y recoser,

las puntadas, en tela ya gastada.

 

Nunca es lo que ha sido

pero cuánto se es,

cuando nada has sido.

 

 

 

 

 

La ética contaminada

Cuántas son las muertes que no asisten

al funeral de nuestros fundamentos,

en esta sociedad de cicatrices,

de manos vendadas

y la vista perdida

en la receptación de las miserias.

 

Cuántas son las muertes que en la vida

transitan en los estercoleros de la ausencia,

zombies demandantes de la sal que crece

contaminada

entre las grietas del asfalto.

 

Cuántas son las voces conformadas,

las voces despistadas,

en el acúfeno de la sobrevivencia

y cuántas las borracheras que se fraguan

en los soportales de la impotencia.

 

Y, yo, persisto en creer en luna abierta,

la llave del portal,

en aquel día

en el que las luces de todas las ciudades

podrán amanecer,

sin permiso,

reclamando

ser cascada

de oxígeno

sobre los pulmones del futuro.

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

                     Hoy mi reflexión va para los “Virtual Worlds”.  He tenido una conversación sobre ellos que me ha dejado un poco pensativa, porque de lo que está sucediendo a quedarnos sentados con unas gafas multidimensionales, viviendo una vida por encargo, no hay tanta distancia, que no hay.

                 Los mundos virtuales son algo como que tú puedes ser un individuo pusilánime y temeroso, y ale, en el “Counter strike world” eres un descarnado asesino. Efectivamente puedes ser granjero sin granja, amante, adorable esposa, ladrón de bancos, pirata, estratega, reina,  algún personaje histórico. Solo hace falta elegir el juego que más te interesa. El plan está servido, o así lo parece. Te conectas on line y formas una nueva constelación de redes virtuales para inocularte la memoria colectiva.

                    Si eso ya, a algunas o algunos nos da que pensar, por eso de que “pisar firme” en la tierra tiene sus ventajas, pues no es todo, amigos y amigas, no. Tras ello hay también un mercado, en el que puedo pagar por tener- que no tengo- armas virtuales carísimas (no se me ocurre para qué) o joyas para regalar o quizás la decoración de mi mansión virtual. Existen pujas, tráfico de objetos, apuestas, dinero de verdad, negocio, mercado, expeculación, alrededor de todos estos mundos. Algunos hacen dinero con esto.

                   ¿Y qué hay de malo? ¿Si es virtual no hace daño? No sé, ante esto de verdad, yo no daría una respuesta tan clara.  Pensando que miles de menores se asoman cada día a estas redes virtuales, permitidme que ponga en duda qué endiablado mundo estamos creando.

Suerte

Vengo para posarme en tus rodillas

abandonarme en tus brazos

mutar en los abrazos

que han de suceder

Vengo para pagarte sonrisas

entre mil diamantes

eternas dibujantes

de lo que he de querer

Vengo tintineando la suerte

de una buena hechicera

Espirales de fuego

quebradas en el vuelo

que perdimos ayer

Vengo con la maleta de sueños

destronando misterios

volteando hemisferios

para amarte sin miedo

rotando en un te quiero

pegado a nuestra piel

 

 

 

 

Nada es igual que ayer

La vida, a veces, nos sitúa al borde de un precipicio. Y nosotros, no pocas de esas veces, no nos ayudamos mucho, embaucándonos tras la queja o la desesperación. Para esos días recupero un poema que escribí hace tiempo.

 

Nada es igual que ayer

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

 

 

Ves, tu cuarto, huele a menta

y esa luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

y que tu cuerpo perfila,

entre tonos violetas

se tropieza con las lilas

que asoman a tu cintura,

lo ves, ya se fue la duda

y también esa amargura

Nada es igual que ayer.

 

Porque el dolor ya se fue,

al menos como hoy lo ves

Nada es igual que ayer.

Un mundo feliz

  

MEDITAR SOBRE EL VALOR DE LO IMPERFECTO.

La elección de lo imperfecto puede ser nuestro último reducto de libertad. La libertad de elegir no ser el primero, ni el segundo, ni el penúltimo. La libertad de amar las canas, las arrugas.  La libertad de ser sin exigencias, sin hacer. Ser simplemente vivo y libre.

  Este poema pretende reflexionar sobre la patología neurótica  de la sociedad actual y sus consecuencias.

 

UN MUNDO FELIZ

 

Hubo un tiempo en que la luz eléctrica iluminaba los quinqués

y la tarde componía rosas con acordes a tus pies

un tiempo en el que nada importaba si era bueno el café

y podía comenzar el día acariciándote la piel

 

Pero las cosas cambiaron, nada se veía bien

sino en cuatro fotos colgadas en una u otra red

las propias frustraciones se ahogaron  en requerimientos estéticos

y se declaró la guerra a lo imperfecto, a las arrugas

volvieron los corsés

ansiadas dimensiones corporales como clichés

plástico, cirugía,  pócimas y filtros de papel

Los amigos fueron virtuales, las parejas también

un mundo biónico de robot bebés

amores tecnológicos, grises,

no amores tal vez

sexo a la carta perdido en un programa de software

Y nadie

fue libre en ese mundo

emblema publicitario al uso

un mundo feliz