Rosas

Estoy delante,
observando el sillón que ocupabas,
Tan dormida,
Y tan despierta.
El sillón que ocuparon todas ellas,
las que se han ido,
dejando en la memoria,
la estancia repleta,
el camino abierto
y las ventanas,
para llamarse mujer, sencillamente,
sin pretensión,
sin altavoz ni barricada,
con la mirada serena,
de quien sabe,
que volverá una nueva primavera,
para traerme las rosas del recuerdo
y la palabra verdad bajo las olas.
No hay versales,
que puedan describir ese momento,
los cestos de manzanas,
más repletos,
y el sabor de tus mares en las manos.

Mal hablados

Maldicientes,

los habladores del mal,

no tienen cuernos, ni tridentes,

pero sí la rabia en su lenguaje

y un fardo de miseria sobre su espalda.

Maldicientes,

te increpan y susurran,

para hacerte de menos,

quitarte tu estima.

No quieren una mujer loba acotando su espacio,

sino una damisela  gris entre sus barrotes,

por eso te culpan,

mala madre, mala hija, mala esposa, mala novia, mala…

será la regla, la menopausia o la luna…

(Llamémosle libertad)

Maldicientes,

los habladores del mal,

te quieren presa

de sus desdichas,

esa falda es demasiado corta

eres demasiado joven,

demasiado vieja,

alta, gorda, flaca, baja…

 

Las niñas temen un lobo feroz en su travesía,

pero no se dan cuenta que el lobo es el narrador

o la narradora,

imponiendo la ley del miedo sobre el bosque.

 

Maldicientes,

los habladores del mal

no descansan

siempre que les escuches,

por eso

RESPIRA…

NO LES ESCUCHES…

que se pudrán en su queja miserable

en su murmullo,

Ellos no podrán hacerte más daño

porque son humo y polvo de paja

y su mayor tormento es su propia existencia.

 

Te quiero libre, mujer

te quiero libre

 

¿Me amas? No antes de saber como es tu amígdala derecha

            Estimado Schopenhauer, si hoy volviera a abrir los ojos, se tropezaría con el mismo dilema de su tesis doctoral. ¿Y la libertad? ¿ Y la voluntad? Si ya lo decía yo- diría- y no habéis espabilado todavía.  Un neurocirujano japonés ha concluido que el comportamiento machista tiene relación con una menor densidad neuronal en la amígdala derecha. (Qué peligro, ya estamos dando  vueltas a la base orgánica de la conducta). En un brevísimo resumen, lo que el profesor defiende es que a menor densidad neuronal, mayor reacción de ira o de miedo. 

          Pero ¿ A dónde vamos?. Retumbaría la voz del filósofo, sin duda…¿ Pero entonces no somos libres? Ponemos tanta atención en la causa que, o bien la justificamos (lo hice porque me dijo esto…porque me recriminaba…porque…) o bien buscamos la base orgánica que fomenta su reacción. Seguimos equivocados, si nos empecinamos en la causa, nos empecinamos en el ego y mal aprendemos.  Por ejemplo, esta conducta reside, en parte, en expresiones tales como “he dicho lo que siento(aunque haga daño gratuito), le insulté porqué me hirió, lo hice porque no pude parar, estaba furioso, yo soy así”. Claro que eres así majete, pero mal, sobrevaloras tus sentimientos, solo te importan tus emociones y eres el centro de tus reacciones.

        Para dar su sitio a la voluntad, debemos dar importancia al efecto. ¿Cómo? Si no pongo atención en las causas externas, sino en mis reacciones internas, yo controlo. Manda la voluntad y ahí está el reducto de la libertad. La educación debe hacernos libres, haciéndonos responsables. Y si yo sé controlar mis impulsos, ya no importa como sea mi amígdala derecha.

Nunca es tarde

Allá en el lugar a donde  van los sueños,

se encuentra aquel  tú  tuviste un día

¿Recuerdas? Se repetía,

en todas las tardes nuevas de tu infancia

y te sentía…

feliz imaginando cada historia que contabas

sobre las ramas de los árboles,

grabando las palabras,

como conjuro de ventura y realidades.

 

Eras aquel actor que exprime el tiempo salvaje,

aquel que no rinde cuentas al oráculo,

libre de cualquier ruta de viaje

sin rumbo definido en cada paso incierto.

 

 

Allá en aquel lugar a donde van los sueños

Se encuentra áquel, si, tu sueño

yo ya lo recuerdo:

Alzar los ojos y a pulmón abierto,

sentirse pleno sobre cualquier desierto,

Volar, soñar, seguir al fin al cabo y no rendirse,

Vivir infinitivo, marcado y siempre nuestro

 

Allá en aquel lugar donde se van los sueños,

Existe todavía,

Aquella caja de metal  que lleva tu nombre

Y aunque quizás hayas perdido la llave

No importa…

hoy te la traigo, subliminalmente en este verso

Agítala y deja que se expanda el cofre de deseos

Si olvidas tu miedo

nunca es tarde

para cumplir aquello que queremos

 

 

Quizás mañana nunca

Te huyes…y en realidad te temes, no quieres que tu vida
entre como un soplo por tus venas caídas en rutina.
Quizás mañana iré, quizás, me dices, bajando el tono de voz
de triste a contenido.
Suena presuntuoso…quizás te salvaría.
todas las mujeres tenemos esa capacidad.
y en alguna medida seguimos siendo unas guerreras que no dan tregua al destino.
Pero,
hace mucho tiempo que he dejado de salvar a náufragos
y ya, solo deseo, recorrer los bosques en busca de sus frutos,
sin desgastarme la piel de la comisura de mis labios.
No quiero perderme en conceptos abstractos anclados a tu iphone,
ni en tu última aplicación.
Quizás hoy,
seré yo la que huya
tan lejos como encuentre mi propio lago
Y te diré, bajando el tono, de contenido a triste
Quizás mañana iré, quizás mañana-nunca.