Martes 30 de abril. Tú no eres unas zapatillas rosa

        Tú no eres esas zapatillas rosas

 Referirse al calzado metafóricamente para asimilarlo a nuestra esencia, alma, o ser espiritual, es algo arraigado en nuestra cultura y que tiene unas bases conocidas. Cambiar de calzado y cambiar de esencia puede ser una alegoría que nos impulse al crecimiento personal pero, en su sentido más literal o materialista, es creernos distintos por una determinada apariencia. Los cuellos más bellos que he visto raramente están vestidos con diamantes.

 Ana era una chica alegre y divertida, siempre estaba riendo, buscando un motivo para una broma o para hacer un chiste. Qué decir tiene que, pese a sus 14 años, era el alma de su casa. No se podía no quererla. Era una joven de largo cabello castaño, con unos ojos grandes que te miraban fijamente, mientras no paraba de reír, contagiándote la risa. ¿Quién podría negarle algo?

 Ana quería unas zapatillas rosas de una marca conocida, cuyo precio acumulaba tres cifras. Su madre no era muy partidaria de gastarse un dineral en ese calzado, cuando tenía suficientes deportivas.

—Todas las chicas las tienen, mamá.

—¿Y tú tienes que querer lo que quieren todas? Debes pensar en lo que necesitas, no en caprichos.

—Si yo no las llevo pareceré una colgada, una freak. Mira estas zapatillas que llevo, mamá, no las querría poner ninguna chica de mi clase.

—Iremos a ver esas zapatillas, pero no te prometo nada.

   En la zapatería tenían un puesto destacado. Ahí estaban las flamantes y deseadas zapatillas. Ana cogió un par, de color rosa intenso, y el emblema de la marca bien visible.

 —Esas no, Ana. Mira, estas son más discretas le dijo su madre, mientras le exhibía un modelo del mismo color, pero en el que el logo de la marca era muy pequeño, casi imperceptible.

 —Esas no, mamá. Esas no las quiero. No se ve de qué marca son…

 —Entonces tu no quieres unas zapatillas de esta marca porque sean más cómodas y de mejor resultado. Tú lo que quieres es llevar un cartel en tus zapatos en el que diga “mira lo que llevo, tanto valgo”. Si no quieres las zapatillas, nos vamos. Yo no te voy a comprar un cartel. Si necesitaras llevar un cartel para gritar al viento que has podido comprarte unas zapatillas caras, me daría mucha pena, Ana. Yo no te he educado así.

 —Mamá, pero si no se ve la marca, las chicas van a decir que son feas.

 —Nunca hubiera pensado que una cosa es bonita o fea porque ponga su marca en grande. Para eso, que vendan unos sacos de patatas con su logo, y ale, todos con los sacos por la calle.

 —Mama…

 —Tú no eres unas zapatillas rosas. Eres Ana.

 Ana finalmente accedió a comprarse las zapatillas con el logo más discreto. Quizá en ese momento aprendió que no necesitaba otras zapatillas y que lo que buscaba en ellas era algo que no le podía dar un objeto. La identidad se construye. No llevar un objeto simplemente para ostentar es un lujo que pueden permitirse pocos.

Principio

 Son las diez de la mañana,

el sol, desafiante, inunda el dormitorio,

pero ella se enroca, se hace ovillo y esponja

 entre todos los restos de la noche.

Ella busca perderse, para no retomarse.

Ella no está viva,

aunque esté viva…

El sueño no es profundo,

su mente ya se inquieta,

removiendo recuerdos, espejos, sentimientos.

No quiere despertar,

aunque ya esté despierta.

Es como un hada triste…

un personaje atado.

Aquella que levita

sobre sus identidades prisioneras.

Hay dolor, flashback, retroceso…

Un estanque. Donde el agua es oscura

demasiado densa.

Pero algo se revela,

sobre estos mis dominios,

ya casi visualizo su cuerpo indefinido.

Mi teclado en disgusto. Se hace ausente, rebelde.

Y bloquea sus teclas,

se hacen fuego los números,

se pierden los contornos. Mi débil personaje.

Las letras ya son sombras retorcidas, endebles.

La cera derretida en los infiernos propios.

No se cambia el pasado.

No se cambia.

Así que vive sin él.

Y entonces mi hada triste

otrora marioneta,

se hizo mujer, naciente, como la luna nueva.

Sus lados más oscuros

son ahora brillantes.

Ya defino su cuerpo, su porte, su figura.

Sus labios son suaves, tan tersos y valientes,

Su boca la bandera ardiente de deseo.

Se mueve con soltura, me habla. También baila,

conoce la palabra que crea nuestro origen.

Y es acción, es proyecto, es nube y torbellino.

Ya se ama.

El fuego se atenúa

y el teclado es hermoso.

Su poema no es fin

sino principio.

RETANDO A DIOS

            Desde las Religiones, desde la Filosofía, desde la Ciencia, desde la Poesía, buscamos explicaciones a la existencia. Este poema pretende ser un homenaje a aquellos que trabajan incesantemente en encontrar respuestas, y también, un canto a la propia existencia.

 

Retando a Dios

Crear un universo

Sin coherencia, vagando a la deriva

Función impar en plano dividida

cual luz azul perdida en la materia

Agreste al ruido, en la  fisura abierta

que entrelaza las nubes en la niebla

Buscando explicación

y siempre a tientas

 

Retando a Dios

buscando implicaciones

y comprender la huella revertida

por  gravedad  en densidad y deriva

la contracción al punto de partida

hora de ayer, en suerte revelada

como un atisbo de sol en la mañana

 

Retando a Dios,

Creando un universo

aunque parezca extrema la inconsciencia

quizás es el gran tributo de la ciencia

 

Y poco a poco, tomando ya conciencia

Permítanme, esta vez, esta licencia:

No hay nada casual de la cadencia

en este carrusel de la existencia

 

 

Vayamos, pues, en giro introspectivo

Hay que girar, sin detener rebote

a 180 grados en pivote

y si al final, no hay nada que derrote

este carrusel, ni viento que le sople

en todo caso, nos será divertido

diremos que hemos sido entretenidos

ya sea para bien o a quien le importe